Ciclos de colonización en Abiayala
Héctor Nahuelpan, mapuche
Muchas gracias por la invitación. Valoro este tremendo esfuerzo y despliegue para realizar este importante congreso.
Mi exposición se titula «Ciclos de colonización en Abiayala». Básicamente, pretendo situar el eje de la mesa y del congreso, el genocidio y el racismo, en un marco global y comparado de la historia de la colonización en Abiayala. Entonces, quisiera partir sosteniendo tres ideas transversales.
La primera: El estudio de los testimonios indígenas (y fuentes coloniales). La lectura de diversas investigaciones históricas, antropológicas o etnohistóricas, evidencia que, a través de la historia de la colonización, distintas generaciones han construido una conciencia de habitar un tiempo donde su supervivencia colectiva está amenazada por prácticas de aniquilamiento. Estas prácticas de aniquilamiento se han expresado, como masacres, secuestros, robos, desmembramientos familiares y comunitarios, explotación de la tierra y del trabajo, socavamiento de las formas de autodeterminación, el exterminio colectivo para expropiar, usufructuar y suplantar. Todo esto es parte de la memoria de los pueblos indígenas.
La segunda: El genocidio como práctica y estrategia de aniquilamiento de colectivos humanos, destrucción y reorganización de relaciones sociales. Esta segunda idea está estrechamente relacionada con la primera. El genocidio existía con anterioridad a que Raphael Lemkin creara el término (1944) y la ONU lo consagrara jurídicamente (1948). En otras palabras, en la historia de los pueblos indígenas, el genocidio no es una excepción restringida a un «momento» que podamos fechar, sino un acto continuo cuya genealogía puede rastrearse en los distintos ciclos de colonización de Abiayala.
La tercera: Los ciclos de colonización corresponden a una propuesta analítica que surge de la necesidad de superar los reduccionismos y cercamientos que los colonialismos metropolitanos (español, portugués, británico, francés) y republicanos, han impuesto a la reconstrucción de la historia de los pueblos indígenas, obstaculizando los diálogos sobre experiencias colectivas y compartidas como, por ejemplo, el genocidio.
Entonces, a partir de lo anterior, mi propuesta es rastrear el genocidio o historiar el genocidio a través de una lectura más amplia, global y comparada, donde, según los contextos, evidentemente, pueden existir matices. Cuando se realiza un análisis global o comparado se logra cierta riqueza analítica, pero a veces se pierde en especificidad. Aun así, es necesario hacer estos esfuerzos, pues más allá de pensarnos dentro de las fronteras estatales o dentro de las propias fronteras que construimos como pueblos, es necesario un análisis global de la historia de la colonización y, por ende, del genocidio, el racismo y de una serie de otras problemáticas que persisten y se profundizan hasta la actualidad. Desde esa perspectiva, la propuesta que comparto, para esta mesa en particular y para el congreso en general, es leer la historia de la colonización y del genocidio indígena en Abiayala, que no solamente incluye lo que se conoce como América Latina, sino también incorpora la realidad indígena en Canadá y Estados Unidos.
En concreto, identifico y propongo cuatro siglos de colonización en Abiayala, donde obviamente existen matices en años, décadas, pues no son periodos tajantes. Se trata de una propuesta teórica y política para pensar más allá de ciertos cercamientos dentro de los cuales a veces debatimos o nos limitamos.

Sostengo que hay un primer ciclo que se inicia simbólicamente en el año 1492 y se extiende hasta finales del siglo XVIII o principios del siglo XIX. Este ciclo está marcado, entre otros procesos, por la invención y la producción del indio o de lo indio, donde se comienzan a sentar las bases coloniales del despojo sistemático y multidimensional o múltiple, como a veces se tematiza. Un ciclo que está marcado por la conquista y la colonización de sujetos, particularmente a través de dos formas fundamentales que tienen que ver con la cuestión del trabajo, el trabajo compulsivo expresado a través de la esclavitud, la servidumbre, el tributo, la encomienda, los repartimientos, etcétera y; por otra parte, a través de la denominada guerra justa, la colonización de las almas, la colonización religiosa y estas formas asociadas de violencia. En este periodo, en el continente se montan las bases históricas del despojo, del extractivismo minero y se gestan las bases de las economías de plantación en diversos contextos. También, en este ciclo se va generando una articulación y una subsunción económica de las comunidades de los pueblos indígenas, dentro de estas estructuras coloniales y mercantiles. Es una época donde se gestan las bases del genocidio colonial que persiste hasta nuestros días. Este genocidio, que operó y opera de múltiples formas, es la causa estructural de la catástrofe demográfica indígena y que conduce, precisamente, a lo que se conoce como el fenómeno de la trata de esclavos, el secuestro y la trata transatlántica de esclavos de población traída de África. Asimismo, es en este ciclo donde también se comienzan a establecer las instituciones coloniales a través de un modelo específico de gobernanza colonial, el colonialismo directo, donde muchas de estas instituciones se proyectan durante la creación de las repúblicas criollas en el siglo XIX.
Un segundo ciclo que identifico, es lo que podría llamarse como el «largo siglo XIX». Dependiendo del contexto, comenzaría a fines del siglo XVIII o inicios del siglo XIX y se proyectaría hasta un poco avanzado el siglo XX (primeras tres décadas). Este ciclo está marcado en un primer momento y en algunos contextos, por la patrimonialización de lo indígena por parte de los movimientos independentistas criollos. Pero, en un segundo momento, se dieron procesos de conquista de territorios para la consolidación de las fronteras esta- tales o republicanas, donde la doctrina de la tierra vacía, de la tierra «nullius», juega un rol muy importante. Esto se produjo en el marco de lo que se denomina como la «era del capital» y la «era del imperio». Las expansiones imperiales y estatales se realizan vinculadas a la formación de los Estados. Así, las dinámicas específicas de colonialismo, pueden ser tematizadas como de asentamiento de colonos, donde lo fundamental es la tierra y la mano de obra indígena, para efectos de la construcción de la soberanía estatal, la expansión del capitalismo y la conformación de mercados nacionales articulados a los mercados internacionales, principalmente del Atlántico Norte.
En este ciclo se montan nuevas alianzas estatales y eclesiásticas o misionales. Además, un aspecto muy importante tiene que ver con la circulación transnacional de la idea de raza, una ideología de lucha de la civilización contra la barbarie, basada, inspirada, justificada y legitimada en el positivismo, el liberalismo y el racismo científico. Estas ideologías fueron la fuente de legitimación de un nuevo ciclo de genocidio, vinculado fundamentalmente a las políticas de blanqueamiento promovidas con la llegada de inmigrantes europeos, como pueden ser alemanes, suizos, italianos, etcétera, y que dan origen a las actuales sociedades y estados suplantadores que se fundan sobre la base de la eliminación de los pueblos indígenas en este continente. El impacto de este ciclo en la historia de los pueblos indígenas, solo es comparable al que produjo la primera oleada de conquista y colonización europea en el ciclo que he descrito anterior- mente. Es un periodo clave para la historia de los pueblos indígenas y que marca y marcará su desarrollo histórico.
Un tercer ciclo, desde mi punto de vista, corresponde al que transcurre durante gran parte del siglo XX y se extiende aproximadamente, según los contextos, hasta fines de las décadas de 1970, 1980 o 1990 en algunos casos. Este ciclo se caracteriza por procesos que buscan la ciudadanización de la población indígena y su desindianizacion. No es que previamente no se buscara hacerlo, sino más bien, en este ciclo el reto que se planteaban las élites y los gobiernos era qué hacer con la población indígena sobreviviente del genocidio asociado a la construcción de los Estados y sus fronteras internas. Como parte de esta ciudadanización y desindianización, se implementaron las políticas indigenistas y de asimilación. Con esto último se pretendía su incorporación y modernización asociada a la construcción de una identidad nacional y un prototipo de ciudadano. Además, este ciclo está marcado, desde mi punto de vista, por lo que en otros contextos se conoce como las generaciones robadas. Niños y niñas indígenas secuestrados, que pasan a vivir en internados, sujetos a procesos de escolarización y de misiones religiosas, dinámicas que en otros contextos han sido denominadas también como genocidio, suavizadas como genocidio cultural. Digo suavizadas, porque el genocidio no solo implica la matanza o muerte física, sino también la muerte cultural, el aniquilamiento como sujetos políticos, territoriales colectivos y de pérdida de su sentido de totalidad.
En este mismo ciclo es donde se produce la participación indígena en movimientos campesinos, en algunos casos en reformas agrarias, como una forma de resolver las demandas y problemas históricos alrededor de la tierra. Igual- mente se comienzan a desplegar movilizaciones, ancladas fundamentalmente en el eje de la clase social. Se produce también la participación o el protagonismo indígena, con diversas variantes, dentro de los conflictos armados internos, y viven como pueblos indígenas, las políticas de las dictaduras cívico militares. Este es un ciclo marcado por los genocidios perpetrados por los ejércitos y por población civil, en alianza con el imperialismo estadounidense.
Por último, planteo rastrear la noción de genocidio a través de un cuarto ciclo que está marcado, fundamentalmente, por los procesos de implementación y reproducción del capitalismo neoliberal en Abiayala. En algunos casos, como el chileno, inicia en la década de 1970 con la dictadura cívico militar, pero en otros contextos, comienza desde las décadas de 1980 o 1990, cuando se comienza a gestar el denominado «consenso de los “commodities”». Esta dinámica coincide también con los procesos de movilización o de resurgencia indígena a escala continental, que ha sido tematizado como gran revuelta indígena, retorno del indio, emergencia indígena, cuestión étnica, etcétera. Algunos estudiosos han acuñado otras denominaciones, donde la demanda por autonomía, autodeterminación o autodeterminación a través de la autonomía, pasa a hacerse mucho más visible. También este ciclo, está marcado por las guerras de baja intensidad, de procesos de militarización, de paramilitarismo y de criminalización racializada, por la profundización de un patrón primario exportador basado en el extractivismo o, bien, en el neoextractivismo. Esto último se da cuando este patrón es sostenido por los gobiernos o por los Estados, fundamentalmente, como, por ejemplo, con esa oleada de gobiernos progresistas.
En este ciclo histórico, también, es donde comienzan a desplegarse o a madurar, tal vez, distintas formas de reconocimiento colonial que al mismo tiempo muestran sus límites. Ya sea que estas formas de reconocimiento colonial se expresen a través de políticas multiculturales, lo que se ha dado en llamar multiculturalismo neoliberal o, en versiones mucho más fuertes, por así decirlo, pero que no dejan de ser formas de reconocimiento colonial, como lo es el Estado Plurinacional. Este último, comienza a mostrar sus límites, principal- mente, con la reproducción de los mismos patrones primarios exportadores, pero que en este caso son controlados por el Estado. Este momento histórico también está marcado por nuevas formas de acaparamiento de tierras, que es una de las grandes tendencias y problemas que se viven a nivel global. La profundización de formas de acaparamiento de tierras, no necesariamente se da en términos de la propiedad, sino de ciertas actividades como el monocultivo de distintas especies que también pasa a ser parte de regímenes de propiedad indígena, pequeños o medianos propietarios.
En este mismo contexto, también se agudizan los desplazamientos forzados. No es que el desplazamiento forzado sea un fenómeno reciente para los pueblos indígenas, es un problema histórico, pero durante las últimas décadas estas tendencias se han acelerado y se expresan en las migraciones transnacionales. Nosotros, junto con algunos compañeros y colegas hemos denominado a los tiempos que corren actualmente, como uno de reacomodo del colonialismo y del capitalismo, donde estarían en pugna estos modelos de reconocimiento colonial expresados en el multiculturalismo o en estas formas de Estados pluri- nacionales. Hay tendencias que se están reorganizando hoy en el continente, en especial los vinculados a gobiernos autoritarios, de ultraderecha y fascistas, que promueven una regresión o retroceso de estos reconocimientos coloniales.
En estos ciclos, que propongo para analizar la historia de la colonización y del genocidio en el continente, la violencia, el racismo, el robo, el despojo, la explotación, la acumulación, la tutela, son denominadores comunes, que se pueden expresar con diferente intensidad en distintos contextos. Pero, a su vez, en los cuatro ciclos, la acción y la conciencia histórica indígena han tenido un amplio repertorio, que desde mi punto de vista, son los que permiten explicar su sobrevivencia o supervivencia. Estos repertorios van desde las alianzas, la colaboración, la adopción y la adaptación, la resiliencia individual y colectiva, el pacto, la negociación, la resistencia sea que se exprese en términos cotidianos colectivos, el rechazo, el escalamiento de jerarquías, la mediación, la petición y la demanda, hasta la acción colectiva mucho más visible, la insurgencia y la rebelión.
Quisiera cerrar con dos conclusiones. La primera: aunque el colonialismo no puede reducirse a un síntoma del capitalismo, los ciclos de colonización en Abiayala se entroncan con la historia del capitalismo y ambos han sido y son fuerzas que buscan el aniquilamiento colectivo de los pueblos indígenas y también de aquellas vidas no humanas con las cuales se relacionan o nos relacionamos.
La segunda conclusión: desde mi punto de vista, el debate sobre el genocidio indígena, no puede aislarse de la historia de la colonización y del capitalismo en Abiayala, lo que implica asumir una perspectiva relacional que también consideré, no solamente la masacre, el desmembramiento, las formas de aniquilamiento sobre los cuerpos indígenas como parte del genocidio, sino también el robo, el despojo, la explotación y acumulación de la tierra, en cuanto soporte material y espiritual de los pueblos. Dicho lo anterior, agrego un último plantea- miento: el reconocimiento estatal del genocidio jamás lo reparará. El genocidio no es reparable, porque las formas del reconocimiento colonial nunca van a ser una fuente de liberación para nuestros pueblos.
Nota: este artículo fue publicado en el libro «Pueblos Originarios frente al racismo. 500 años de lucha anticolonial en defensa de nuestros territorios» (2024), corresponde a la memoria del «II Congreso Internacional: Pueblos Originarios frente al racismo. 500 años de lucha anticolonial en defensa de nuestros territorios», realizado en Iximulew en Wuqub’ Tz’i – Wajxaqib’ b’atz’ (Guatemala, 16 y 17 de agosto de 2023).