Educación superior y transformación social en Guatemala

Educación superior y transformación social en Guatemala
Por Edgar Esquit

La única universidad pública de Guatemala, la Universidad de San Carlos, fue cerrada hace una semana, el grupo de estudiantes que tiene tomada las instalaciones ha presentado por lo menos 18 demandas, ante las autoridades de dicho centro educativo. La idea general que circula en el ambiente es que poco a poco, la Universidad está cayendo bajo el control de las élites empresariales del país. La idea general que se vincula a esta última, por otro lado, es que la universidad estatal ha estado y debe estar al servicio del pueblo. La noción de pueblo que se maneja en ese discurso, es algo imprecisa pero, de esa manera, se alude a la idea de nación guatemalteca. El concepto de pueblo que se maneja surgió de la Revolución de 1944 así, se cree que éste lo conforman los sectores populares, los campesinos, los obreros, la clase media e incluso los indígenas.

La Universidad fue fortalecida durante la Revolución pues, fue en ese momento cuando adquirió su autonomía. Los intelectuales que llevaron adelante este proceso, fueron hombres y mujeres que pensaron a dicha Universidad como una institución fundamental, que podría darle poder a la nación y al Estado que se transformaba en ese momento. El nacionalismo revolucionario defendía la modernización de Guatemala, los derechos ciudadanos y estaba en contra del intervencionismo estadounidense. La Universidad debía apoyar este proceso pues, según dichos intelectuales, la ciencia era un elemento fundamental para la transformación. De esta manera, universidad, cambio social y las ideas nacionalistas tenían un vínculo estrecho, según el ideal conformado hace más de 60 años.

Las élites empresariales guatemaltecas actuales, de muchas maneras herederas de la contrarrevolución de 1954, siempre vieron con recelo a la universidad estatal. En un primer momento la entendieron como una entidad politizada y después, a partir de las ideas neoliberales, como un espacio obsoleto y donde el dinero del Estado era desperdiciado. En este sentido, surgió la idea de que la Universidad debería responder a los nuevos desafíos de la nación es decir, en su proceso de vinculación a la globalización económica y al desarrollo tecnológico para la producción capitalista. Junto a este pensamiento se creó el discurso sobre que esta transformación beneficiaría a la población pues, el crecimiento del capital o de las empresas privadas, automáticamente crearía mejores condiciones de vida de la población total o por lo menos del asalariado.

Lo que es interesante también, es que las universidades siempre han sido espacios elitistas. En Guatemala, la educación superior perpetuamente, ha sido un privilegio para pocas personas, principalmente para las élites criollas y para la clase media ladina urbana. En este sentido, cuando se habla de que la Universidad debe responder a los intereses del pueblo siempre se piensa en que los miembros de dicho centro educativo, deben llevar el conocimiento, el saber hacia los otros. En términos generales el pueblo no entra a la Universidad, el pueblo es objeto de la Universidad. De esta manera, las élites universitarias siempre se han arrogado el liderazgo moral, se atribuyen el derecho de dirigir las vidas de los otros, estableciendo las rutas de lo que es bueno y malo para el resto de la población. En estos momentos de la historia mundial y nacional, cuando el neoliberalismo ha tomado fuerza y hegemoniza, las élites universitarias imponen la idea de que la nación guatemalteca tendrá un lugar en el mundo y la gente gozará del desarrollo, solamente a través del mercado, el fortalecimiento de las empresas privadas y el progreso tecnológico.

Frente a todo esto, qué pasa con la vida y el conocimiento que se genera en las diversas comunidades locales, en Guatemala (o en cualquier parte del mundo). Ese conocimiento generalmente es colocado en un lugar secundario o borrado por el conocimiento científico, vinculado siempre a la reproducción del capital. La Universidad, conforme a esta lógica, no es una entidad que está fuera de las relaciones de poder porque, finalmente, impone sus criterios sobre el bueno y el mal conocimiento. En este caso, el discurso sobre una universidad que responde a los intereses del pueblo ha quedado bastante limitado, tanto en el nivel de la reproducción del conocimiento, el acceso de los jóvenes a la universidad, como también en la definición de los derechos del ciudadano.

El discursos sobre una universidad conformada como una entidad al servicio del pueblo, es más un eufemismo que una realidad. La universidad casi siempre ha estado al servicio de las élites económicas y políticas que, al mismo tiempo, la moldean en cada época para adecuarla a sus intereses económicos, culturales, de gobierno y a sus ideas de nación. De esta manera, las élites ladinas y de clase media que dirigen la universidad estatal en la actualidad, están tratando de conformar una universidad, no solamente que se adecue al capital, porque eso ya es obvio, sino lo que buscan es adecuarse a las nuevas maneras de reproducir el capital. En este proceso las ideas sobre democracia, multiculturalismo, interculturalismo, derechos humanos, derechos de las mujeres, como discursos desde el poder (también reproducidos desde la universidad), son solamente comodines, cuñas, para ajustar, sin muchos tropiezos, los intereses de las élites económicas.

El movimiento estudiantil que está dirigiendo la protesta en este momento, es un bastión importante en las luchas de los sectores populares, un aliado de las comunidades indígenas, de los mayas, las mujeres y otros grupos que se enfrentan en las múltiples arenas al proyecto hegemónico neoliberal. El ímpetu de los estudiantes se puede percibir con facilidad, en estos días tan críticos para la universidad estatal. El deseo o la esperanza en todo momento es que este tipo de movimientos lograsen la fuerza y la certeza necesaria para trascender las demandas inmediatas, pues lo importante es llegar también al fondo del problema de la educación superior. Las dificultades que enfrenta la Universidad no son solamente de cobertura, calidad, acceso, pertinencia o equidad, su principal problema es que hasta la actualidad, responde solamente a los intereses de un sector de la sociedad y de esta manera, lo único que hace es reproducir el sistema de dominación. El deseo no es que la universidad sirva solamente para moldear a sus grandes intelectuales, sus grandes filósofos o científicos y que por otro lado la nación esté orgullosa de ellos. La esperanza es que la universidad se accione, exista, no solamente para la reproducción del capital sino también y principalmente para la reproducción de la vida.

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2 thoughts on “Educación superior y transformación social en Guatemala”

  1. Me encantaría muchísimo, Doctor, que escriba sobre dónde se perdió esa idea de “universidad del pueblo”, cómo le hicieron los grupos poderosos para llegar al punto de la corrupción en la rectoría y en los decanos, como el actual, que claramente busca una universidad al servicio de los grupos poderosos. Se dejaron vencer, los vencieron, se vendieron, ¿qué pasó?

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  2. Aunque no se niega que hay aun algunos baluartes de pensamiento critico en cada unidad academica. Que son pocos eso es otra cosa.

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