Ejército colonial genocida

Dra. Aura Cumes

Ejercito Colonial Genocida (PDF)
Convertir “al indio” en un buen soldado:

El ejército colonial en la vida de los “indios”, campesinos, indígenas y mayas

Por Aura Cumes

El surgimiento de los “ladinos” desde el siglo XVI, fue crucial para las milicias coloniales; una de sus funciones fue controlar la rebelión de los Pueblos de Indios, exprimidos por el pago de tributos en especie, en dinero y en servicios personales. Los criollos y peninsulares evitaban involucrar “indios” en las milicias, porque temían que éstos pudieran usar las armas para rebelarse contra ellos. Las guerras pos “independencia” entre liberales y conservadores involucraron a gran cantidad de hombres ladinos, campesinos e indígenas, muchas veces en batallones improvisados. Es con la “Reforma Liberal” a finales del siglo XIX, cuando se intenta crear un ejército profesional, apto para defender los intereses de la dictadura liberal. El “indio” no era el sujeto ideal para tal ejército. Los liberales estaban convencidos de que éste era “inferior”, “torpe” y no digno de confianza; ansiaban un ejército “ladino” y “profesional”. Sin embargo, los privilegios que la Reforma Liberal trajo a la población ladina, provocó que éstos evadieran el servicio militar; quienes quedaban disponibles eran los ladinos pobres y los indígenas, siendo los últimos mayoritarios y objeto de trabajo forzado. La fracasada estrategia de crear un ejército “ladino”, conllevó a pensar en cómo convertir “al indio” en un “buen soldado”.

….. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, surgió un debate alrededor de la “naturaleza del indio” como potencial soldado. Como mozo, como cargador, se dice, el “indio” ya presta buen servicio. Un individuo llamado Guillermo Kuhsiek A. escribió en 1915 en la Revista Militar[1] “Acostumbrado como mozo al pesado trabajo de la tierra, como zapador[2] es de gran utilidad por su resistencia, aunque su espíritu pasivo no hace de él más que una máquina de trabajo que necesita ser guiada, hasta en los menores detalles para la ejecución de una obra”[3]. “El indio guatemalteco, descendiente de los aguerridos quichés y cakchikeles, cuyo fiero valor se estrelló contra las corazas y cañones del invasor español, es hoy un paciente y humilde labriego. Murió el espíritu altivo del indómito Tecún Umán… La gran masa de los indios sigue siendo el trabajador paciente y sumiso. No ha resucitado en él el espíritu de sus arrogantes antepasados.”[4] El mismo Kuhsiek propone que el ejército puede aprovechar al “indio” en dos formas: primero como un soldado, integrante del ejército; y segundo, como un componente auxiliar, como un zapador o como un cargador.

….. “…éste llega a ser un buen soldado si se le instruye con la intensidad necesaria, pues aunque el ladino le supera mucho en inteligencia, el indio posee algunas cualidades militares en grado más alto que él. Podemos decir que el ladino es superior en las cualidades activas, por decir así, como iniciativa, facilidad de comprender y criterio, pero inferior en las cualidades pasivas como subordinación, fidelidad y respeto. El indio se ha acostumbrado a obedecer y reconocer la superioridad del ladino, ya trae innato el sentimiento de la subordinación y obediencia… El indio obedece ciegamente a su Jefe, entra a la lucha, pelea y muere sin preguntar el motivo o el objeto de la campaña… El indio no conoce el patriotismo en la extensión como el ladino lo entiende;  él pelea por su Jefe y no por su Patria. La materialidad de la vida del indio, la falta de actividad intelectual en ellos y el pequeño radio de acción dentro del que se mueve, hace de él un localista, pero no un patriota. Es la obediencia la que empuja al soldado indio a enfrentar la muerte, no el entusiasmo nacido de la convicción y del patriotismo. Pero no por eso carece de valor…[5]

….. Los que se arrogaron la autoridad de hablar sobre “el indio”, se fueron convenciendo de que más que la escuela, el ejército era el mejor lugar para “civilizarlo” y hacerlo útil a la patria. Si él aprendía a disfrutar del aseo diario, de comer en una mesa, de dormir en una cama, nunca más volvería a buscar lo contrario, pensaban. Si aprendía a leer y escribir y comprendía los “nobles” ideales del progreso, él sería un buen multiplicador de la “civilización”. En una cartilla para el adoctrinamiento de los soldados en 1959, se encuentra que la preocupación central del ejército radica en “civilizar” los campesinos. Aquí no se usa ya la expresión “indio”, sino campesino como sinónimo. En una de sus páginas dice: “Higiene”, se ilustra con el dibujo de un hombre campesino y debajo se lee “Este campesino cultural y físicamente atrasado recibe en el ejército la preparación necesaria para ser un ciudadano útil”. Luego este campesino aparece con la indumentaria ladina: camisa, pantalón, zapatos, corbata, el pelo bien recortado, y dice “He aquí un campesino hecho un soldado, limpio y físicamente sano”.[6]   

….. En las décadas de 1970 y principios de 1980, había un cambio total en la estrategia del ejército. “Los indios”, serían reclutados contra su voluntad para convertirse en soldados de los más bajos rangos. Camiones del ejército llegaban a los pueblos a raptar a los jóvenes indígenas (los ladinos y los estudiantes, generalmente eran perdonados). De esta manera, gran cantidad de hombres indígenas fueron involucrados forzadamente en una de las facetas más tenebrosas del ejército de Guatemala. También se buscó controlar a todas las familias indígenas creando las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) en donde todos los hombres entre 18 y 60 años tenían la obligación de conformarlas. Los soldados ladinos, generalmente ocupaban puestos de decisión y eran los encargados del entrenamiento mental y físico. No es éste el espacio para hablar del entrenamiento de los soldados, pero éste fue dirigido a forjar una mentalidad de odio, de desprecio y de crueldad, no solo contra la guerrilla, sino contra sí mismos, en tanto “indios”. Esto no siempre se logró, de allí que hubo víctimas del genocidio que eran jóvenes que habían prestado servicio militar y de muchas maneras se rebelaron contra el mismo ejército.  

….. Para cometer genocidio, el ejército, no sólo quiso involucrar de manera sucia a la misma población Maya, sino usurpó de forma aberrante y condenable su simbología sagrada, para usarla en su contra. Los destacamentos militares y los comandos eran bautizados con nombres mayas. Mientras el nacionalismo guatemalteco –tanto de derecha como de izquierda, con sus diferencias– durante siglos intentó construir un país orientado a la ladinización, como mecanismo de “civilización” de “los indios”, el ejército, profanó la simbología Maya, para construir la institucionalidad castrense anticomunista. Nombres de personajes mayas como Kaibil Balam se usó para nombrar a una fuerza acusada de graves atrocidades. Asimismo, el ejército degradó al máximo el profundo significado de Tzuultaq’a’ símbolo de la espiritualidad Qeqchi’, al bautizar una base militar como: “el Hogar del soldado Tzuultaq’a’, y también al asemejársele, como lo dijo el coronel Homer García, “Nos comparamos a los espíritus de la montaña porque al igual que ellos, dominamos la tierra”.[7] Fue una estrategia extremadamente cruel utilizar a Tzuultaq’a’, guardián y protector de los Q’eqchi’ que huían a la montaña para salvar sus vidas, y convertirlo en su verdugo, al encarnarlo en los soldados que perpetraron las masacres.

….. El ejército colonial ha sido una maquinaria de destrucción permanente de la vida de los “indios”, “campesinos”, “indígenas” y “mayas”. Lejos de celebrar “el día del ejército”, los Pueblos Indígenas y Mayas debemos sentarlo en el banquillo de la historia, pedirle cuentas y desecharlo para siempre de nuestra vida. Sin embargo, las viejas cúpulas del ejército se resisten a desaparecer, siguen teniendo un gran poder, no solo a través del gobierno actual, sino mediante otros mecanismos. Los veteranos del ejército siguen llegando a distintos pueblos indígenas a conformar asociaciones cuyo objetivo se encamina a degradar la lucha por la historia y la memoria de quienes murieron durante el genocidio de la década de 1980. Por desgracia existen quienes, doblegan su dignidad para defenderlos, no les importa que “los indios fueron, después de todo, un objeto del ejército y no el sujeto”.[8] La historia ha demostrado que el ejército guatemalteco es absolutamente capaz para atentar contra la vida de los Pueblos Indígenas, al extremo de provocar su exterminio.

….. El día 20 y 21 de junio, asistimos a la inhumación de cerca de doscientas osamentas encontradas en lo que fue el destacamento militar de San Juan Comalapa, Chimaltenango. Los espíritus de quienes fueron asesinados de las formas más atroces jamás imaginadas, parecieran decir: nos mataron, pero nunca les servimos, nunca los aceptamos como nuestros, nunca los aceptamos en nuestras vidas, nunca doblegaron nuestra voluntad, nunca doblegaron nuestra dignidad. Es la dignidad de nuestros muertos lo que nos obliga a no olvidar y a exigir que los responsables de tanta destrucción no sean alimentados por la impunidad.

Guatemala, 2 de julio del 2018

Foto de portada: Carla Molina


[1] Una publicación regular del Ejército de Guatemala en la primera parte del siglo XX, ver Adams, 1995.
[2] Soldados encargados de los trabajos operativos, tales como abrir caminos, construir puentes etc. En el contexto guatemalteco se usa como sinónimo de “cargador”, es decir, como mozo o sirviente en el ejército.
[3] Adams, Richard, 1995, Etnicidad en el Ejercito de la Guatemala Liberal (1870-1915), FLACSO, Guatemala.
[4] Ibíd., p. 22.
[5] Kuhsiek, en Adams, pp. 23-24.
[6] Relaciones Públicas de El Ejército de Guatemala, Ministerio de la Defensa, 1959.
[7] Nelson, Diana M. 2006, Man Ch’itil. Un dedo en la llaga. Cuerpos Políticos y Políticas del Cuerpo en Guatemala del Quinto Centenario. p. 171.
[8] Kuhsiek, en Adams, pp. 23-24.

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La miseria humana

Dra. Aura Cumes

La miseria humana: 

“Odiarás a tu prójimo como a ti mismo”

Por Aura Cumes

Hemos caído en la más honda miseria humana, como herencia de las caducas élites económicas, militares y políticas que nos han gobernado, que tienen en sus manos el gobierno, la política, las universidades, los medios de comunicación, la iglesia católica y ahora las iglesias evangélicas. 


¿Cómo es que los seres humanos podemos llegar a ser tan miserables, ruines y crueles? Por eso concuerdo con quien dijo irónicamente que los monos son demasiado buenos como para que los humanos podamos descender de ellos. Ah, pero parece que estoy escuchando vociferar a una multitud ofendida diciendo que ellos no descienden del horrible mono sino que están hechos a imagen y semejanza de Dios. ¡Vaya presunción! Y hablo ahora de religión porque una gran parte de guatemaltecos, empezando por el “presidente”, viven invocando a su dios aún en sus actos más ruines. La semana pasada una vez más, muchos de estos guatemaltecos abnegados cristianos (católicos, evangélicos, etc.) volvieron a sacar sus demonios en las redes sociales, periódicos y universidades, pisoteando la dignidad y la memoria de las víctimas del Conflicto Armado Interno, en ocasión de la sentencia por el caso Molina Theiseen. No es precisamente amor al prójimo, lo que sale de estos individuos que llenan las iglesias los domingos y que además dicen que hacen patria; todo lo contrario, es más que evidente que sus corazones están atrapados en el más profundo odio mientras sus cerebros están idiotizados; solo saben maquinar crueldad y miseria. Ellos revelan las conductas que les llevaron a cometer las atrocidades que ahora defienden con gran impunidad.

….. Si Guatemala, uno de los países más religiosos del mundo, es a la vez, uno de los más violentos ¿para qué está sirviendo la religión? Está claro que, en las iglesias, salvo excepciones, no enseñan a pensar, aunque debieran, por qué se asesinó a tanta gente civil durante el Conflicto Armado Interno, por qué se cometieron desapariciones y masacres especialmente contra comunidades indígenas; pero se supone que enseñan principios de “amor”, “paz”, “compasión” y “misericordia”, elementos básicos que pueden llevar a sorprendernos, a indignarnos y a llevar el dolor de los semejantes, cosa que no veo común entre las y los guatemaltecos. Lejos de ello, lo más común es observar una arrogancia “moral” para oponerse, sin pensar, a cosas como el aborto legal, mientras escupen sobre las víctimas niñas, niños, ancianas, ancianos, mujeres y hombres, asesinados con saña. La religión entonces, con excepciones, no parece estar cumpliendo el principio básico de hacer el bien al prójimo, sino está siendo útil para justificar el mal, para albergar la hipocresía humana, y últimamente se ha convertido en el refugio de los que huyen de las atrocidades que cometieron durante el Conflicto Armado Interno.

….. Me pregunto también que hacen las iglesias con el problema del racismo, base del genocidio en este país. ¿Estará ausente su discusión igual que en las universidades, en las escuelas, en los medios de comunicación? Es que la profundidad de esta miseria humana de la que hablo, tiene que ver con el racismo. En comentarios al condenable asesinato de la joven Maya-Mam, Claudia Patricia Gómez Gonzáles, por parte de la patrulla fronteriza, se leen comentarios como este:

….. “No era para matarla…pero seamos realistas muchos indios aquí en guate son huevones, borrachos y no quieren trabajar y luego piensan que en estados unidos los va a querer y no más llegando van a tener la gran vida, que luchen aquí que no sean huevones y que no quieran todo regalado”

….. La anterior nota, es firmada por María Isabel García Pedroza, una muchacha de piel oscura y en su fotografía la acompaña otra mujer de piel más oscura todavía, que si se hubiera tratado de ella, de igual manera el guardia fronterizo la hubiera asesinado; no, pero aquí ella es ladina, se ve al espejo y se observa blanca o quien sabe si gringa; desde su pobrísimo imaginario, es “muuuuy diferente” y superior a los “indios”, no solo física sino moralmente, por eso se atreve a despreciarnos y “aconsejarnos”. Es lo que Fanon llaman “pieles negras en máscaras blancas”. Tristemente esa muchacha García Pedroza es la viva imagen de la miseria humana y de lo ruin personificado; es incapaz de pensar en lo que dice, pero sí tiene poder para destruir la grandeza humana de quien desprecia, porque con sus palabras ha matado otra vez a la joven migrante que buscaba una mejor vida para ella y su familia. Cuando la leí recordé los motivos de muchos “ladinos” para avalar la muerte de “los indios” durante el llamado “Conflicto Armado Interno”.

….. Las y los guatemaltecos no podemos decir que vivimos en “sociedad” porque no nos defendemos en forma común, al contrario, algunos han matado a sus propios semejantes y se han comido sus vidas. Por eso, el mandamiento al revés les queda bien “odiarás a tu prójimo como a ti mismo”, porque no solo odian a sus semejantes, sino que se odian a sí mismos, como lo hace la muchacha racista. Cuando muchos guatemaltecos piden sangre, violencia, muerte, crean las condiciones para que la violencia misma les alcance, aunque estén rodeados de guardaespaldas.

….. Hemos caído en la más honda miseria humana, como herencia de las caducas élites económicas, militares y políticas que nos han gobernado, que tienen en sus manos el gobierno, la política, las universidades, los medios de comunicación, la iglesia católica y ahora las iglesias evangélicas. Ellos han inventado un dios y nos han metido miedo y culpa para no rebelarnos ante él. El dios del “presidente” Morales, el dios del genocida Ríos Montt que nunca descansara en paz, el dios de todos los asesinos durante el Conflicto Armado Interno y el dios de los patronos de estos como el tal Álvaro Arzú, es el mismo que trajeron los invasores en 1524, en nombre del cual inventaron los más crueles métodos de violencia contra los Pueblos Indígenas, que se replicaron durante el Conflicto Armado Interno y siguen aplicándose hasta la actualidad.

….. En lo que a mí respecta no quiero un dios ni dioses que avalen a genocidas, corruptos ni asesinos, no quiero a dioses que estén en contra de la vida. Son tan certeras las palabras de quien dijo: “creer en un dios cruel, hace crueles a los seres humanos”.

Foto de portada: Carla Molina

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Genocidio y Memoria

Élites anticomunistas: un retrato de la crueldad

Por Aura Cumes

Lo que se obtiene con violencia, se defiende con violencia dijo M. Gandhi. Esta frase queda como anillo al dedo a las élites que, una vez más, han obstruido el camino de la justicia, invocando al comunismo y al anticomunismo. Para estas élites parece que el mundo no camina. Su actitud cínica de justificar violaciones, mutilaciones, horrendos asesinatos, exterminio de comunidades mayas y rurales, como una heroica manera de acabar con el comunismo y defender la patria, solo agrega más sentido a su extraordinaria brutalidad. Así exhiben que se nutren del autoritarismo, del anticomunismo y del racismo, lo que les impide construir una verdadera nación e imposibilita que otras y otros la construyan. Cual amos medievales siguen fincando su poder en “el derecho” de matar para arrancar obediencia. Es así como se han relacionado con el pueblo maya, xinca, garífuna y con las poblaciones ladinas empobrecidas y rurales.

….. Esta tenebrosa élite ha demostrado por sí misma que no es apta para gobernar, pues constituye un verdadero atentado contra la vida. Así ha minado la existencia del grandioso pueblo maya y eliminado la valiosa vida de tantas revolucionarias y revolucionarios. Sabemos que estas élites son un peligro para la vida y sin embargo gobiernan, extremo que solo lo permite la forma perversa que ha tomado la política en Guatemala. Son además consentidos por quienes se han dejado seducir y han metabolizado sus premisas como única forma de “vivir en sociedad”. En países donde no conocemos más que dictaduras es fácil conceder a los tiranos, el derecho a gobernarnos.

….. Lejos de gobernar, estas élites deberían ser enjuiciadas por la descomposición social que han provocado en Guatemala. El ejército fabricó individuos autómatas penetrando profundamente en sus psiquis, dirigió con terror la polarización de la sociedad, sembró el miedo y el silencio. Como instrumento efectivo fomentó una virilidad asesina en los hombres instruidos como kaibiles, en los reclutados forzosamente como soldados y en los convertidos en patrulleros. Su fin fue crear seres impávidos, duros y sanguinarios que al torturar reprimieran cualquier signo de compasión y que al matar imitaran a las fieras y a las aves de rapiña. Hay hombres cuyas vidas no quedaron atrapadas en este macabro aprendizaje, pero los hábitos de muchos otros, han sido marcados por esta experiencia, cuyo costo lo sufren ahora tantas mujeres violentadas, niñas y niños agredidos.

….. Uniendo guerra fría y colonialismo interno, anticomunismo y racismo, el ejército aplicó sistemáticamente procedimientos de diferenciación y separación entre “indios buenos” e “indios malos”, estos últimos entendidos como subversivos, comunistas e insurgentes, aniquilados a partir de la sospecha. Así lo da a entender el mismo Otto Pérez Molina en la entrevista dada a Fernando del Rincón en CNN el 10 de mayo pasado. Cuando el entrevistador preguntó qué quiso decir -en 1982- al afirmarle al periodista Allan Nairn: “todas las familias están con la guerrilla”, Pérez Molina vociferó que “En el 82, la facción de la guerrilla…EGP involucró a las familias completas. No respeto edades. Desde los ancianos hasta los niños más pequeños, les pusieron pseudónimos. Tomaron el poder local…”.

….. De esta fácil verborrea del actual presidente solo destila una condenable irresponsabilidad. Cuando extrañados, dicen que no hubo intención de desaparecer a un pueblo, raza o etnia determinada, no se dan cuenta que están exteriorizando lo peor de su verdad. Lo vejatorio está precisamente en esa falta de voluntad, en la facilidad, en la normalidad con que se asesina a los indígenas. Así pues, la aversión al comunismo se consumó, aunque no solo, exterminando comunidades mayas, pasando por los más crueles mecanismos de muerte a niños, mujeres, ancianos y hombres desarmados.

….. El anticomunismo desde el Estado, hizo una guerra planificada contra la guerrilla, pero paralelamente permitió que se cometieran atrocidades que siempre se había deseado contra “los indios” por ser “indios indeseables”. Desviar el castigo contra el comunismo hacia “los indios”, daba también la impresión de mayor efectividad pues se magnificaba al enemigo. Eso generaba simpatía en determinada población especialmente urbana, criolla y ladina, insensibilizada ante la existencia y la muerte de “los indios”.

….. Lo amargo es enterarse de cómo ciertos individuos de izquierda que jamás se han interesado en pensar con seriedad lo que significa ser tratado como “indio” o “india” en este país, pasaron por alto como se había encarnado en la sociedad, la historia colonial. Pero la paradoja es actual cuando coinciden con los simples versos del anticomunismo: “a los indios se les mató por guerrilleros y no por indios”. Con ello quieren conminarnos al silencio para “evitar polarizar a este país”. Ojala podamos construir una memoria lo suficientemente vívida, crítica y autocrítica, para que esto, no se repita en nuestra historia.

….. Así como no son aptas para gobernar, estas élites han confirmado que tampoco tienen liderazgo moral e intelectual. Es común que al hablar evidencien que el pensamiento, el razonamiento, el sentido de la justicia y de la libertad no son lo suyo, lo son eso sí, el rumor y la propaganda para encender miedos, odios y agitar emociones violentas. Para muestra, un profesor que se dice así mismo liberal, se da el lujo de congratularse con Ríos Montt porque “él hizo en los años ochenta lo digno y lo apropiado” (Elperiódico 22/05/13). Sin el más más mínimo razonamiento respalda hechos tan atroces. Sus palabras llenas de odio, impregnadas de las elementales emociones distan de ser las de un profesor digno, menos culto, sin embargo “enseña” en un espacio que, en este país, quedó perfecto a su pensamiento retrógrado. No me extraña que se atreva a condenar la injerencia extranjera, cuando él es el fiel ejemplo de lo que detesta.

….. ¿Qué podemos aprender de estas élites? Nada. Hay graves males que el dinero no cura. Ellos tienen sobradas condiciones para crear pensamiento, ciencia, arte, literatura, música, innovaciones políticas y tecnológicas en un país con el extraordinario privilegio de la pluralidad. Pero no, estas élites ensimismadas solo saben de sangre, de armas y de violencia, solo conocen de represión, saqueo y depredación. Y así pretenden “instruirnos”, “conducirnos”, “moralizarnos”, “civilizarnos”. Nunca es tarde para que reconozcan que sus métodos medievales y sanguinarios jamás levantarán al país, al contrario lo hundirán más como pasa en estos momentos. Por eso, usamos nuestras palabras para decirles, que su crueldad es algo inconcebible en nuestras vidas. Su brutalidad no cabe en la existencia de quienes si queremos celebrar la vida, no como un castigo, sino como un evento hermoso y fecundo.

Guatemala, 31 de mayo del 2013.

Fotografía por Carla Molina

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