Aura Cumes: “No somos sujetos culturales, somos sujetos políticos”

Aura Cumes: “No somos sujetos culturales, somos sujetos políticos”
Publicado Enconversa.org, el 19 de agosto de 2019.

Pensadora, escritora y activista Maya Kaqchikel.

Aura Cumes pensadora, escritora y activista Maya kaqchikel de Guatemala estuvo el pasado mes de julio en Barcelona para impartir el curso Seguimos vivos. Pueblos Mayas, colonización permanente y horizontes de vida organizado por el MACBA. Pudimos conversar y ahondar con ella sobre algunas de las principales cuestiones abordadas en el curso.

 

● El sujeto del Uno y la resistencia permanente al despojo

A lo largo del curso has arrojado muchos hilos de discusión sobre multiplicidad de temas que entretejen tu propuesta, ¿qué te parece si para empezar nos cuentas qué está detrás de la afirmación “Seguimos vivos” que titula el curso? ¿A qué te refieres?

Pues una gran pregunta, sí. “Seguimos vivos” se me ocurrió porque los pueblos indígenas en todo el mundo, diríamos, pero en América Latina y en Centroamérica, han tenido un proceso de colonización permanente, y ese proceso de colonización ha tenido como centro el despojo. Y si el despojo ha sido permanente, yo me pregunto: ¿cómo es que seguimos vivos dentro de ese despojo de los cuerpos individuales, colectivos, de los bienes…? Y si hemos sido constituidos en la historia como seres despojables ¿qué es lo que nos mantiene vivos? Entonces ese es un poco en el marco que estoy pensando, esta resistencia – resistencia no sé si sea la mejor expresión para nombrarlo – pero esta condición que hemos construido también permanentemente de sobrevivencia a pesar del Estado colonial.

Hablar del despojo provocado por la colonización permanente nos remite necesariamente a un ejercicio de identificación de quién despoja a quién, implica nombrar quién y cómo es el sujeto colonizador…, ¿cómo los nombras tú?

El sujeto colonizador en principio es aquel sujeto que al interior de las mismas sociedades europeas se constituye a sí mismo despojando, rapiñando, depredando a otros para irse constituyendo a sí mismo. Yo lo nombro como el sujeto del Uno, el sujeto que construye el mundo del Uno, porque es aquel que se distancia de la naturaleza por ejemplo, se disocia de la naturaleza como una posibilidad de colocarse por encima de la naturaleza, como una posibilidad de mandar sobre la naturaleza, de interrogar, de penetrar a la naturaleza. Pero también tiene que ver con ese sujeto que destruye el mundo de lo campesino europeo, que lo degrada, que lo sujeta y que vive a partir de allí. Es también ese sujeto que persigue a las mujeres, para colocarlas en el nivel de lo doméstico, eso entendido como el lugar de la nada, pero el lugar que da pero que no se reconoce, que se invisibiliza. Es el mismo sujeto que expulsa a moros, quema herejes como quema a las brujas. Ese sujeto también se diferencia frente a lo negro africano que lo esclaviza y luego frente a lo indio. Es ese sujeto europeo que se va constituyendo a sí mismo, es el que llega entonces a los países ahora nombrados como Latinoamérica y todo lo que ha ensayado al interior de Europa, que para mí es constructo central del capitalismo, lo lleva a nuestros países y allí este capitalismo adquiere una característica particular porque se monta sobre la raza. Pues este sujeto que ya se ha construido como el humano, como especie diferente y superior, y que al llegar allá se coloca a sí mismo sobre otras especies, en este caso indígenas, nombradas así, o indias, a quienes inferioriza y por supuesto, la intención central de la inferiorización es el despojo.

Frente a ese sujeto y el despojo que lo constituye, existe otro sujeto, el colonizado. Pero frente a la tentación de nombrarlo como un sujeto desposeído, tú reivindicas otra forma de nombrarlo, ¿cuál es?

Sí claro, porque sujeto desposeído parece ser aquel sujeto que no tiene nada y que está allí como un sujeto mendigo o convertido en eso que necesita ser rescatado. No, los pueblos indígenas no somos sujetos desposeídos ¿por qué?, primero porque con el recurrente despojo hemos seguido construyendo maneras de habitar cuidando los espacios que habitamos y por lo tanto no se nos ha sido quitado todo. Todo el tiempo creamos, somos potencia política, no somos sujetos desposeídos ni vulnerables ni débiles ni marginales ni excluidos, sino somos sujetos políticos que creamos vida en todas sus posibilidades en medio de la depredación permanente de este sujeto colonizador. Entonces no somos desposeídos, no esperamos ni vivimos por el dominador sino a pesar del dominador. Para mí, que el sujeto que no tiene nada y que solamente se construye a sí mismo depredando es el sujeto colonizador, no tiene absolutamente nada, no es capaz de construir para vivir su propia alimentación. Necesita depredar para existir, el colonizador necesita colonizar para existir, si no coloniza no existe. En el caso nuestro existimos porque construimos la vida diaria y en términos concretos es: cultivamos nuestros alimentos, tejemos nuestra ropa, impartimos nuestras propias formas de justicia, tenemos forma de autogobierno, tenemos una ética, un sentido del mundo, un sistema de salud propio que sigue funcionando y que si sigue funcionando es una de las grandes posibilidades que sostiene la vida de nuestros pueblos. Entonces todo este tipo de características ayudan o son las condiciones que no nos hacen depender del sujeto colonizador.

 

●●  Límites de lo cultural. La interculturalidad como una trampa

En el marco del ejercicio de nombrar las cosas surge el debate en torno a la cultura, quién la define y qué estamos entendiendo actualmente cuando la invocamos como concepto y como ámbito de acción política. Tú nos propones una revisión crítica de la genealogía del concepto, que nos permita identificar sus límites.

Lo que yo planteo es que siempre recordemos que los conceptos tienen historia y el concepto de cultura como los demás tiene su propia historia. A mí me llama mucho la atención la manera en que se han aplicado los conceptos en nuestras realidades y no se desvincula para nada a su aplicación global, es decir, que notamos inmediatamente de dónde surge determinado concepto. Por ejemplo, el término cultura así como se utiliza en este momento no está recordando que los pueblos a quienes se les está aplicando fueron nombrados inicialmente bajo parámetros deterministas que los sometieron como colectivo tales como los conceptos de -especie- por ejemplo. Y el concepto de especie, que es el antecedente de la raza, fue como uno de los mecanismos fundantes del resultado diferenciado, segregado y jerárquico de la sociedad latinoamericana, es decir, especie y raza sometió, inventó a los indios como sirvientes, como la servidumbre de nuestros países, a los afrodescendientes o a los africanos esclavizados como tales, como esclavos, y a los mestizos primero como hijos bastardos pero después más cercanos, más aliados a los criollos. Eso lo hace la categorización de las sociedades en especies, en razas, y luego eso da como resultado profundas jerarquías y profundos mecanismos de encadenamiento, de despojo en nuestros territorios al cabo de que cada quien existe porque despoja a otro. Y nos hemos relacionado con vínculos esclavistas, me parece a mí. Para mí el término cultura se ha usado durante mucho tiempo por la antropología pero también le da contenido ahora a otro término que sería la interculturalidad en el que se piensa que los migrantes que están llegando a otros países y que son expulsados de los mismos países colonizados, su problema es la cultura, y no es su sometimiento, su despojo a partir de la especie y de la raza. Y la manera en que los países europeos y norteamericanos se trazan como democracias generando eso que ahora quieren ver en términos de individuos marcados por culturas.

En ese marco también hablabas del concepto de etnia, como un término intermedio u otra forma de nombrar a esa otredad…

Bueno, el término etnia es una categoría que se usa principalmente después de la 2ª guerra mundial, por los destrozos que había causado el uso del término raza a principios del siglo XX. Previo a ello en toda Latinoamérica fue muy importante la discusión del racismo científico, para justificar la supuesta “inferioridad” de los indios y de los negros, y la supuesta “superioridad” de los blancos. Las elites criollas, blancas y ladinas creyeron en el racismo científico, le dieron una categoría de cientificidad al racismo. Cuando ocurrió el genocidio contra los judíos, los gitanos, homosexuales y otros grupos humanos, se consideró que la raza había tenido una participación importante y por lo tanto era necesario nombrar la diferencia a partir de otras categorías, y de ahí surge, por lo menos en América Latina, muy fuertemente el uso de la categoría etnia para nombrar a los pueblos indígenas. EEUU tiene mucha responsabilidad en el uso de esa categoría, desde la antropología, tanto como en el uso de la categoría cultura, para nombrar a aquellos bárbaros, buenos salvajes, que también eran como objetos curiosos a ser interpretados, interrogados, a ser pensados de por qué no han desaparecido. La categoría etnia construyó otra vez ese sujeto buen salvaje y le da fundamento al contenido de cultura.

De esto se desprende que el modelo de la interculturalidad como propuesta política resulta insuficiente a la hora de contrarrestar la condición segregada y jerárquica de los sujetos colonizados?

Yo no sé si insuficiente es la palabra, yo pienso que es una trampa. Si a ti te someten, por ser “raza inferior”, si te quitan lo que tienes por eso, y te colocan como un eterno sirviente, y cuando “te quieren liberar” te dicen que es por tus características culturales, jamás van a repararte, nunca te devolverán lo que te han quitado, sobre todo, no te van a concebir como sujeto político, a mí me parece que allí hay una trampa, lo que están haciendo es dulcificar el sometimiento y crear una imposibilidad de observar lo que lo está ocasionando. Posiblemente la interculturalidad podría usarse para acercar a sociedades o grupos conflictuados entre ellos pero que tengan una posición de horizontalidad en determinado territorio, pero no a grupos construidos en jerarquía, saqueo y despojo. La interculturalidad no va a tener resultados liberadores, sencillamente si lo que procura es la convivencia pacífica dentro de un sistema de dominación.

Es aquí donde nos propones una distinción entre el sujeto cultural y el sujeto político…

Nosotros tenemos expresiones culturales para mí de mucho sentido, producto de todos los procesos de creación de nuestra propia vida, Occidente lo nombra como cultura, está bien, pero no somos sujetos culturales, somos sujetos políticos, es decir, tenemos la posibilidad que cualquier otro sujeto, que ese sujeto blanco que jamás se le marca solamente por su cultura, porque a ese sujeto se le posiciona como universal, en cambio a nosotros siempre somos los étnicos, somos los culturales o somos los racializados como inferiores. Y es desde esa condición que nos piden integrarnos al sistema “democrático”. Es decir, no nos aceptan como sujetos pactantes sino como objetos pactados, porque la democracia en nuestros países y en el mundo, es una democracia montada favorablemente sobre condiciones generadas por la historia colonial e imperial. Ojalá que en algún momento se puedan pensar los pactos políticos que dan lugar a las naciones, porque en este momento todo lo que se le dice a los migrantes oscuros y empobrecidos es, muy bien, usted intégrese a partir de su cultura, acomódense lo mejor que puedan sin molestarnos a nosotros los verdaderos ciudadanos. Una democracia no puede concebirse de esa manera porque entonces es claramente una democracia colonial.

Qué bueno que lo mencionas, ya que son precisamente estos “pactos políticos” que pretenden dar lugar a las nuevas naciones, los que en el caso catalán han evidenciado los límites y contradicciones del proceso en Catalunya, donde, por ejemplo, no se les permitió votar el 1 de octubre a las comunidades migrantes que no estaban nacionalizadas como españolas, a pesar de haberse planteado un referéndum para la constitución de una nueva república.

No, pues, si las nuevas repúblicas, si son nuevas, tendrán que pensarse con el concurso de todos los sujetos políticos, qué lugar va a tener, en la construcción de la república, la gente que ha habitado estos territorios de hace muchísimo tiempo y que se les nombra bajo la categoría de migrantes, y además de eso nos invita a quienes venimos a estos países a no conformarnos con esas categorías que nos siguen minorizando y que nos quitan potencia política y lo único que nos conceden es adornar las mesas de los colonizadores, colocar nuestras banderas, nuestras ropas, nuestra comida, eso no es lo que queremos ser, y por lo tanto para mí lo primero que hay que hacer es que no nos conformemos nunca con esa posición.

Se reproducen entonces las lógicas coloniales donde la diferencia y pluralidad son convocadas desde una jerarquía que instrumentaliza, folcloriza y exotiza al sujeto colonizado, que le convoca a un supuesto diálogo intercultural y proceso político pero con una voz apagada y un voto o capacidad de decisión sobre los asuntos importantes condicionado a su estatus migratorio.

Sí, yo creo que el pluralismo, como la migración, han sido signos de todos los tiempos. El mundo ha sido siempre plural, lo que pasa es que ha inventado maneras de relacionarse con lo plural. Obviamente el mundo capitalista ha buscado destruir lo plural, o jerarquizarlo y constituir una hegemonía del Uno sobre lo plural. Todo aquello que es el otro de esa imagen del Uno, va a estar sometido, entonces lo plural no siempre se anula, en muchos casos no se aniquila, pero se usa, como posibilidad de sometimiento. Uno de los grandes desafíos de nuestro mundo actual es aprender a construir sobre lo plural, pero no a partir del sometimiento, sino de la coexistencia. Coexistir con lo plural es una cosa a lo que no se le pone importancia. Hasta ahora hemos aceptado los mecanismos que el mundo capitalista occidental piensa que debe hacerse con lo plural.

La interculturalidad es un concepto que nace del liberalismo, ¿cómo tratar la diferencia?, esa es una pregunta que se hizo el liberalismo, qué hacemos con los diferentes, cómo los integramos a nuestra sociedad, cómo no nos pueden causar conflictos, hay un gran miedo por lo diferente, oscuro, pobre, que se observa como lo atrasado, lo bárbaro y lo incivilizado que, según el imaginario “blanco/civilizado/liberal”, si no lo normamos, nos puede contaminar. He escuchado, a las feministas blancas aquí en España y en otros lados, cuando ellas dicen “lo musulmán amenaza”, “hemos construido la posibilidad de la igualdad, la posibilidad de nuestra liberación, pero viene el “mundo musulmán” y nos coloca una posibilidad de regresión”. A mí me parece que ese tipo de posición está colocando lo colonial o ese mundo del Uno que las feministas están expandiendo como la medida de todo, y allí hay una imposibilidad de pensar lo plural, me parece que cuando el mundo es plural, hay mucha complejidad, se necesita mucha creatividad para buscar mecanismos de coexistencia, me parece necesario colocar la creatividad humana en el marco de lo plural.

Entonces, ¿qué hacemos con la interculturalidad?

Los conceptos tienen que llevarse a sus últimas consecuencias. Para mí el término interculturalidad solamente puede usarse si se trabaja entre diferentes pero iguales. Pero no para sociedades construidas en la jerarquía. A otros conceptos como, por ejemplo, lo descolonial, también muy fácilmente se le puede quitar su contenido transformador para convertirse en nada, aunque ese concepto nace más radical. Cualquier concepto puede ser cooptado por el poder. Entonces cuando ya no nos sirve hay que inventar otra cosa o hay que darle otro contenido. Porque es terrible que haya gente que habla sobre lo descolonial y en nombre de lo descolonial esconde de manera impune mecanismos coloniales; “ah pero no me critiques porque yo soy descolonial”. Entonces se puede utilizar como un mecanismo de impunidad. Ahora también se le puede llamar acción descolonial a conductas folclóricas como si bailas como un negro, si pruebas su comida, y así se le va quitando al concepto su poder de transformación. Por eso los conceptos hay que vigilarlos, hay que reconstruirlos o superarlos, porque desde el poder muy fácilmente se pueden cooptar.

 

●●● Epistemologías indígenas como horizonte de vida

Frente al despojo permanente y “la trampa” de la interculturalidad como una solución superflua, tu reivindicas la epistemología indígena como condición constitutiva de un horizonte de vida…

Lo que yo pienso es que en cantidad de lugares existimos otros mundos, que nunca fueron borrados por los procesos coloniales, su existencia en sí misma, es una potencia de vida y una potencia política, hablo de comunidades indígenas de Abya Yala pero pueden ser de otros lados. Particularmente el sentido del mundo maya, tiene una epistemología distinta, no piensa el mundo como el Occidente capitalista, la visión capitalista del mundo es mercantilizar todo lo que hace la vida, los mundos indígenas defendemos los ríos, las montañas, la tierra, el agua, los barrancos, los cerros, es un vínculo de profundo respeto. Allí donde ese respeto se rompe, se rompe el equilibrio de la persona, con todo lo que posibilita la vida. Hay múltiples ejemplos para observar nuestro vínculo con todo lo que se nombra como naturaleza, que a este Occidente capitalista le parece ridículo es. Ese Occidente capitalista no se depreda a sí mismo, ¿por qué no busca minas de oro debajo de los edificios de Barcelona?, ¿por qué no rompe sus sitios turísticos España, para buscar lo que busca en nuestros países?, no, va a buscar a aquellos lugares donde considera que no existe el trazo de lo humano que se otorga para sí mismo y que se ha otorgado desde siempre.

Un horizonte que planteas, también político, que pasa necesariamente por la reconstitución, como pueblo, como comunidades, como sociedades…

La necesidad de reconstitución como horizonte es porque nuestras epistemologías y sentidos de mundo, han sido heridas profundamente por lo colonial. Me interesa alertar en que no hagamos nuestro o no reproduzcamos las jerarquías que han ocasionado nuestro sometimiento. Más que convencer al mundo colonial sobre eso, me interesa convencernos a nosotros mismos sobre eso.

Y es aquí, en esta ardua labor de reconstitución, que resaltas la importancia de repensar el tiempo y dialogar con el pasado…

Sí, pienso yo que una de las cuestiones que ha imposibilitado el pensarnos como pueblos que tenemos grandes posibilidades de liberarnos, tiene que ver con nuestro pasado, porque la historia oficial ha inventado para nosotros una historia aberrante, vergonzosa e indigna, que provoca que mucha gente tenga miedo de ver hacia atrás. Se nos ha negado el pasado. Pero nosotros somos sociedades de tiempo largo, no tenemos 500 años de existencia, 500 años tienen los mestizos de haber aparecido en nuestros países, 500 años hace que los colonizadores llegaron a invadir nuestro territorio. Calculo que nosotros tendríamos al menos 20.800 años de existencia, a partir de que se cuenta el tiempo. Toda sociedad construye para sí misma mecanismos de convivencia, toda sociedad tiene conflictos, guerras, posibilidades de sometimiento, y han encontrado maneras de trascender como es nuestro caso, han conservado y entendido la vida a lo largo del tiempo, y por eso, su producción epistémica, las maneras en que produce la vida, nos hablan sobre la necesidad que tuvieron de coexistir. Entonces un diálogo con nuestro pasado, es un diálogo para existir, para afianzar nuestra existencia colectiva, para afianzar una manera de entender la vida y el mundo que no tiene que ver con lo colonial capitalista, aunque esto esté cercano e impuesto sobre nuestras vidas y aunque esto dispute también los sentidos del mundo indígena.

Foto: Aura Cumes frente al monumento a Colón en Barcelona, Julio 2019. Cortesía de Enconversa.or

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El inquisidor Quispe y las “brujas” mayas

Dra. Aura Cumes

El inquisidor Quispe y las “brujas” mayas

Por Aura Cumes

Mostrar indignación frente al espectáculo folclórico-racista con que se inauguró la Feria Internacional del Libro (FILGUA-2018) el pasado mes de julio, ha tenido un alto costo, particularmente para varias mujeres mayas denunciantes, como lo explicaré en adelante. Lejos estuvo esta denuncia, de ser una lección contundente para los organizadores y para quienes, desde 1524, han buscado convertir toda la existencia de los Pueblos Indígenas en una mercancía. Pero es así como funciona el poder. Sin que fueran las únicas, integrantes del Movimiento Nacional de Tejedoras, junto a otras organizaciones firmamos un comunicado rechazando el espectáculo aludido, el cual mostraba una vez más la impunidad de los poderes estatales y privados que nos despojan, se comen nuestras vidas, nos desprecian profundamente, pero que al mismo tiempo, se disfrazan de nosotras y nosotros para divertirse, para mostrar “la cara de Guatemala” ante el extranjero, pero ante todo para hacer negocios.[1]

….. Paradójicamente una mujer maya capitalina, que por circunstancias de la historia y/o por decisión propia no usa la indumentaria maya, como pasa con otras mujeres y hombres, que no necesariamente tienen la misma postura que ella, hizo una aguerrida defensa de la FILGUA. Por un lado, minimizó la importancia de nuestra crítica, pero por el otro, creó la falsa idea de que las y los denunciantes nos indignábamos exclusivamente “por el folclor y los trajes indígenas” cual cosa superflua y separada de las luchas más importantes que ella respalda, tales como “como el desvío de ríos, la contaminación de los lagos, por las mineras, por los campesinos asesinados, por las y los presos políticos”. Esta desacreditación que reproduce la vieja práctica de fraccionar las luchas y jerarquizarlas, solo puede hacerse desde una pretendida superioridad moral y política sumamente nociva; muchas mujeres mayas en el campo y en las ciudades no tenemos razón alguna para separar las luchas pues en nuestra experiencia y quehacer político todas están conectadas, porque todas atentan contra nuestra existencia.[2]  

….. Pero como dice el dicho, el hilo siempre se rompe por el lado más delgado. Lo anterior fue la excusa perfecta para desviar la atención de la crítica a FILGUA y concentrar las energías en hostilizar a quienes usamos la indumentaria maya, degradando el quehacer político alrededor de su reivindicación bajo el arcaico supuesto de que es un uniforme colonial. Como es común, el lenguaje colonial no se presenta en tono de debate, menos de diálogo, sino es un ejercicio de violencia a través del cual se emiten mandatos y formas de disciplinamiento. Los colonizadores acostumbran dar órdenes a los “indios” como los patriarcas a las mujeres, porque los y las asumen como inferiores. Utilizando este tono y en apoyo a la compañera maya defensora de FILGUA, un hombre que se nombra como Jubenal Quispe u Ollantay Itzamna, de quien desconozco su procedencia, escribió desde su cuenta de facebook “jjajaaj, yo te doy permiso al diablo con los trapitos y palitos coloniales”, a lo que ella responde satisfecha “Gracias!!! Eso estaba esperando!!!”, con lo cual acepta su “autoridad”.[3]

….. El señor Quispe, llama “palitos coloniales” a las varas de las autoridades indígenas, a las cuales él les da el significado de “falos” o “penes”, y sin importarle su procedencia antigua, el decreta que solo las pudieron inventar los españoles. El mensaje que deja Quispe es que las autoridades “son torpes” porque nada más las usan sin saber su significado quisperiano, ni su significado español; poco le importa a este individuo lo que para las comunidades y autoridades significan las varas, que es lo fundamental[4].

….. Como “trapitos coloniales” se refiere a nuestra indumentaria, ignorando por completo los códices, la epigrafía, la pictografía, los textos indígenas, las crónicas coloniales, entre otras fuentes, donde se puede observar la vinculación directa de la indumentaria actual con la antigua.[5] En respuesta a su intransigencia, varias mujeres mayas le hicieron ver que nuestra indumentaria está cargada de conocimientos, dinamismo e historia, resultado de la gran creatividad y resistencia especialmente de las mujeres mayas. Esta no puede aislarse del todo lo que hace la vida; a pesar del despojo sistemático, nuestros Pueblos siguen cultivando sus alimentos, tejiendo su propia ropa, cuidando el agua, impartiendo sus propias formas de justicia y ejerciendo mecanismos de autogobierno, es decir, resuelven su vida, cosa que el dogmático señor Quispe no puede entender.

….. La crítica a nuestra indumentaria y la injuria contra quienes la reivindicamos, por desgracia no es nueva y no sorprende, pero la agresión del señor Quispe y la manera en que busca imponer su catecismo, no me pudieron dejar indiferente. Y me sigo preguntando ¿quién es ése hombre que con total impunidad nos degrada de la manera en que lo hace?, ¿quién es ése hombre, que desconociendo el tiempo largo de nuestras luchas como Pueblos Mayas y como Mujeres Mayas nos falta el respeto y nos destruye?, ¿quién es ése hombre capaz de violentar de la manera en que lo hace, a quienes tejemos y usamos la vestimenta maya con plena consciencia? No sé quién es, pero se comporta como un inquisidor y como tal es fanático, perverso, prepotente, dogmático, y cree tener superioridad moral y política sobre nosotras. A este hombre le ofende sobre manera nuestra existencia; le insultan nuestros cuerpos vestidos como mayas, nuestros pensamientos, nuestro trabajo, nuestras demandas y nuestras rebeldías políticas, por el simple hecho de que no seguimos sus postulados etnocidas. Por estas razones en adelante le llamaré el inquisidor.

Las acusaciones del inquisidor Quispe

En sintonía con los inquisidores de la época colonial, Quispe piensa que “los indios” pero especialmente “las indias” tenemos una propensión a la IDOLATRIA. Para sorpresa nuestra, han pasado cinco siglos y no nos hemos podido salvar de tales acusaciones, ni de los inquisidores. Al igual que aquellos obsesionados inquisidores que miraban demonios e idólatras por todos lados, Quispe con sus ojos eurocéntricos, nos ve adorando a “los trapos” y a “los palos coloniales”. No tiene otra manera de comprender nuestra existencia, nuestra vida, nuestras creaciones y nuestra política, más que a través de sus limitados dogmas. En consecuencia, con su credo nos acusa de TIJIDOLATRÍA y FALOLATRÍA, condición que, según él, nos distrae de las verdaderas luchas de los pueblos que como “gran iluminado” solo él puede ver y entender, porque no tiene las ataduras que a nosotras nos convierten en idólatras.

….. El inquisidor Quispe, al igual que sus antecesores, también ha sacado sus escritos de exhortación e instrucción contra las idolatrías, o contra la tejidolatría y falolatría. En ellos nos quiere convencer de que “los trapos” que usamos fueron impuestos por los españoles, cual si esta agresión fuera una novedad para nosotras. Llevamos décadas contrarrestando esta idea facilista que Severo Martínez, historiador de izquierda, plasmó en su libro La Patria del Criollo en la década de los 70 del siglo pasado. Cada vez que doy alguna conferencia en la Universidad de San Carlos de Guatemala, surgen “generosos” profesores y estudiantes, “preocupados” porque seguimos usando “ropas coloniales”. Sabemos de memoria lo que mucha gente criolla, ladina o mestiza, de cualquier tendencia, piensa sobre nuestra ropa, porque es más fácil eso que pensar en su racismo.

….. Hemos leído, cualquier cantidad de libros donde nos muestran “la influencia española en el traje indígena”[6], o donde comparan cómo nuestros trajes son de origen “morisco”, “judío” y “chino”, para decir que somos incapaces del más mínimo invento y de la más remota creatividad. Incluso hemos tolerado a quienes piensan que no conocíamos la ropa, o a aquellos otros que comparando los trajes “primitivos” de los españoles y los de los indígenas actuales, piensan que si hay un triángulo, círculo o rectángulo en ambos es obvio que lo inventaron los españoles, porque nosotros solo podemos copiar. La violencia episteme colonial es tan fuerte, que no se aplica para nuestros Pueblos ni siquiera el elemental concepto antropológico de invención paralela, que da cuenta de cómo las sociedades inventan al mismo tiempo, cosas parecidas, sin tener contacto entre ellas.

….. Junto a sus acusaciones de tejidolatría y falolatría y de usar ropas coloniales, el inquisidor Quispe, nos presenta como miserables, lastimeras y repugnantes[7]. Al igual que la gente criolla, ladina y mestiza racista que se considera “piadosa” dice que le “duele” y se conmueve al “vernos envueltas en esos trapos”, que solo nos destinan a ser sirvientas. Quispe orina fuera de la bacinica todo el tiempo. La casa patronal es uno de los lugares donde el proceso de etnocidio se acelera, porque en gran coincidencia con el inquisidor Quispe, a las patronas y patrones les da asco nuestra ropa, por eso, colocan uniforme o vestimenta occidental a las trabajadoras de casa particular[8]. Pero él nos convierte a nosotras y a nuestra indumentaria en el problema en vez de verlo en el sistema colonial-patriarcal. ¡Vaya coincidencia! Los criollos y ladinos siempre nos han visto como el “problema indígena”.

….. El señor Quispe también dice que aboga por “nuestra liberación”, por las cadenas que nos imponen esas “envolturas coloniales”. Ni se entera este patético inquisidor, del tiempo que llevamos respondiéndoles a las feministas coloniales que nos han llamado “fósiles vivientes”, que piensan que “nuestros hombres” nos imponen estas ropas, mientras que ellos andan “modernos” y “evolucionados”. Tampoco se entera de nuestras críticas y construcciones internas frente a los hombres indígenas, y cree que no sabemos lo que significamos para el Pueblo Maya y para el país. No le pido al inquisidor que lea nuestras décadas de pensamiento plural, porque como buen macho falocentrado se cree con el derecho a darnos lecciones. Piensa el inquisidor que, porque hay mujeres mayas vestidas como tales, adornando las mesas de los distintos gobiernos de turno, o porque algunos indígenas lucran vendiendo a su pueblo, todas las que reivindicamos los conocimientos de las mujeres indígenas y la vestimenta maya somos pro-gobierno, pro-capitalismo y pro-cooperación. Se le olvida que hay izquierdistas y dirigentes populares pactando con militares genocidas y no por eso, decimos que todos son iguales.

Las “brujas mayas”

El ataque del inquisidor Quispe contra las mujeres mayas que lo confrontaron fue ruin. Hizo uso de la descalificación, de las falsas acusaciones y de mecanismos de degradación. Tal parece ser que es su forma de tratar a las mujeres mayas que no se le somenten. En las redes sociales la compañera Judith Chocooj denunció que este señor la agredió llamándola “indita ignorante”, pero desconozco si la agresión en que se fusiona la violencia racista y machista, tuvo seguimiento alguno. A pesar de los debates difíciles y las diferencias entre hombres y mujeres mayas, no es común escuchar que dentro de las luchas políticas un hombre maya pueda llamarnos “inditas ignorantes”. Esto genera dudas sobre la procedencia, la “formación política” y las intenciones del inquisidor Quispe, quien legitimó su violencia a partir del apoyo que recibió de algunas mujeres y hombres indígenas, y de mucha gente ladina y mestiza de todas las tendencias incluyendo de la izquierda, que para fines de lo que decían, evidenciaron que su izquierda es la otra cara de una misma moneda del sistema de dominación colonial.

….. El inquisidor Quispe sabe muy bien que las agresiones contra las mujeres indígenas suelen encontrar un respaldo efectivo donde el racismo-sexismo son el pan de cada día. Así, construyó una falsa imagen de quienes según él “solo se dedican a defender los trajes típicos”, que cualquier persona descontextualizada, podría darle la razón. Junto a sus seguidores y seguidoras se refirieron a las mujeres que los enfrentaron como: “estancadas”, “puristas”, “policías de la identidad”, “inquisidoras desesperadas”, “mayas fashion” etc. Incluso acusó a las mujeres que lo retaron, de esclavizar a las abuelas tejedoras para obtener sus trajes; su retorcida visión no tiene límites. Parece risible pero el inquisidor colocaba insistentemente en los muros de sus detractoras, su panfleto titulado “tejidolatría y falolatría indígena”, según él de gran iluminación para nosotras. Algunas retiraban su escrito y él volvía a pegarlo, enviándoles a la vez mensajes, como el siguiente: “¿miedo?”, “¿miedo?”, “¿miedo?”, lo que se convirtió en un acoso cibernético.  

….. Como era de esperarse, recurrió a la clásica táctica de guerra usada para desacreditar la creación política de las mujeres mayas. “¿Feministas mayas en defensa de FALOLATRÍA? ¿Cómo será eso?” escribió en un mensaje grande en colores rojo y negro. Independientemente de si alguna de las que lo retaron se nombra o no como feminista, situación que desconozco, llamar feministas a todas, significaba esperar como respuesta el rechazo de los hombres indígenas hacia estas mujeres, por la inadecuada comprensión que existe del feminismo. Y por el otro lado, llamarlas defensoras de la falolatría, despertaría contra ellas el rechazo de las feministas que siempre han criticado a las mujeres indígenas por no tener luchas exclusivas como mujeres sino como Pueblos.

….. Así, el inquisidor Quispe buscó crear una sensibilidad desfavorable para las mujeres mayas que valientemente lo confrontaron; su estrategia ha funcionado puesto que varias de ellas han sido atacadas y tachadas como  “brujas”, “perras” “putas”, “locas” por hombres, ladinos e indígenas, que piensan que el “lugar de las indias” está en la cocina o en el baño, pero no en nuestra cocina ni en nuestro baño, sino en los de ellos, como sus sirvientas; también nos han dicho que nuestro lugar está en la cama de los burdeles baratos, como corresponde a las “indias putas”. Está demás recalcar la violencia de estos mensajes.

Los alcances de la violencia del inquisidor Quispe

Las agresiones del señor Quispe endulzan los oídos de mucha gente, que desde siempre han tenido la intención de que los Pueblos Mayas desaparezcamos, bien sea a través del genocidio o a través del etnocidio. Existe también una izquierda y movimientos populares que desde hace mucho no quiere ver indígenas y menos mayas, se empeñan en imponernos una identidad como “pobres”, “campesinos”, “proletarios” o “trabajadores”, porque solo de esa manera pueden construir “la base” de su “revolución”. Dice el inquisidor Quispe que en “nuestros pueblos hay luchas fecundas” con multitudes de gentes que no visten “los trapos coloniales”, seguramente habla de la realidad del país de donde viene, porque eso no ocurre en Guatemala. En este país, en todas las luchas están las mujeres indígenas que con toda dignidad usan vestimenta maya. Infelizmente cantidad de presos y presas políticas son mayas, pero no se avergüenzan de vestir como tales.

….. La violencia pública a través de la estigmatización y el ostracismo contra las mujeres indígenas, las autoridades indígenas y nuestros símbolos son viejas forma de sembrar la desconfianza, romper la solidaridad y el sentido de Comunidad y de Pueblos; operan como mecanismos de guerra de baja intensidad. La Europa inquisitorial sigue habitando nuestras tierras a través de una izquierda simplona y etnocida, como la del inquisidor Quispe, quien con su vieja letanía viene a decirnos como vivir y como pensar.

….. Pero este individuo es insignificante, sino fuera porque se le ve vinculado al Comité de Desarrollo Campesino (CODECA), un movimiento al que de alguna manera hemos respaldo, debido a que ha sido golpeado por el asesinato de sus integrantes en estos últimos meses. Por el respeto que CODECA nos merece, le hemos preguntado públicamente si sus luchas populares pasan por aniquilarnos como Pueblos Indígenas. En respuesta hemos recibido mensajes que se resumen en un “Viva CODECA”. Al igual que en otros movimientos, no dudamos que en éste haya mujeres valiosas construyendo sus ideales con esperanza, pero para quienes estamos comprometidas en la lucha contra el colonialismo, igual que contra el patriarcado y el capitalismo, estos signos no nos presentan buenos augurios. Nunca una lucha puede imponerse aniquilándonos como Pueblos, burlándose de la creación, trabajo y resistencia de las mujeres indígenas, y sobre todo, ejerciendo violencia de la cual estamos hartas.

….. Aunque no puedo hablar por todas las mujeres indígenas, a lo largo de muchos años, hemos ido construyendo desde la tensión y pluralidad, reconociendo que la historia nos ha hecho distintas. Seguiremos defendiendo la vida, construyendo Comunidad y construyendo Pueblo, desde la defensa de todo lo que da sentido a nuestra vida. Seguiremos luchando por la vida, por el agua, por el territorio, contra el genocidio, contra el etnocidio, contra la trata de mujeres, contra el feminicidio, contra la servidumbre, contra el empobrecimiento, contra la folclorización-mercantilización de nuestros cuerpos, y contra toda forma de despojo. Continuaremos reivindicando nuestra forma de hacer política, nuestros saberes antiguos y contemporáneos, el arte, la música y el trabajo concreto de mujeres tales como las tejedoras. Seguiremos construyendo Pueblo porque las mujeres somos Pueblo Maya.

Guatemala, 18 de agosto del 2018.

Foto de portada: Carla molina

[1] http://tujaal.org/pronunciamiento-ante-espectaculo-racista-en-filgua-2018/
[2] Es sobre estos principios que nace y se sostiene el Movimiento Nacional de Tejedoras, que se distancia de cualquier organización cuyo objetivo sea el lucro con “la cultura” y los saberes indígenas.
[3] Esto que a mi juicio fue un campo de batalla, se libró en las redes sociales a partir del pronunciamiento contra FILGUA, el 13 de julio 2018 hasta más o menos fines de ese mes; pero aún sigue teniendo consecuencias.
[4] No hablaré sobre las varas de autoridad respetando el silencio que las autoridades han mantenido.
[5] Sobre esto puede consultarse: Otzoy, Irma (1992) Identidad y trajes mayas. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4011029.pdf. Cumes, Aura (2016) Saberes colectivos de mujeres mayas frente a la lógica mercantilista del tejido maya, Movimiento Nacional de Tejedoras, Guatemala.
[6] Entre otros, Arriola de Geng, Olga (1991) Los tejedores en Guatemala y la Influencia Española en el Traje Indígena. CIRMA, Guatemala.
[7] Trabajos como el siguiente describen con claridad. Velásquez, Irma Alicia (2005) “Traje, folclorización y racismo en la Guatemala posconflcito” en Racismo en Guatemala. De lo políticamente correcto a la lucha antirracista, Meicke Heckt y Gustavo Palma, editores. Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala, Guatemala.
[8] Sobre ello puede consultarse: Cumes, Aura (2014) La “india” como “sirvienta”. Servidumbre doméstica, colonialismo y patriarcado en Guatemala. Disponible en: http://repositorio.ciesas.edu.mx/handle/123456789/283

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Ejército colonial genocida

Dra. Aura Cumes

Ejercito Colonial Genocida (PDF)
Convertir “al indio” en un buen soldado:

El ejército colonial en la vida de los “indios”, campesinos, indígenas y mayas

Por Aura Cumes

El surgimiento de los “ladinos” desde el siglo XVI, fue crucial para las milicias coloniales; una de sus funciones fue controlar la rebelión de los Pueblos de Indios, exprimidos por el pago de tributos en especie, en dinero y en servicios personales. Los criollos y peninsulares evitaban involucrar “indios” en las milicias, porque temían que éstos pudieran usar las armas para rebelarse contra ellos. Las guerras pos “independencia” entre liberales y conservadores involucraron a gran cantidad de hombres ladinos, campesinos e indígenas, muchas veces en batallones improvisados. Es con la “Reforma Liberal” a finales del siglo XIX, cuando se intenta crear un ejército profesional, apto para defender los intereses de la dictadura liberal. El “indio” no era el sujeto ideal para tal ejército. Los liberales estaban convencidos de que éste era “inferior”, “torpe” y no digno de confianza; ansiaban un ejército “ladino” y “profesional”. Sin embargo, los privilegios que la Reforma Liberal trajo a la población ladina, provocó que éstos evadieran el servicio militar; quienes quedaban disponibles eran los ladinos pobres y los indígenas, siendo los últimos mayoritarios y objeto de trabajo forzado. La fracasada estrategia de crear un ejército “ladino”, conllevó a pensar en cómo convertir “al indio” en un “buen soldado”.

….. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, surgió un debate alrededor de la “naturaleza del indio” como potencial soldado. Como mozo, como cargador, se dice, el “indio” ya presta buen servicio. Un individuo llamado Guillermo Kuhsiek A. escribió en 1915 en la Revista Militar[1] “Acostumbrado como mozo al pesado trabajo de la tierra, como zapador[2] es de gran utilidad por su resistencia, aunque su espíritu pasivo no hace de él más que una máquina de trabajo que necesita ser guiada, hasta en los menores detalles para la ejecución de una obra”[3]. “El indio guatemalteco, descendiente de los aguerridos quichés y cakchikeles, cuyo fiero valor se estrelló contra las corazas y cañones del invasor español, es hoy un paciente y humilde labriego. Murió el espíritu altivo del indómito Tecún Umán… La gran masa de los indios sigue siendo el trabajador paciente y sumiso. No ha resucitado en él el espíritu de sus arrogantes antepasados.”[4] El mismo Kuhsiek propone que el ejército puede aprovechar al “indio” en dos formas: primero como un soldado, integrante del ejército; y segundo, como un componente auxiliar, como un zapador o como un cargador.

….. “…éste llega a ser un buen soldado si se le instruye con la intensidad necesaria, pues aunque el ladino le supera mucho en inteligencia, el indio posee algunas cualidades militares en grado más alto que él. Podemos decir que el ladino es superior en las cualidades activas, por decir así, como iniciativa, facilidad de comprender y criterio, pero inferior en las cualidades pasivas como subordinación, fidelidad y respeto. El indio se ha acostumbrado a obedecer y reconocer la superioridad del ladino, ya trae innato el sentimiento de la subordinación y obediencia… El indio obedece ciegamente a su Jefe, entra a la lucha, pelea y muere sin preguntar el motivo o el objeto de la campaña… El indio no conoce el patriotismo en la extensión como el ladino lo entiende;  él pelea por su Jefe y no por su Patria. La materialidad de la vida del indio, la falta de actividad intelectual en ellos y el pequeño radio de acción dentro del que se mueve, hace de él un localista, pero no un patriota. Es la obediencia la que empuja al soldado indio a enfrentar la muerte, no el entusiasmo nacido de la convicción y del patriotismo. Pero no por eso carece de valor…[5]

….. Los que se arrogaron la autoridad de hablar sobre “el indio”, se fueron convenciendo de que más que la escuela, el ejército era el mejor lugar para “civilizarlo” y hacerlo útil a la patria. Si él aprendía a disfrutar del aseo diario, de comer en una mesa, de dormir en una cama, nunca más volvería a buscar lo contrario, pensaban. Si aprendía a leer y escribir y comprendía los “nobles” ideales del progreso, él sería un buen multiplicador de la “civilización”. En una cartilla para el adoctrinamiento de los soldados en 1959, se encuentra que la preocupación central del ejército radica en “civilizar” los campesinos. Aquí no se usa ya la expresión “indio”, sino campesino como sinónimo. En una de sus páginas dice: “Higiene”, se ilustra con el dibujo de un hombre campesino y debajo se lee “Este campesino cultural y físicamente atrasado recibe en el ejército la preparación necesaria para ser un ciudadano útil”. Luego este campesino aparece con la indumentaria ladina: camisa, pantalón, zapatos, corbata, el pelo bien recortado, y dice “He aquí un campesino hecho un soldado, limpio y físicamente sano”.[6]   

….. En las décadas de 1970 y principios de 1980, había un cambio total en la estrategia del ejército. “Los indios”, serían reclutados contra su voluntad para convertirse en soldados de los más bajos rangos. Camiones del ejército llegaban a los pueblos a raptar a los jóvenes indígenas (los ladinos y los estudiantes, generalmente eran perdonados). De esta manera, gran cantidad de hombres indígenas fueron involucrados forzadamente en una de las facetas más tenebrosas del ejército de Guatemala. También se buscó controlar a todas las familias indígenas creando las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) en donde todos los hombres entre 18 y 60 años tenían la obligación de conformarlas. Los soldados ladinos, generalmente ocupaban puestos de decisión y eran los encargados del entrenamiento mental y físico. No es éste el espacio para hablar del entrenamiento de los soldados, pero éste fue dirigido a forjar una mentalidad de odio, de desprecio y de crueldad, no solo contra la guerrilla, sino contra sí mismos, en tanto “indios”. Esto no siempre se logró, de allí que hubo víctimas del genocidio que eran jóvenes que habían prestado servicio militar y de muchas maneras se rebelaron contra el mismo ejército.  

….. Para cometer genocidio, el ejército, no sólo quiso involucrar de manera sucia a la misma población Maya, sino usurpó de forma aberrante y condenable su simbología sagrada, para usarla en su contra. Los destacamentos militares y los comandos eran bautizados con nombres mayas. Mientras el nacionalismo guatemalteco –tanto de derecha como de izquierda, con sus diferencias– durante siglos intentó construir un país orientado a la ladinización, como mecanismo de “civilización” de “los indios”, el ejército, profanó la simbología Maya, para construir la institucionalidad castrense anticomunista. Nombres de personajes mayas como Kaibil Balam se usó para nombrar a una fuerza acusada de graves atrocidades. Asimismo, el ejército degradó al máximo el profundo significado de Tzuultaq’a’ símbolo de la espiritualidad Qeqchi’, al bautizar una base militar como: “el Hogar del soldado Tzuultaq’a’, y también al asemejársele, como lo dijo el coronel Homer García, “Nos comparamos a los espíritus de la montaña porque al igual que ellos, dominamos la tierra”.[7] Fue una estrategia extremadamente cruel utilizar a Tzuultaq’a’, guardián y protector de los Q’eqchi’ que huían a la montaña para salvar sus vidas, y convertirlo en su verdugo, al encarnarlo en los soldados que perpetraron las masacres.

….. El ejército colonial ha sido una maquinaria de destrucción permanente de la vida de los “indios”, “campesinos”, “indígenas” y “mayas”. Lejos de celebrar “el día del ejército”, los Pueblos Indígenas y Mayas debemos sentarlo en el banquillo de la historia, pedirle cuentas y desecharlo para siempre de nuestra vida. Sin embargo, las viejas cúpulas del ejército se resisten a desaparecer, siguen teniendo un gran poder, no solo a través del gobierno actual, sino mediante otros mecanismos. Los veteranos del ejército siguen llegando a distintos pueblos indígenas a conformar asociaciones cuyo objetivo se encamina a degradar la lucha por la historia y la memoria de quienes murieron durante el genocidio de la década de 1980. Por desgracia existen quienes, doblegan su dignidad para defenderlos, no les importa que “los indios fueron, después de todo, un objeto del ejército y no el sujeto”.[8] La historia ha demostrado que el ejército guatemalteco es absolutamente capaz para atentar contra la vida de los Pueblos Indígenas, al extremo de provocar su exterminio.

….. El día 20 y 21 de junio, asistimos a la inhumación de cerca de doscientas osamentas encontradas en lo que fue el destacamento militar de San Juan Comalapa, Chimaltenango. Los espíritus de quienes fueron asesinados de las formas más atroces jamás imaginadas, parecieran decir: nos mataron, pero nunca les servimos, nunca los aceptamos como nuestros, nunca los aceptamos en nuestras vidas, nunca doblegaron nuestra voluntad, nunca doblegaron nuestra dignidad. Es la dignidad de nuestros muertos lo que nos obliga a no olvidar y a exigir que los responsables de tanta destrucción no sean alimentados por la impunidad.

Guatemala, 2 de julio del 2018

Foto de portada: Carla Molina


[1] Una publicación regular del Ejército de Guatemala en la primera parte del siglo XX, ver Adams, 1995.
[2] Soldados encargados de los trabajos operativos, tales como abrir caminos, construir puentes etc. En el contexto guatemalteco se usa como sinónimo de “cargador”, es decir, como mozo o sirviente en el ejército.
[3] Adams, Richard, 1995, Etnicidad en el Ejercito de la Guatemala Liberal (1870-1915), FLACSO, Guatemala.
[4] Ibíd., p. 22.
[5] Kuhsiek, en Adams, pp. 23-24.
[6] Relaciones Públicas de El Ejército de Guatemala, Ministerio de la Defensa, 1959.
[7] Nelson, Diana M. 2006, Man Ch’itil. Un dedo en la llaga. Cuerpos Políticos y Políticas del Cuerpo en Guatemala del Quinto Centenario. p. 171.
[8] Kuhsiek, en Adams, pp. 23-24.

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La miseria humana

Dra. Aura Cumes

La miseria humana: 

“Odiarás a tu prójimo como a ti mismo”

Por Aura Cumes

Hemos caído en la más honda miseria humana, como herencia de las caducas élites económicas, militares y políticas que nos han gobernado, que tienen en sus manos el gobierno, la política, las universidades, los medios de comunicación, la iglesia católica y ahora las iglesias evangélicas. 


¿Cómo es que los seres humanos podemos llegar a ser tan miserables, ruines y crueles? Por eso concuerdo con quien dijo irónicamente que los monos son demasiado buenos como para que los humanos podamos descender de ellos. Ah, pero parece que estoy escuchando vociferar a una multitud ofendida diciendo que ellos no descienden del horrible mono sino que están hechos a imagen y semejanza de Dios. ¡Vaya presunción! Y hablo ahora de religión porque una gran parte de guatemaltecos, empezando por el “presidente”, viven invocando a su dios aún en sus actos más ruines. La semana pasada una vez más, muchos de estos guatemaltecos abnegados cristianos (católicos, evangélicos, etc.) volvieron a sacar sus demonios en las redes sociales, periódicos y universidades, pisoteando la dignidad y la memoria de las víctimas del Conflicto Armado Interno, en ocasión de la sentencia por el caso Molina Theiseen. No es precisamente amor al prójimo, lo que sale de estos individuos que llenan las iglesias los domingos y que además dicen que hacen patria; todo lo contrario, es más que evidente que sus corazones están atrapados en el más profundo odio mientras sus cerebros están idiotizados; solo saben maquinar crueldad y miseria. Ellos revelan las conductas que les llevaron a cometer las atrocidades que ahora defienden con gran impunidad.

….. Si Guatemala, uno de los países más religiosos del mundo, es a la vez, uno de los más violentos ¿para qué está sirviendo la religión? Está claro que, en las iglesias, salvo excepciones, no enseñan a pensar, aunque debieran, por qué se asesinó a tanta gente civil durante el Conflicto Armado Interno, por qué se cometieron desapariciones y masacres especialmente contra comunidades indígenas; pero se supone que enseñan principios de “amor”, “paz”, “compasión” y “misericordia”, elementos básicos que pueden llevar a sorprendernos, a indignarnos y a llevar el dolor de los semejantes, cosa que no veo común entre las y los guatemaltecos. Lejos de ello, lo más común es observar una arrogancia “moral” para oponerse, sin pensar, a cosas como el aborto legal, mientras escupen sobre las víctimas niñas, niños, ancianas, ancianos, mujeres y hombres, asesinados con saña. La religión entonces, con excepciones, no parece estar cumpliendo el principio básico de hacer el bien al prójimo, sino está siendo útil para justificar el mal, para albergar la hipocresía humana, y últimamente se ha convertido en el refugio de los que huyen de las atrocidades que cometieron durante el Conflicto Armado Interno.

….. Me pregunto también que hacen las iglesias con el problema del racismo, base del genocidio en este país. ¿Estará ausente su discusión igual que en las universidades, en las escuelas, en los medios de comunicación? Es que la profundidad de esta miseria humana de la que hablo, tiene que ver con el racismo. En comentarios al condenable asesinato de la joven Maya-Mam, Claudia Patricia Gómez Gonzáles, por parte de la patrulla fronteriza, se leen comentarios como este:

….. “No era para matarla…pero seamos realistas muchos indios aquí en guate son huevones, borrachos y no quieren trabajar y luego piensan que en estados unidos los va a querer y no más llegando van a tener la gran vida, que luchen aquí que no sean huevones y que no quieran todo regalado”

….. La anterior nota, es firmada por María Isabel García Pedroza, una muchacha de piel oscura y en su fotografía la acompaña otra mujer de piel más oscura todavía, que si se hubiera tratado de ella, de igual manera el guardia fronterizo la hubiera asesinado; no, pero aquí ella es ladina, se ve al espejo y se observa blanca o quien sabe si gringa; desde su pobrísimo imaginario, es “muuuuy diferente” y superior a los “indios”, no solo física sino moralmente, por eso se atreve a despreciarnos y “aconsejarnos”. Es lo que Fanon llaman “pieles negras en máscaras blancas”. Tristemente esa muchacha García Pedroza es la viva imagen de la miseria humana y de lo ruin personificado; es incapaz de pensar en lo que dice, pero sí tiene poder para destruir la grandeza humana de quien desprecia, porque con sus palabras ha matado otra vez a la joven migrante que buscaba una mejor vida para ella y su familia. Cuando la leí recordé los motivos de muchos “ladinos” para avalar la muerte de “los indios” durante el llamado “Conflicto Armado Interno”.

….. Las y los guatemaltecos no podemos decir que vivimos en “sociedad” porque no nos defendemos en forma común, al contrario, algunos han matado a sus propios semejantes y se han comido sus vidas. Por eso, el mandamiento al revés les queda bien “odiarás a tu prójimo como a ti mismo”, porque no solo odian a sus semejantes, sino que se odian a sí mismos, como lo hace la muchacha racista. Cuando muchos guatemaltecos piden sangre, violencia, muerte, crean las condiciones para que la violencia misma les alcance, aunque estén rodeados de guardaespaldas.

….. Hemos caído en la más honda miseria humana, como herencia de las caducas élites económicas, militares y políticas que nos han gobernado, que tienen en sus manos el gobierno, la política, las universidades, los medios de comunicación, la iglesia católica y ahora las iglesias evangélicas. Ellos han inventado un dios y nos han metido miedo y culpa para no rebelarnos ante él. El dios del “presidente” Morales, el dios del genocida Ríos Montt que nunca descansara en paz, el dios de todos los asesinos durante el Conflicto Armado Interno y el dios de los patronos de estos como el tal Álvaro Arzú, es el mismo que trajeron los invasores en 1524, en nombre del cual inventaron los más crueles métodos de violencia contra los Pueblos Indígenas, que se replicaron durante el Conflicto Armado Interno y siguen aplicándose hasta la actualidad.

….. En lo que a mí respecta no quiero un dios ni dioses que avalen a genocidas, corruptos ni asesinos, no quiero a dioses que estén en contra de la vida. Son tan certeras las palabras de quien dijo: “creer en un dios cruel, hace crueles a los seres humanos”.

Foto de portada: Carla Molina

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Notas Sobre Racismo Académico

Dra. Aura Cumes

“No se puede descolonizar el conocimiento sin destruir sus jerarquías raciales”

Por Aura Cumes

“Ser sirviente no es solo una situación laboral sino una condición racial/étnica y social, por eso “la sirvienta” y “el sirviente” pertenecen a un sector subordinado de la sociedad en tanto colectivo (como los pueblos indígenas o como pobres) y los patrones pertenecen al sector que gobierna (criollos, blancos, extranjeros, ladinos y mestizos). Esto mueve a pensar en cuáles son los mecanismos por los que los sirvientes son también los gobernados. Es allí donde la racionalidad patronal debe cuestionarse a la luz de cómo el sistema colonial organizó no solo el Estado, sino la sociedad y la vida misma.” 

“Existen esfuerzos por descolonizar el conocimiento desde los indígenas, pero nos encontramos con que el medio nacional en que se mueven nuestras ideas, terminan relegándolas más rápido que dialogando con ellas… Además nuestro intento de pensar con autonomía o independencia se ve afectado por la costumbre de querer vernos tutelados. Por eso, no se puede descolonizar el conocimiento sin destruir al mismo tiempo las jerarquías raciales y las relaciones de poder que lo soportan.”

“El ejercicio de lo político en sentido amplio no siempre está favorecido por la educación oficial, al contrario, la escolarización tiene la particularidad de promover el potencial económico de los cuerpos disminuyendo su fuerza política. Ha ido aumentando lentamente la cobertura educativa aunque los métodos, la calidad y el sentido de ésta, sigue siendo agresiva y disciplinaria para las mujeres indígenas. Pero es lo que hay, y aprovecharlo es muy importante también porque estas herramientas nos sirven, si así lo queremos, para cuestionar y desafiar al mismo sistema conociéndolo desde adentro.”

“Existen personajes mayas que fueron cautivados por los discursos indigenistas retomados por el multiculturalismo más superfluo para quienes el reconocimiento de la cultura es la solución de todos los problemas de los pueblos mayas. Para ellos no resulta problemático que “lo maya” convertido en emblema se adapte a cualquier discurso, incluso el orientado al despojo y a la represión.” 


 1. ¿Podrías comentarnos cuáles han sido hasta ahora los aprendizajes de tu paso por la academia, qué te gustaría resaltar?

Es difícil para mí pensar solo en términos de “aprendizajes”. El campo académico para quienes estamos en posiciones de subalternidad o inferiorización, aunque no lo queramos, es un lugar de poder y un campo de lucha, precisamente porque hay jerarquías y privilegios coloniales y patriarcales, que también le dan forma y sentido; pero desafortunadamente no se abre mucho a una autocrítica que permita dar cuenta de ello. Por ejemplo, salvando las excepciones, es común que a los indígenas que llegamos a estos espacios aun teniendo formación equivalente, no nos vean como colegas o interlocutores válidos, sino como quienes vamos a aportar insumos, experiencia, materia prima o rellenar la cuota de apariencia de “inclusión” de los indígenas. Muchos insisten en imponernos mentores como si nuestra existencia solo tiene sentido siendo discípulos.Hay centros de investigación o universidades que se mueven con habilidad para captar los nuevos discursos reivindicativos indígenas, campesinos y de mujeres, reproduciendo las jerarquías que afirman cuestionar. Sus dirigentes se hacen intocables a la crítica y cuando esto sucede se deshacen impunemente de los molestos indígenas no sin antes expropiar sus conocimientos. Sé de casos concretos algunos que han sido denunciados valientemente por investigadoras indígenas mujeres en la Universidad Rafael Landívar, otro caso mío acaecido en el 2013 al interior de la Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales (AVANCSO), y una lucha más librada en el Instituto de Estudios Interétnicos, comúnmente bajo la indiferencia de los colegas ladinos “con discursos solidarios” y mayas acomodados en esos espacios, con excepciones.

….. Debo decir, que hay colegas ladinos, mestizos y extranjeros que muestran su desacuerdo en que los conflictos y expulsión de los mayas de los centros de investigación se relacione con racismo pues ellos o ellas sin ser indígenas los han enfrentado también. Esto es cierto en parte, pero no hay que perder de vista, que las lógicas de las relaciones de poder, tocan el lado más vulnerable de los afectados. Es frecuente que a los indígenas, especialmente a las mujeres, se les grite, se les ningunee, se les dé órdenes, se les hable con imperativos, se les trate con indiferencia cuando no se les necesita, pero con una hipócrita deferencia cuando son necesarios. Por esta crítica un colega dijo en una oportunidad, “lo mejor entonces es no contratar indígenas, menos mujeres indígenas para evitarnos problemas”, y de hecho,hay quienes claramente optan por esta vía, me parece que es la más común. Estos académicos, orgullosos de su comportamiento “democrático” optan por ser neutrales, cuando se ha comprobado que los criterios de neutralidad, en sociedades que han generado desigualdades a partir de las diferencias –bien sean étnicas/raciales, de sexo/género y de cualquier otro tipo– generan efectos contrarios a los esperados: más que producir resultados igualadores perpetúan las desigualdades ya existentes.de sexo/género y de cualquier otro tipo– generan efectos contrarios a los esperados: más que producir resultados igualadores perpetúan las desigualdades ya existentes.de sexo/género y de cualquier otro tipo– generan efectos contrarios a los esperados: más que producir resultados igualadores perpetúan las desigualdades ya existentes.

….. Hay que recordar además que el racismo institucional no siempre es evidente, se da por reproducción de las condiciones, teniendo efectos tanto individuales como colectivos. Por eso, al retirarse la cooperación, que es la que sostiene en gran medida a los centros de investigación, ocurre que los espacios laborales se reducen, pero paradójicamente quienes van siendo expulsados son los indígenas principalmente las mujeres. A mi parecer el racismo en estos lugares se ha sofisticado, tiene formas perversas de operar y ocultarse.  Volviendo entonces a la pregunta ¿Qué he aprendido en la academia? He aprendido que el conocimiento, los métodos y las técnicas no son neutrales ni están fuera de las relaciones de poder. Por eso, nuestra experiencia como sujetos históricos indígenas, nos permite dar cuenta de las relaciones de poder y de dominación,desde otros lugares y perspectivas. Nuestra visión es fundamental para crear interpelando a la vez las formaciones ideológicas y epistemológicas dominantes, pero también a las jerarquías coloniales y patriarcales que subyacen a las condiciones de generación de conocimiento. He insistido en algo que me parece perfectamente posible si se quisiera: que nuestras voces alcancen un estatus dialógico; ni más ni menos.

2. Cuéntanos un poco acerca del trabajo de investigación que te encuentras llevando a cabo en este momento.

Lo último ha sido mi tesis doctoral en que me propuse problematizar la “naturaleza” del “trabajo doméstico” a la luz de las condiciones históricas, las estructuras sociales y de poder de las que forma parte. Exploré cual es el sistema de relaciones sociales en que las mujeres indígenas, en particular, son convertidas en “sirvientas”. En otras palabras busqué entender a qué tipo de organización social y a qué economía política responde esta forma de dividir socialmente el trabajo, que se basa en un método jerárquico y necesita de mecanismos de despojo para funcionar. La investigación me ha llevado a pensar que el “trabajo doméstico” contemporáneo en Guatemala, más que un empleo o categoría ocupacional, responde a una institución de servidumbre producida y normada en relaciones coloniales-patriarcales de poder. Esto significa que el encuentro,la interacción y la dependencia entre “patronas” y “sirvientas”, están inscrita en una “cultura de servidumbre” que normaliza las relaciones de dominación con que se configuran tanto la esfera pública como la privada. Así, la casa (el hogar o la familia) no es un espacio privado ajeno sino un ente conformado y conformador de la sociedad pues funciona de acuerdo a las lógicas organizativas, los imaginarios, los mandatos y las formas típicas de autoridad. Si la casa es un espacio de dominación privada es también un lugar donde esta dominación puede desestabilizarse, es por eso que el ideal “civilizatorio” deseado para las “sirvientas”, está enfocado a la fabricación de una buena trabajadora, o más bien, una “buena sirvienta”, pues esta disciplina busca mantener la estabilidad de la servidumbre frente a los mecanismos que la desafían.

….. El papel que las “sirvientas” cumplen en las casas, es el imaginario social deseado para los indígenas, las mujeres y los pobres en la sociedad guatemalteca. Pensar a la trabajadora como “sirvienta” y al trabajo doméstico como servidumbre, es una racionalidad compartida por la sociedad en su conjunto. Es decir, cualquier empleador puede disfrutar y por ello defender esta institución de servidumbre porque está configurada en su beneficio. Ser sirviente no es solo una situación laboral sino una condición racial/étnica y social, por eso “la sirvienta” y “el sirviente” pertenecen a un sector subordinado de la sociedad en tanto colectivo (como los pueblos indígenas o como pobres) y los patrones pertenecen al sector que gobierna (criollos, blancos, extranjeros, ladinos y mestizos).Esto mueve a pensar en cuáles son los mecanismos por los que los sirvientes son también los gobernados. Es allí donde la racionalidad patronal debe cuestionarse a la luz de cómo el sistema colonial organizó no solo el Estado, sino la sociedad y la vida misma.

3. Alrededor de los Acuerdos de Paz existió en Guatemala un importante movimiento maya. ¿Cuál es tu lectura de los espacios ganados y los aspectos más frágiles del mismo, a varias décadas de su emergencia?

Esta efervescencia de organizaciones y personalidades mayas dedicados a las reivindicaciones político-culturales ha pasado. Ahora vivimos otro tiempo en que hay una acción política intensa en las localidades que enfrentan procesos de despojo por la intrusión de proyectos extractivos. Muchos de estos movimientos locales tienen un fuerte arraigo histórico, reflejan una trayectoria de lucha política, es decir que no se articulan hasta ahora, por eso la realidad actual que amenaza la vida de sus habitantes genera caminos de convergencia en torno a la defensa común de la vida y del territorio. Pero me parece que hay luchas locales que retoman parte del legado de las organizaciones o el movimiento maya. El orgullo de ser mayas, tener un idioma, cultura, cosmovisión, espiritualidad y su definición como pueblo aporta a las ideas locales de autonomía que se están estructurando alrededor de la defensa del territorio. No estoy hablando con esto, de algo que fluye de arriba hacia abajo, para nada, al contrario, éstos movimientos locales se auto-convocan y aprovechan ideas producidas por el pasado movimiento maya. Esto no tendría por qué ser raro pues las organizaciones y el movimiento maya se alimentaron en su momento de lógicas comunitarias, políticas y culturales que forman parte de la vida social de los indígenas. Por otro lado, este encuentro no significa que los actores mayanistas estén vinculados a las luchas locales, algunos si lo están, pero a muchos otros se les ven distantes, otros incluso forman parte o se convirtieron en aliados de los gobiernos de turno que se relacionan con los pueblos indígenas a través de la represión. Existen personajes mayas que fueron cautivados por los discursos indigenistas retomados por el multiculturalismo más superfluo para quienes el reconocimiento de la cultura es la solución de todos los problemas de los pueblos mayas. Para ellos no resulta problemático que “lo maya” convertido en emblema se adapte a cualquier discurso, incluso el orientado al despojo y a la represión.

4. En las últimas décadas se ha hablado de una mayor participación de las mujeres indígenas en la vida social del país y de un mayor acceso de las mujeres a la educación. ¿Cuál sería tu valoración sobre esto?

Yo me atrevo a decir que “la participación de las mujeres indígenas” como se dice en la pregunta, ha sido una constante en la historia de este país. Aunque no abundan los registros del pasado, los pocos que hay, nos hablan de mujeres que siempre han cuestionado las formas de poder, pero que también por ello han sido reprimidas y forzadas a aceptar un “rol doméstico” o de reproducción privada, no tanto de su familia, sino de las familias no indígenas de este país. Los cuerpos y los poderes productivos y reproductivos de las mujeres indígenas y pobres han sido expropiados y colocados al servicio de la economía política colonial de Guatemala. Me parece que lo que ha habido en los últimos tiempos es una visibilidad y un reconocimiento incipiente de su participación.La promoción de su participación y quehacer político se da un contexto relativamente favorable para romper con esta condición de servidumbre impuesta por el mismo sistema que ahora piensa que nos da oportunidades. No nos dejemos engañar con esto. Recordemos que en las luchas actuales por la defensa del territorio las mujeres están a la vanguardia, defendiendo la vida, los territorios y los bienes naturales, creando comunidad y sociedad, es decir haciendo una política distinta e innovadora, pero han sido impunemente reprimidas, perseguidas, capturadas, porque el poder colonial y patriarcal las quiere ver sumisas.Recordemos que en las luchas actuales por la defensa del territorio las mujeres están a la vanguardia, defendiendo la vida, los territorios y los bienes naturales, creando comunidad y sociedad, es decir haciendo una política distinta e innovadora, pero han sido impunemente reprimidas, perseguidas, capturadas, porque el poder colonial y patriarcal las quiere ver sumisas.Recordemos que en las luchas actuales por la defensa del territorio las mujeres están a la vanguardia, defendiendo la vida, los territorios y los bienes naturales, creando comunidad y sociedad, es decir haciendo una política distinta e innovadora, pero han sido impunemente reprimidas, perseguidas, capturadas, porque el poder colonial y patriarcal las quiere ver sumisas.

….. El ejercicio de lo político en sentido amplio, no siempre está favorecido por la educación oficial, al contrario, la escolarización tiene la particularidad de promover el potencial económico de los cuerpos disminuyendo su fuerza política. Concuerdo en que ha ido aumentando lentamente la cobertura educativa aunque los métodos, la calidad y el sentido de ésta, sigue siendo agresiva y disciplinaria para las mujeres indígenas. Pero es lo que hay, y aprovecharlo es muy importante también porque estas herramientas nos sirven, si así lo queremos, para cuestionar y desafiar al mismo sistema conociéndolo desde adentro.

5. Se ha reflexionado acerca de las especificidades culturales que se nombran a sí mismas en Guatemala, es decir, que van más allá de genealogías propuestas desde espacios de poder, pero también del esencialismo, explorando la existencia de saberes específicos y de micropolíticas que escapan a una supuesta universalidad histórica. A la luz de lo anterior ¿crees que actualmente existen en Guatemala intentos de descolonizar el conocimiento desde las reflexiones y las obras de académicos e intelectuales indígenas?

Me cuesta comprender a que se le llama “especificidades culturales” ¿Qué es lo que le da a algo, la categoría de específico? ¿Su minorización o marginalidad? En este sentido yo diría que los indígenas no somos una especificidad cultural. Utilizando estas mismas categorías podríamos pensar en que hay muchas especificidades que se han impuesto como universales, pero son eso, especificidades que tienen el problema de pensarse a sí mismos como universales. Esta es claramente la raíz de lo colonial, que una especificidad se coloca como universal y domina.

….. Sobre los intentos de descolonizar el conocimiento, me parece que es a los indígenas actores políticos y académicos, a quienes más nos ha interesado hablar de ello últimamente. Quienes no son indígenas con raras excepciones, no lo tienen como prioridad ¿por qué? este es otro gran tema. Los académicos e intelectuales tanto no indígenas como mayas que hablaron de Guatemala como una sociedad colonial hace cuatro o tres décadas no tuvieron una interlocución que permitiera debatir sus ideas. Pero ahora, hay un fenómeno que llama mi atención. De pronto en Guatemala se empieza a hablar de colonialidad, una tendencia que se ha vuelto novedad en toda Latinoamérica, y es propuesto por académicos no indígenas quienes por su posición de poder en la generación de conocimientos han llegado hasta nosotros. Estas producciones son valiosas, necesarias, indudablemente; sabemos que son voces del sur en el norte, pero lo curioso es que se las recibe en muchos lugares de Latinoamérica como voces del norte para nuestro sur, porque no se les da una categoría dialogante, sino se les otorga exclusividad o superioridad en el análisis de lo colonial, subordinando o ignorando las producciones locales. Basados en estos estudios, de pronto se habla de la condición colonial de Latinoamérica frente a EE.UU o Europa, pero se deja de lado el colonialismo interno y su conexión con el colonialismo externo. De pronto surgen intelectuales,académicos o artistas no indígenas de los países del “tercer mundo” que se sienten colonizados frente a sus colegas del norte, pero ¿en qué momento van a revisar y cuestionar su posición de poder como no indígenas al interior de sus países?

….. Por las lógicas del conocimiento colonizado que hemos heredado, es habitual que para entender nuestras realidades miremos primero hacia afuera, o quizás exclusivamente hacia un exterior a quien concedemos autoridad. Esto ha pasado ya con las teorías de izquierda y feministas. La problematización de lo colonial desde los investigadores indígenas en Guatemala, sigue teniendo poco eco, pero seguimos pensando en ello. Esa es una prioridad de nuestro pequeño colectivo como Comunidad de Estudios Mayas. Nuestra insistencia es pensar el colonialismo como una realidad contemporánea, activa, contestada también; quizá esto nos diferencia de investigadores ladinos, mestizos o extranjeros que estudian Guatemala, que ven el colonialismo como una época pasada. De manera que si existen esfuerzos por descolonizar el conocimiento desde los indígenas,pero nos encontramos con que el medio nacional en que se mueven nuestras ideas, terminan relegándolas más rápido que dialogando con ellas, porque nuestro lugar en la investigación es la del sujeto subalternizado. Además nuestro intento de pensar con autonomía o independencia se ve afectado por la costumbre de querer vernos tutelados. Por eso, no se puede descolonizar el conocimiento sin destruir al mismo tiempo las jerarquías raciales y las relaciones de poder que lo soportan.no se puede descolonizar el conocimiento sin destruir al mismo tiempo las jerarquías raciales y las relaciones de poder que lo soportan.no se puede descolonizar el conocimiento sin destruir al mismo tiempo las jerarquías raciales y las relaciones de poder que lo soportan.

6. Dentro de las reflexiones contemporáneas acerca de la etnicidad existen diferentes posiciones, algunas de ellas contrapuestas de manera radical. Algunos prefieren hablar desde un esencialismo que pareciera estar mediado por una posición política de reivindicación de lo Maya ancestral; otros, sin embargo, reflexionan sobre la identidad desde posiciones menos rígidas. ¿Crees que actualmente podría hablarse de nuevas identidades indígenas? Y ¿cómo se sitúan las mujeres dentro del marco anterior?

Efectivamente hay posiciones rígidas, como ustedes dicen, de entender el ser maya, hay otras más fluidas y otras más pluralistas. Muchas mujeres, yo soy una de ellas, hemos criticado las posiciones rígidas porque éstas lo que hacen es negar la historia que nos ha producido como mayas. En aquel tiempo en el estudio “mayanización y vida cotidiana”, opiné y lo sigo sosteniendo, que nos unificaría más una identidad política como mayas, que una identidad cultural en sentido limitado. Opino que las posiciones rígidas no están solo en las mujeres y hombres mayas, he visto a hombres y mujeres ladinos, mestizos y extranjeros que difunden estas ideas rígidas, que podríamos definir como esencialismo, limitando la posibilidad de que las y los mayas podamos construir en pluralidad. Lo que hacen es usar su autoridad,para legitimar una corriente con la que ellas o ellos se sienten a gusto. Esto me parece muy peligroso porque están interviniendo directamente en nuestra libertad para crear desde la heterogeneidad que es donde me parece que se puede construir. Pienso que reconocer que somos heterogéneos y hacer intentos de construir desde allí, nos permitirá también desligarnos de las ideologías conservadoras y monistas de las que también somos herederos.

Nota: Extracto de entrevista realizada el 31 de marzo del 2014, por Anabella Acevedo y Rossina Cazali, denominado “Conversación con Aura Cumes”, publicada en Revista, Bienal de Arte Paiz.

Fotografía: Carla Molina, 2018.

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Genocidio y Memoria

Élites anticomunistas: un retrato de la crueldad

Por Aura Cumes

Lo que se obtiene con violencia, se defiende con violencia dijo M. Gandhi. Esta frase queda como anillo al dedo a las élites que, una vez más, han obstruido el camino de la justicia, invocando al comunismo y al anticomunismo. Para estas élites parece que el mundo no camina. Su actitud cínica de justificar violaciones, mutilaciones, horrendos asesinatos, exterminio de comunidades mayas y rurales, como una heroica manera de acabar con el comunismo y defender la patria, solo agrega más sentido a su extraordinaria brutalidad. Así exhiben que se nutren del autoritarismo, del anticomunismo y del racismo, lo que les impide construir una verdadera nación e imposibilita que otras y otros la construyan. Cual amos medievales siguen fincando su poder en “el derecho” de matar para arrancar obediencia. Es así como se han relacionado con el pueblo maya, xinca, garífuna y con las poblaciones ladinas empobrecidas y rurales.

….. Esta tenebrosa élite ha demostrado por sí misma que no es apta para gobernar, pues constituye un verdadero atentado contra la vida. Así ha minado la existencia del grandioso pueblo maya y eliminado la valiosa vida de tantas revolucionarias y revolucionarios. Sabemos que estas élites son un peligro para la vida y sin embargo gobiernan, extremo que solo lo permite la forma perversa que ha tomado la política en Guatemala. Son además consentidos por quienes se han dejado seducir y han metabolizado sus premisas como única forma de “vivir en sociedad”. En países donde no conocemos más que dictaduras es fácil conceder a los tiranos, el derecho a gobernarnos.

….. Lejos de gobernar, estas élites deberían ser enjuiciadas por la descomposición social que han provocado en Guatemala. El ejército fabricó individuos autómatas penetrando profundamente en sus psiquis, dirigió con terror la polarización de la sociedad, sembró el miedo y el silencio. Como instrumento efectivo fomentó una virilidad asesina en los hombres instruidos como kaibiles, en los reclutados forzosamente como soldados y en los convertidos en patrulleros. Su fin fue crear seres impávidos, duros y sanguinarios que al torturar reprimieran cualquier signo de compasión y que al matar imitaran a las fieras y a las aves de rapiña. Hay hombres cuyas vidas no quedaron atrapadas en este macabro aprendizaje, pero los hábitos de muchos otros, han sido marcados por esta experiencia, cuyo costo lo sufren ahora tantas mujeres violentadas, niñas y niños agredidos.

….. Uniendo guerra fría y colonialismo interno, anticomunismo y racismo, el ejército aplicó sistemáticamente procedimientos de diferenciación y separación entre “indios buenos” e “indios malos”, estos últimos entendidos como subversivos, comunistas e insurgentes, aniquilados a partir de la sospecha. Así lo da a entender el mismo Otto Pérez Molina en la entrevista dada a Fernando del Rincón en CNN el 10 de mayo pasado. Cuando el entrevistador preguntó qué quiso decir -en 1982- al afirmarle al periodista Allan Nairn: “todas las familias están con la guerrilla”, Pérez Molina vociferó que “En el 82, la facción de la guerrilla…EGP involucró a las familias completas. No respeto edades. Desde los ancianos hasta los niños más pequeños, les pusieron pseudónimos. Tomaron el poder local…”.

….. De esta fácil verborrea del actual presidente solo destila una condenable irresponsabilidad. Cuando extrañados, dicen que no hubo intención de desaparecer a un pueblo, raza o etnia determinada, no se dan cuenta que están exteriorizando lo peor de su verdad. Lo vejatorio está precisamente en esa falta de voluntad, en la facilidad, en la normalidad con que se asesina a los indígenas. Así pues, la aversión al comunismo se consumó, aunque no solo, exterminando comunidades mayas, pasando por los más crueles mecanismos de muerte a niños, mujeres, ancianos y hombres desarmados.

….. El anticomunismo desde el Estado, hizo una guerra planificada contra la guerrilla, pero paralelamente permitió que se cometieran atrocidades que siempre se había deseado contra “los indios” por ser “indios indeseables”. Desviar el castigo contra el comunismo hacia “los indios”, daba también la impresión de mayor efectividad pues se magnificaba al enemigo. Eso generaba simpatía en determinada población especialmente urbana, criolla y ladina, insensibilizada ante la existencia y la muerte de “los indios”.

….. Lo amargo es enterarse de cómo ciertos individuos de izquierda que jamás se han interesado en pensar con seriedad lo que significa ser tratado como “indio” o “india” en este país, pasaron por alto como se había encarnado en la sociedad, la historia colonial. Pero la paradoja es actual cuando coinciden con los simples versos del anticomunismo: “a los indios se les mató por guerrilleros y no por indios”. Con ello quieren conminarnos al silencio para “evitar polarizar a este país”. Ojala podamos construir una memoria lo suficientemente vívida, crítica y autocrítica, para que esto, no se repita en nuestra historia.

….. Así como no son aptas para gobernar, estas élites han confirmado que tampoco tienen liderazgo moral e intelectual. Es común que al hablar evidencien que el pensamiento, el razonamiento, el sentido de la justicia y de la libertad no son lo suyo, lo son eso sí, el rumor y la propaganda para encender miedos, odios y agitar emociones violentas. Para muestra, un profesor que se dice así mismo liberal, se da el lujo de congratularse con Ríos Montt porque “él hizo en los años ochenta lo digno y lo apropiado” (Elperiódico 22/05/13). Sin el más más mínimo razonamiento respalda hechos tan atroces. Sus palabras llenas de odio, impregnadas de las elementales emociones distan de ser las de un profesor digno, menos culto, sin embargo “enseña” en un espacio que, en este país, quedó perfecto a su pensamiento retrógrado. No me extraña que se atreva a condenar la injerencia extranjera, cuando él es el fiel ejemplo de lo que detesta.

….. ¿Qué podemos aprender de estas élites? Nada. Hay graves males que el dinero no cura. Ellos tienen sobradas condiciones para crear pensamiento, ciencia, arte, literatura, música, innovaciones políticas y tecnológicas en un país con el extraordinario privilegio de la pluralidad. Pero no, estas élites ensimismadas solo saben de sangre, de armas y de violencia, solo conocen de represión, saqueo y depredación. Y así pretenden “instruirnos”, “conducirnos”, “moralizarnos”, “civilizarnos”. Nunca es tarde para que reconozcan que sus métodos medievales y sanguinarios jamás levantarán al país, al contrario lo hundirán más como pasa en estos momentos. Por eso, usamos nuestras palabras para decirles, que su crueldad es algo inconcebible en nuestras vidas. Su brutalidad no cabe en la existencia de quienes si queremos celebrar la vida, no como un castigo, sino como un evento hermoso y fecundo.

Guatemala, 31 de mayo del 2013.

Fotografía por Carla Molina

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