Yo no votaré

Por Aura Cumes

Dra. Aura Cumes
Aura Cumes: Pensadora, escritora y activista Maya Kaqchikel.

Aunque no haga diferencia alguna, no votaré por dignidad. A pesar de que sufriré las consecuencias de las “decisiones” de los demás, no votaré por dignidad porque lo mismo me ha pasado cuando sí he votado. La última vez que voté, sentí que me estaba engañando a mí misma y cooperando con esta farsa llamada democracia que con el voto nos hace responsables de un sistema sobre el cual no tenemos un control real.                       

……….No votaré porque no creo en este sistema democrático-depredador ni en el Estado-colonial que lo promueve. No me alienta el cambio de piezas ni de actores, porque la historia ha demostrado que no marcan diferencias sustanciales, cuando los poderes reales y las estructuras que permiten su arraigo siguen sin ser tocadas. Tampoco creo que la solución sea pluralizar este Estado-colonial.

……….Debido a su misma “naturaleza”, este Estado, lejos de representarnos, ha demostrado ser el principal enemigo de los Pueblos Indígenas, por eso, salvo algunos, las y los indígenas que llegan a él como alcaldes, diputados, ministros o funcionarios gubernamentales de cualquier tipo, se vuelven enemigos de su Pueblo, al que venden con tanta facilidad para lamerle las botas a los poderes reales.

……….En estas circunstancias, votar, para mí, es otra forma de cooperar con el sistema del verdugo. En vez de ello, quizás sea más importante dedicarnos a construir y defender otras formas de autogobierno bajo horizontes de autonomía, algunos de las cuales existen a pesar del Estado y han demostrado, con todas sus contradicciones, ser más funcionales que el mismo Estado.

……….Nunca debemos olvidar que somos Pueblos muy antiguos, que pre-existimos al Estado, por lo tanto, nuestros antepasados construyeron formas de vida y coexistencia con las cuales es posible dialogar para iluminar nuestro presente y futuro.

……….Antes de creer en el Estado como la única forma posible de organización política, me parece vital que como Mayas dignifiquemos nuestra existencia milenaria y la autoridad que nos da el sostener la economía de este país, para exigir y construir un trato horizontal y equivalente, que nos permita hacer pactos de coexistencia que sustituyan los vínculos de sometimiento que ahora tenemos.   

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Racismo como violencia y como dispositivo de control colonial

 Por Edgar Esquit

En la reciente presentación del libro “Diagnostico sobre formas contemporáneas del racismo en Guatemala” de la autora Aura Cumes[1], realizada el 21 de marzo del presente año en Guatemala, se conversó sobre las distintas maneras en que se estructura el racismo en este país. En el texto comentado, se destaca la definición de racismo que esboza la organización Tz’ununija’[2] declarando que éste es una forma de violencia. Dicha organización plantea que su definición está basada en la experiencia y la lucha política de las mujeres indígenas. En este sentido, la construcción conceptual no surge de un análisis académico sino de historias personales y grupales de mujeres a quienes se les ha colocado en un lugar de subordinación específico pero que, al mismo tiempo, han luchado por construir sus propias identidades en un campo social definido.

……….Se puede observar que las voces de las mujeres de Tz’ununija’ y de muchas otras que no son partes de este movimiento, enfatizan los impactos del racismo sobre la vida y los cuerpos de quienes lo sufren. Dichas mujeres no se centran en asuntos como las formas cambiantes del racismo, la vinculación del racismo con la historia mundial o el lugar de la cultura en la reproducción del racismo contemporáneo, solo para presentar algunos tópicos analizados en otros ámbitos políticos y académicos. En cambio ellas construyen su proyecto epistémico y político de liberación usando sus propios conocimientos y su capacidad para reflexionar sobre el pasado y el presente.

……….Si tomamos la perspectiva de las mujeres de Tz’ununija’ como línea general de una discusión, se podría decir entonces que la historia del racismo, visto por las mayas, es la historia de relaciones basadas en la violencia, que se ejerce para crear la condición de imposibilidad, que luego o al mismo tiempo, tiene un vinculo estrecho con el despojo capitalista y colonial. Desde la perspectiva de muchas mujeres y hombres mayas el racismo busca la inanición y la anulación de los mayas, así como de su espacio vital, para que el colonizador entre en un proceso de sustracción de las energías y los recursos que se han acumulado para reproducir la vida de personas, familias y de las comunidades. Así, la violencia de los discursos, de las palabras, de las acciones físicas y políticas contra los hombres y las mujeres mayas finalmente buscan el robo de la fuerza de trabajo, el territorio, los recursos que están bajo el control de las personas y comunidades mayas.

……….A lo largo de su historia colonial los mayas han discutido, protestado o cuestionado el racismo y casi siempre hablaron de esta condición en términos de sufrimiento, maltrato o aflicción. Las reacciones frente al racismo y el despojo han sido múltiples; en la historia de los pueblos indígenas se pueden visualizar desde las grandes rebeliones hasta las protestas locales y cotidianas, tanto en la época colonial como en los tiempos de la república. Estos levantamientos no fueron unívocos sino estuvieron vinculados a intereses múltiples que fueron económicos, políticos, el resguardo de territorios pero también fueron luchas por la dignidad de las personas. Muchos de los levantamientos indígenas intentaron terminar con el maltrato, el irrespeto, la violencia que diversos grupos dominantes ejercían sobre trabajadores, vecinos o cualquier persona en condición subalterna. La búsqueda de un tratamiento humano para los mayas, fue un factor importante que movilizó las mentes y cuerpos de personas en espacios distintos.

……….El impacto del racismo sobre los mayas ha sido tan penetrante que inclusive en los idiomas mayas se han generado una serie de conceptos que dan forma a la idea de racismo vinculado a la violencia. Se puede mostrar que en idioma kaqchikel se adaptó una noción importante para definir este tipo de relación. Poqonal (sufrimiento) es una palabra que se asocia a la condición colonial que viven los mayas y de esta manera, con la angustia que experimenta el sujeto indígena que continúa bajo el poder colonial. En la segunda parte del siglo XX, poqonal sigue siendo importante como una forma de describir el racismo, no obstante, el concepto discriminación también tuvo un lugar para nombrar las relaciones de violencia y segregación que grupos ladinos habían establecido sobre las mujeres y los hombres mayas en cabeceras municipales y en ciudades. A finales del siglo XX sin embargo, muchos mayas han tomado el concepto racismo como una noción importante para nombrar la violencia histórica y actual que se define desde el poder estatal y en la vida cotidiana de los mayas en las comunidades y en el país en general.

……….Visto de esta manera, lo que se podría entender como racismo estructural, sería la forma en que se organiza el gobierno sobre un territorio que es entendido como penetrable y sobre una población diferenciada y definida como inferior. La forma en que se hace el gobierno sobre éstos, está vinculada a la organización de un sistema legal, educativo, a la formación de una burocracia, a los sistemas de trabajo y a una economía política que busca apropiarse de la fuerza y los bienes de unos seres considerados menores. Se habla entonces sobre los mecanismos que el gobierno implementa para extraer la vida de los sirvientes que moran en este espacio determinado. Si esto es así, entonces el gobierno en Guatemala está estrechamente vinculado con la violencia, es decir, el gobierno es un aparato para moldear con la fuerza las vidas de los mayas y de los indígenas en general.

……….El gobierno en un país como Guatemala, se establece como un sistema de control basado en el racismo. Esto significa que los gobernados son controlados y disciplinados mediante diversos procedimientos mediados por el terror, la intimidación o la muerte porque se ejerce control sobre seres considerados limitados en términos biológicos, espirituales, religiosos, culturales, etc. La tutela sobre comunidades indígenas se establece sobre la misma lógica; en el siglo XIX se expropiaron las tierras de las comunidades o se restringió la participación de los indígenas en las municipalidades bajo el argumento de que éstos no sabían cultivar racionalmente la tierra y al mismo tiempo desconocían los procedimientos correctos para dirigir el gobierno local. En su proceso el racismo, con su violencia, destruye la vida humana y en este sentido también a la persona y a la comunidad como cuerpo político indígena. Tanto la persona como la comunidad son destruidas en su lucha por la autodeterminación pues el Estado, como se ha mencionado, busca extraer las energías que se reproducen en ellas. Usando el racismo, el gobierno busca colocar en su lógica de dominación la fuerza política de personas así como el poder de la comunidad. Para lograr sus fines, el Estado no solamente construye aparatos racistas sino también difunde una visión del mundo plagada de jerarquías y entretejida con nociones, símbolos, actitudes y conceptos que se asocian con un imaginario de blancura y otro de repugnancia.

……….De esta manera, el racismo sigue siendo un poder disciplinar. Desde las visiones racistas los indígenas o los mayas, en tanto inferiores necesitan ser disciplinados para que sigan en su lugar subordinado.  Lo que en Guatemala, se conoce como respeto, acatamiento, deferencia, cortesía, en muchos sentidos son productos de un proceso complejo de disciplinamiento racista que se re-produce en diferentes espacios de la vida cotidiana, institucional o en el trabajo. Inclusive la ciudadanización del indígena está construida a partir de nociones racistas que definen un individuo que acata la ley, que respeta a la autoridad, que no traiciona a la nación y al Estado. El indígena como ciudadano debe ser un ser disciplinado porque de lo contrario, su acción política será fácilmente definida como crimen. La indisciplina de los indígenas es sancionada con violencia y con castigos individuales y colectivos que buscan dar una enseñanza o un escarmiento. Así, tanto ser mozo como ciudadano son formas de disciplinamiento que golpean pero que también moldean de manera individual y colectiva tanto la subjetividad como la vida política de personas y comunidades mayas.

……….Finalmente, si el racismo es una herramienta o un dispositivo de gobierno, entonces es posible pensar que su fin último no es destruir a los gobernados sino controlarlos. Su propósito, es colocar a los gobernados dentro de una lógica de obediencia. El gobierno de Guatemala al usar el racismo llega al genocidio, en este caso, dicha acción se torna en un dispositivo que pretende mostrar la capacidad de fuerza del Estado o del gobierno. El genocidio busca dar un escarmiento colectivo para que todos los sirvientes, subordinados e insubordinados, re-conozcan el poder de los patrones es decir, los finqueros, los militares o el dictador de turno. Así, el genocidio, en determinados momentos y lugares, se vuelve una fuerza colosal o descomunal para destruir la vida indígena, pero al mismo tiempo para construir la dominación sobre los inferiores, sobre los seres colonizados. De esta manera, a lo largo del tiempo, se obtiene o se logra una estabilidad para extraer nuevamente la fuerza o la energía de las personas y de las comunidades mayas.

[1] Cumes, Aura. (2019). Diagnóstico sobre formas contemporáneas del racismo en Guatemala y breve esbozo sobre el racismo en Centroamérica y México. Guatemala, Guatemala. Movimiento de Mujeres Indígenas Tz’ununija’.
[2] Movimiento de Mujeres Indígenas Tz’ununija’ es una organización de mujeres indígenas de Guatemala que surgió en el año 2002 y que hace cinco años logró un trabajo más orgánico. Fue constituido por mujeres que participaron de diferentes maneras en los procesos de discusión de los Acuerdos de Paz en Guatemala, en la década de los noventa, del siglo XX. Tz’ununija’ alude a un personaje del Popol Wuj, pero también al colibrí como un pájaro que esparce semillas, las que germinarán en algún momento y lugar.

 

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Las confesiones del “carnicero” y “la condición humana”

Dra. Aura Cumes

Las confesiones del “carnicero” y “la condición humana”

Por Aura Cumes

En su novela El sueño del celta, el escritor Mario Vargas Llosa narra la vida de Roger Casement, un irlandés que documentó horrendas atrocidades cometidas por los colonizadores belgas contra los habitantes del Congo y los ingleses contra los pueblos originarios en la Amazonía entre Perú y Colombia. Tales hechos ocurrieron durante la llamada “fiebre del caucho” en la última parte del siglo XIX y los inicios del siglo XX. Los colonizadores usaron indescriptibles formas de crueldad, masacrando, mutilando cuerpos, cortando orejas, narices, piernas y manos. Los registros visuales siempre son poderosísimos. Sin contar los muertos, las fotografías muestran a niñas, niños y adultos vivos, sin brazos o con otras partes de sus cuerpos cercenados y con profundas cicatrices, como resultado de las torturas y castigos ejemplificantes a quienes se rebelaban o no cumplían con la tarea de caucho exigidas por la voraz industria colonial.

….. Ahora, me remito a otro ejemplo tan brutal como el cometido por los colonizadores, con la diferencia que éstos los ejecutaron masivamente, hablo del asesinato de la joven señora q’eqchi’ Alejandra Ico Chub, por parte de su pareja Mario Tut Ical, también q’eqchi’[1]. En un video que circulo en las redes sociales, que no fui capaz de mirarlo, una persona gravó y difundió los momentos de agonía de Alejandra luego de que su pareja cercenara su cuerpo de una manera inmensamente cruel. Días después habitantes de otra comunidad encontraron al supuesto asesino apodado “el carnicero” quien confesó los hechos cuando era rodeado por periodistas locales. De una manera sumamente fría, narra con detalles los motivos grotescos que lo llevaron a destruir el cuerpo de Alejandra hasta privarla de su existencia, dice que lo hizo por “celos”.

….. Cuando nos encontramos frente a hechos tan espeluznantes, donde pareciera que la crueldad humana ha llegado a sus límites, y si estos llegan a sorprendernos, nos preguntamos, quienes fueron capaces de cometer tales brutalidades, qué los condujo a ello o por qué lo hicieron. Decapitar, cercenar cuerpos, cortar lenguas, cortar narices, cortar manos y pies, violar a las mujeres, estrellar cabezas de niños en piedras, abrir vientres como ya lo había narrado Bartolomé de las Casas en el siglo XVI, lo repite Europa en los lugares que coloniza, pero también lo volvimos a vivir en estas tierras durante el “Conflicto Armado Interno” (1962-1996); fueron métodos usados por el Estado guatemalteco a través del ejército, contra miles de mujeres y hombres de todas las edades. Estas formas de muerte, se vuelven a aplicar ahora contra campesinos e indígenas hombres y mujeres asesinados o apresados por defender su territorio frente a la voracidad de empresas que buscan imponer sus proyectos extractivos a toda costa en esta otra faceta de saqueo colonial.

….. Mientras Vargas Llosa hablaba de su libro, una periodista le pidió que explicara sobre por qué consideraba que su novela histórica era también un retrato “de la condición y de la maldad humana”, y si es que acaso la “maldad” es algo intrínseco a los seres humanos. La respuesta del escritor es lo que me interesa hacer notar; argumentó que todo esto es una prueba de que hasta las sociedades “civilizadas”, “cristianas”, “cultas” llegan a convertirse en “bárbaras” y “salvajes” en determinadas condiciones. De hecho, Casement, el héroe de su novela, viajó al Congo y a la Amazonía para ver cómo “la generosa” y “la cristiana” Europa civilizaba a esas “tribus caníbales”, “paganas”, que vivían en la “edad de piedra”; esos que sometían a sus mujeres y a sus niños a horribles castigos. Pero lo que vio lo horrorizó, y reconoció que “la barbarie” y “el salvajismo” colonial eran infinitamente peores que el supuesto canibalismo y los sacrificios humanos, que se atribuía a indígenas y negros.

….. Los mitos coloniales son poderosos, estos han usado el racismo para imponer ontologías diferentes a las gentes. Por ejemplo, Vargas Llosa plantea que, los europeos “civilizados” solo se convirtieron en “bárbaros” en situaciones de impunidad, en momentos y lugares donde no había ley, y por eso, tanto en este caso, como en otros, esos “cristianos”, esas gentes “educadas” han cometido atrocidades. Mientras tanto, cuando se observan hechos como el asesinato de Alejandra y otros casos, inmediatamente brota la ontología racista impuesta contra los indígenas, “así son ellos de salvajes y bárbaros”, en las subjetividades de quienes así piensan, no existen las condiciones como las que Vargas Llosa atribuye a los europeos “civilizados”. Estos mitos coloniales funcionan como mecanismos de ocultamiento de las atrocidades cometidas por los “civilizados” para magnificar el horror de las atrocidades cometidas por los “barbaros” y volverlas “naturales”, “tradicionales” y “culturales” ante los ojos ajenos y propios. Darle la espalda a la historia es eficaz para el poder.

….. Al mismo tiempo que los belgas y los ingleses saqueaban el Congo y la Amazonía, destruyendo irreparablemente la vida de sus habitantes nativos, los alemanes lo hacían en Las Verapaces también bajo el disfraz de “civilizar” a los indígenas cuyos ancestros habían sobrevivido a la colonización española. Con similares crímenes a los descritos, arrebataron las tierras a los q’eqchi y poqomchi’, los ataron a las fincas cafetaleras como esclavos y siervos, creando mecanismos para hacerlos dependientes, inclusive vendiéndolos como parte de las fincas todavía a principios del siglo XX. Una implacable violencia ha sido la respuesta contra quienes han mantenido la esperanza de ser nuevamente libres, recuperando sus tierras, tal como ocurrió durante la Reforma Agraria en la década de 1950 y en los años del Conflicto Armado Interno. En el área q’eqchi’ y poqomchi’ la finca ha sido el Estado y el Estado ha sido la finca donde los patrones españoles, luego alemanes, después ladinos, ladinizados, mestizos y también nuevos extranjeros blancos, gobiernan y siguen robándose las tierras y las inapreciables riquezas de ese territorio cuidado milenariamente por los q’eqchi y poqomchi’. En esta nueva fase colonial, grandes plantaciones de monocultivos de palma “africana” invaden los territorios donde antes vivían las familias indígenas, sustituyen bosques de una biodiversidad increíbles, y ríos de gran historia milenaria son perseguidos para ser apresados a toda costa por la ambición de la instalación de hidroeléctricas cuyo fin último es el lucro desmedido.

….. En Alta Verapaz hemos visto en repetidas ocasiones arder y consumirse en las llamas la vida de comunidades completas en los desalojos. Las víctimas son los descendientes de aquellas familias cuyos colonizadores los hicieron dependientes pero los desechan cuando les perecen inservibles. La vida diaria privada y pública muestra de manera impactante las hondas jerarquías que se viven, como consecuencia de la trama colonial creadas a fuerza de la violencia. Se ha herido gravemente el sentido de equivalencia entre personas, y las relaciones humanas se comprenden y establecen a partir de un entrelazamiento de jerarquías raciales, sexuales y de clase. Por ejemplo, he visto a “patrones” y “patronas”, en las fincas y en las casas, golpear a sus “mozos” y “sirvientas” de manera similar a como lo hacían los esclavistas con sus esclavos. He visto en hoteles, restaurantes y tiendas gente que tira agua a los indígenas para castigarlos, que los saca a empujones de algunos espacios, o los “arrean” como a perros; tales prácticas ocurren también en juzgados, hospitales y otras instancias públicas. He visto a choferes que hacen levantar de sus asientos a mujeres indígenas ancianas para darle el lugar a ladinas y éstas últimas aceptarlo con absoluta impunidad. He notado también, con gran tristeza cómo indígenas urbanos reproducen con las y los indígenas del área rural y de las fincas, lo mismo que hacen los ladinos. Ha sido difícil solo aplaudir el trabajo en contra de la violencia hacia las mujeres que organizaciones ladinas realizan, cuando éste está infestado de racismo contra la gente q’eqchi y poqomchi’ y no se quiere reconocer, menos aún superarlo.

….. En el área q’eqchi’ las jerarquías y la violencia de la finca organizan la vida diaria. Un hombre q’eqchi’ me relató lo siguiente, que ilustra perfectamente la manera en que operan tales jerarquías, “El patrón te puede pegar una patada, una manada, un jalón de oreja o un empujón, pero como dice él, aquí tenemos nosotros autoridad, ustedes me pertenecen, si no es así ustedes son desobedientes, respondones y huevones; tenemos que hacerles como se hace con los bueyes, hay que puyarlos. Es como la autoridad que ustedes deben tener con sus mujeres y con sus hijos sino les obedecen, ustedes son los dueños, los propietarios pueden mandar en su casa”. Que gran coincidencia tienen estas palabras con la filosofía aristotélica que defendió el teólogo Ginés de Sepúlveda frente a Bartolomé de las Casas, cuando dijo:

“[…] algunas especies humanas están hechas para mandar sobre otras. Ellos [los indios] son esclavos por naturaleza. Ellos son de otra especie, son de otra categoría y nacieron para ser dominados. Es el orden natural establecido para el bien general, como la forma determina la materia, como el alma domina al cuerpo, como el hombre domina al animal, como el esposo domina a la esposa, como el padre domina al hijo. Es el orden natural establecido para el bien general. Aquel que nació esclavo cuando está sin su amo se encuentra perdido, desaparecería de esta tierra”.[2]

….. En todo el país, y en lugares como Alta Verapaz, no es común pensarnos como iguales o como equivalentes, como ya lo he dicho. Es en este contexto donde Alejandra es asesinada por su pareja. “El carnicero” expresa con total frialdad cómo ella tuvo la culpa porque “se metió con otro” y no había sido la primera vez, según él. Por eso, esta vez, haciendo uso de su excesivo poder machista de hombre “engañado” le dijo “ahora si te llevó el diablo” y la asesinó de la manera que ya sabemos. Este hombre se sentía dueño o propietario de Alejandra, como lo sienten muchos en nuestros contextos. Fue terriblemente impresionante leer los comentarios en las notas de prensa donde muchos hombres aplaudieron el hecho diciendo que lo que hizo el asesino confeso “está muy bien”, que así debía tratarse “a las mujeres infieles”, que “jamás una mujer debe engañar a un hombre”. La idea de propiedad y de posesión que no es cosa menor, es un vínculo esclavista, habla sobre la falta de autonomía no solo de las mujeres, sino también de los hombres quienes de esta manera demuestran que están formados como seres carentes y que su poder depende de extraer el poder de las mujeres. Esto es fácil notarlo cuando “su honor” o “dignidad” no depende de sí mismos, de sus méritos ni de su ética de vida, sino del “comportamiento de “sus” mujeres (esposas, hijas, madres).

….. En sociedades patriarcales, el poder de las mujeres es arrebatado ya sea con violencia o con dominación afectiva que solemos confundir con las ideas del “amor romántico”. Lejos estamos de establecer una relación entre seres equivalentes, como tendría que ser. Por esto, el sentido de propiedad o de posesión es un asunto de salud pública, una pandemia antropológica porque aquí se sustenta la recurrente violencia cotidiana contra las mujeres y facilita la comisión de femicidios. Se supone que la responsabilidad del Estado es la defensa del bien común de la totalidad de la población, pero ha sido el mismo Estado en tanto maquinaria de poder de las razas dominantes, el que en muchos momentos de la historia ha construido los graves desequilibrios de poder que ahora vivimos o los ha aprovechado para controlar a la población indígena, tal como ocurrió durante el “Conflicto Armado Interno”, donde la violencia sexual se usó como estrategia de represión y de genocidio. Miles de mujeres sufrieron lo que pasó a Alejandra, pero los perpetradores no fueron sus parejas, sino el ejército y los paramilitares en tanto fuerzas del Estado.

….. Fue también impactante la manera en que los periodistas, que asumo que eso eran, hacían las preguntas al señor Mario Tut Ical. Salvo excepciones lo trataron de “vos”, tal como hace cualquier patrón con su sirviente. Su trato destilaba racismo y sus preguntas contenían una curiosidad morbosa por saber por qué un “indiosalvaje” mata a una ”indiasalvaje”, más que por entender el hecho y comunicarlo como periodistas. Por la manera en que trataron al señor Tut Ical, se podía percibir que ellos se imaginaban frente a una “bestia” acorralada, una “bestia” que “nació bestia” y debe “morir como bestia”. Por eso, hay que salir de la trampa de explicar el crimen de Alejandra, como muchos otros, y de la violencia contra las mujeres indígenas, desde el campo de la cultura o de la ontología indígena, para reconocer que somos producto de una historia de violencia colonial-patriarcal que no acaba. Lo más terrible de las formas de dominio, decía Fanon es cuando el colonizado vuelca la violencia colonial que lo atormenta día con día, contra sí mismo y contra los suyos. En cada una de las heridas que Mario Tut Ical acertó en el cuerpo de Alejandra se sintetiza la furia de un individuo en cuya existencia se inscribe una trágica historia de violencia y de saqueo que al mismo tiempo replica; a pesar de ello tenía también la posibilidad de decidir no hacerlo.[3]

….. La “naturaleza” y la condición humana de los “blancos” de los “indios” y de los “negros” es la misma, pero la falacia “civilizatoria” de los colonizadores ha sido tan exitosa para que puedan salir sin responsabilidad de sus horrendos crímenes y de la terrible destrucción que han causado en nuestras vidas de cuyas secuelas no nos recuperamos porque la colonización es una realidad actual. Las súplicas de Alejandra no fueron suficientes para que su cruel victimario la dejara vivir, de la misma manera que las suplicas de los diez millones de habitantes del Congo y los treinta mil indígenas exterminados y mutilados en la Amazonía no fueron escuchadas por los colonizadores belgas e ingleses, por no poner ejemplos más cercanos a nosotros. Los treinta y seis años de represión política y de genocidio en Guatemala, han ahondado los graves desequilibrios de poder y han reforzado la enseñanza de la violencia y del terror como mecanismo para relacionarnos y para defender las jerarquías que tristemente nos “dan dignidad”. Ojala podamos construir relaciones más equivalentes donde la “dignidad” de las razas dominantes no dependa de riquezas robadas, ni la “dignidad” de los ladinos y mestizos dependa de la existencia de los “indios” inferiorizados, ni la “dignidad” de los hombres dependa de las mujeres, porque esto solo nos convierte en depredadores del poder de quienes dependemos. Recuperar la autonomía del ser significa hacernos responsables de nuestra propia dignidad individual y colectiva, para cuidarnos y defendernos de los “civilizadores” ahora apóstoles del “desarrollo” y del “progreso”, que en todo el planeta han sembrado un horror indescriptible que nosotros los “bárbaros” y “salvajes” no debemos replicar y menos sobre nosotros mismos.

[1] Desconozco si tanto la señora Alejandra Ico y el señor Mario Tut, son q’eqchi’ o poqomchi’.
[2] Argumentaciones de Ginés de Sepúlveda, en la Controversia sobre “la naturaleza de los indios”, llevada a cabo en Valladolid España en 1542. Tratados de Bartolomé de las Casas, tomo I y II. Fondo de Cultura Económica, Primera Edición, 1965, Segunda reimpresión, 1997, México.
[3] Por carecer de cifras actualizadas, usaré datos del 2014, analizados por el Grupo Guatemalteco de Mujeres. En ese año, Guatemala como país reportó 705 MVM, uno de los más altos de América Latina. Aunque no hay cifras desagregadas por etnicidad, llama la atención observar, que los lugares considerados popularmente “no indígenas” o “menos indígenas”, suelen concentrar cifras más altas que los lugares con mayor población indígena. Pero es importante destacar que en algunos espacios donde ha funcionado históricamente alcaldías indígenas o donde las autoridades indígenas tienen una organización sólida, y participan en la impartición de justicia, son lugares de menor incidencia de femicidios, pero esto no implica que la cifra sea nula. Infelizmente en todos los departamentos se reportan femicidios. En ese mismo año, mientras en la ciudad Guatemala, murieron 330 mujeres y en Escuintla 69, los dos más altos índices, en Quiche hubo 5 muertes violentas de mujeres y en Sololá 2. En ningún momento se quiere buscar complacencia con los índices menores, porque cuando se sigue la historia de cada mujer asesinada como en el caso de Sololá, pueden encontrarse similares patrones de destrucción de la vida y del cuerpo de las mujeres. Pero lo más peligroso es cómo las cifras van en aumento en todos los lugares, o sencillamente no tienden a una baja radical, como lo es el caso de Alta Verapaz.

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Rechazamos “emancipaciones” impuestas con violencia

Rechazamos “emancipaciones” impuestas con violencia

 

“Ninguna ‘emancipación’, que se precie de ‘avanzada’ puede imponerse mediante métodos de violencia colonial-patriarcal, porque eso constituye una derrota para los Pueblos Indígenas”. 

Entrevista a Aura Cumes, realizada por Felipe Pérez y Alicia Estrada, en el Programa Contacto Ancestral, Radio KPFK 90.7 F.M. Los Ángeles California, 27 de agosto de 2018.

Foto de Portada: Carla Molina

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El inquisidor Quispe y las “brujas” mayas

Dra. Aura Cumes

El inquisidor Quispe y las “brujas” mayas

Por Aura Cumes

Mostrar indignación frente al espectáculo folclórico-racista con que se inauguró la Feria Internacional del Libro (FILGUA-2018) el pasado mes de julio, ha tenido un alto costo, particularmente para varias mujeres mayas denunciantes, como lo explicaré en adelante. Lejos estuvo esta denuncia, de ser una lección contundente para los organizadores y para quienes, desde 1524, han buscado convertir toda la existencia de los Pueblos Indígenas en una mercancía. Pero es así como funciona el poder. Sin que fueran las únicas, integrantes del Movimiento Nacional de Tejedoras, junto a otras organizaciones firmamos un comunicado rechazando el espectáculo aludido, el cual mostraba una vez más la impunidad de los poderes estatales y privados que nos despojan, se comen nuestras vidas, nos desprecian profundamente, pero que al mismo tiempo, se disfrazan de nosotras y nosotros para divertirse, para mostrar “la cara de Guatemala” ante el extranjero, pero ante todo para hacer negocios.[1]

….. Paradójicamente una mujer maya capitalina, que por circunstancias de la historia y/o por decisión propia no usa la indumentaria maya, como pasa con otras mujeres y hombres, que no necesariamente tienen la misma postura que ella, hizo una aguerrida defensa de la FILGUA. Por un lado, minimizó la importancia de nuestra crítica, pero por el otro, creó la falsa idea de que las y los denunciantes nos indignábamos exclusivamente “por el folclor y los trajes indígenas” cual cosa superflua y separada de las luchas más importantes que ella respalda, tales como “como el desvío de ríos, la contaminación de los lagos, por las mineras, por los campesinos asesinados, por las y los presos políticos”. Esta desacreditación que reproduce la vieja práctica de fraccionar las luchas y jerarquizarlas, solo puede hacerse desde una pretendida superioridad moral y política sumamente nociva; muchas mujeres mayas en el campo y en las ciudades no tenemos razón alguna para separar las luchas pues en nuestra experiencia y quehacer político todas están conectadas, porque todas atentan contra nuestra existencia.[2]  

….. Pero como dice el dicho, el hilo siempre se rompe por el lado más delgado. Lo anterior fue la excusa perfecta para desviar la atención de la crítica a FILGUA y concentrar las energías en hostilizar a quienes usamos la indumentaria maya, degradando el quehacer político alrededor de su reivindicación bajo el arcaico supuesto de que es un uniforme colonial. Como es común, el lenguaje colonial no se presenta en tono de debate, menos de diálogo, sino es un ejercicio de violencia a través del cual se emiten mandatos y formas de disciplinamiento. Los colonizadores acostumbran dar órdenes a los “indios” como los patriarcas a las mujeres, porque los y las asumen como inferiores. Utilizando este tono y en apoyo a la compañera maya defensora de FILGUA, un hombre que se nombra como Jubenal Quispe u Ollantay Itzamna, de quien desconozco su procedencia, escribió desde su cuenta de facebook “jjajaaj, yo te doy permiso al diablo con los trapitos y palitos coloniales”, a lo que ella responde satisfecha “Gracias!!! Eso estaba esperando!!!”, con lo cual acepta su “autoridad”.[3]

….. El señor Quispe, llama “palitos coloniales” a las varas de las autoridades indígenas, a las cuales él les da el significado de “falos” o “penes”, y sin importarle su procedencia antigua, el decreta que solo las pudieron inventar los españoles. El mensaje que deja Quispe es que las autoridades “son torpes” porque nada más las usan sin saber su significado quisperiano, ni su significado español; poco le importa a este individuo lo que para las comunidades y autoridades significan las varas, que es lo fundamental[4].

….. Como “trapitos coloniales” se refiere a nuestra indumentaria, ignorando por completo los códices, la epigrafía, la pictografía, los textos indígenas, las crónicas coloniales, entre otras fuentes, donde se puede observar la vinculación directa de la indumentaria actual con la antigua.[5] En respuesta a su intransigencia, varias mujeres mayas le hicieron ver que nuestra indumentaria está cargada de conocimientos, dinamismo e historia, resultado de la gran creatividad y resistencia especialmente de las mujeres mayas. Esta no puede aislarse del todo lo que hace la vida; a pesar del despojo sistemático, nuestros Pueblos siguen cultivando sus alimentos, tejiendo su propia ropa, cuidando el agua, impartiendo sus propias formas de justicia y ejerciendo mecanismos de autogobierno, es decir, resuelven su vida, cosa que el dogmático señor Quispe no puede entender.

….. La crítica a nuestra indumentaria y la injuria contra quienes la reivindicamos, por desgracia no es nueva y no sorprende, pero la agresión del señor Quispe y la manera en que busca imponer su catecismo, no me pudieron dejar indiferente. Y me sigo preguntando ¿quién es ése hombre que con total impunidad nos degrada de la manera en que lo hace?, ¿quién es ése hombre, que desconociendo el tiempo largo de nuestras luchas como Pueblos Mayas y como Mujeres Mayas nos falta el respeto y nos destruye?, ¿quién es ése hombre capaz de violentar de la manera en que lo hace, a quienes tejemos y usamos la vestimenta maya con plena consciencia? No sé quién es, pero se comporta como un inquisidor y como tal es fanático, perverso, prepotente, dogmático, y cree tener superioridad moral y política sobre nosotras. A este hombre le ofende sobre manera nuestra existencia; le insultan nuestros cuerpos vestidos como mayas, nuestros pensamientos, nuestro trabajo, nuestras demandas y nuestras rebeldías políticas, por el simple hecho de que no seguimos sus postulados etnocidas. Por estas razones en adelante le llamaré el inquisidor.

Las acusaciones del inquisidor Quispe

En sintonía con los inquisidores de la época colonial, Quispe piensa que “los indios” pero especialmente “las indias” tenemos una propensión a la IDOLATRIA. Para sorpresa nuestra, han pasado cinco siglos y no nos hemos podido salvar de tales acusaciones, ni de los inquisidores. Al igual que aquellos obsesionados inquisidores que miraban demonios e idólatras por todos lados, Quispe con sus ojos eurocéntricos, nos ve adorando a “los trapos” y a “los palos coloniales”. No tiene otra manera de comprender nuestra existencia, nuestra vida, nuestras creaciones y nuestra política, más que a través de sus limitados dogmas. En consecuencia, con su credo nos acusa de TIJIDOLATRÍA y FALOLATRÍA, condición que, según él, nos distrae de las verdaderas luchas de los pueblos que como “gran iluminado” solo él puede ver y entender, porque no tiene las ataduras que a nosotras nos convierten en idólatras.

….. El inquisidor Quispe, al igual que sus antecesores, también ha sacado sus escritos de exhortación e instrucción contra las idolatrías, o contra la tejidolatría y falolatría. En ellos nos quiere convencer de que “los trapos” que usamos fueron impuestos por los españoles, cual si esta agresión fuera una novedad para nosotras. Llevamos décadas contrarrestando esta idea facilista que Severo Martínez, historiador de izquierda, plasmó en su libro La Patria del Criollo en la década de los 70 del siglo pasado. Cada vez que doy alguna conferencia en la Universidad de San Carlos de Guatemala, surgen “generosos” profesores y estudiantes, “preocupados” porque seguimos usando “ropas coloniales”. Sabemos de memoria lo que mucha gente criolla, ladina o mestiza, de cualquier tendencia, piensa sobre nuestra ropa, porque es más fácil eso que pensar en su racismo.

….. Hemos leído, cualquier cantidad de libros donde nos muestran “la influencia española en el traje indígena”[6], o donde comparan cómo nuestros trajes son de origen “morisco”, “judío” y “chino”, para decir que somos incapaces del más mínimo invento y de la más remota creatividad. Incluso hemos tolerado a quienes piensan que no conocíamos la ropa, o a aquellos otros que comparando los trajes “primitivos” de los españoles y los de los indígenas actuales, piensan que si hay un triángulo, círculo o rectángulo en ambos es obvio que lo inventaron los españoles, porque nosotros solo podemos copiar. La violencia episteme colonial es tan fuerte, que no se aplica para nuestros Pueblos ni siquiera el elemental concepto antropológico de invención paralela, que da cuenta de cómo las sociedades inventan al mismo tiempo, cosas parecidas, sin tener contacto entre ellas.

….. Junto a sus acusaciones de tejidolatría y falolatría y de usar ropas coloniales, el inquisidor Quispe, nos presenta como miserables, lastimeras y repugnantes[7]. Al igual que la gente criolla, ladina y mestiza racista que se considera “piadosa” dice que le “duele” y se conmueve al “vernos envueltas en esos trapos”, que solo nos destinan a ser sirvientas. Quispe orina fuera de la bacinica todo el tiempo. La casa patronal es uno de los lugares donde el proceso de etnocidio se acelera, porque en gran coincidencia con el inquisidor Quispe, a las patronas y patrones les da asco nuestra ropa, por eso, colocan uniforme o vestimenta occidental a las trabajadoras de casa particular[8]. Pero él nos convierte a nosotras y a nuestra indumentaria en el problema en vez de verlo en el sistema colonial-patriarcal. ¡Vaya coincidencia! Los criollos y ladinos siempre nos han visto como el “problema indígena”.

….. El señor Quispe también dice que aboga por “nuestra liberación”, por las cadenas que nos imponen esas “envolturas coloniales”. Ni se entera este patético inquisidor, del tiempo que llevamos respondiéndoles a las feministas coloniales que nos han llamado “fósiles vivientes”, que piensan que “nuestros hombres” nos imponen estas ropas, mientras que ellos andan “modernos” y “evolucionados”. Tampoco se entera de nuestras críticas y construcciones internas frente a los hombres indígenas, y cree que no sabemos lo que significamos para el Pueblo Maya y para el país. No le pido al inquisidor que lea nuestras décadas de pensamiento plural, porque como buen macho falocentrado se cree con el derecho a darnos lecciones. Piensa el inquisidor que, porque hay mujeres mayas vestidas como tales, adornando las mesas de los distintos gobiernos de turno, o porque algunos indígenas lucran vendiendo a su pueblo, todas las que reivindicamos los conocimientos de las mujeres indígenas y la vestimenta maya somos pro-gobierno, pro-capitalismo y pro-cooperación. Se le olvida que hay izquierdistas y dirigentes populares pactando con militares genocidas y no por eso, decimos que todos son iguales.

Las “brujas mayas”

El ataque del inquisidor Quispe contra las mujeres mayas que lo confrontaron fue ruin. Hizo uso de la descalificación, de las falsas acusaciones y de mecanismos de degradación. Tal parece ser que es su forma de tratar a las mujeres mayas que no se le somenten. En las redes sociales la compañera Judith Chocooj denunció que este señor la agredió llamándola “indita ignorante”, pero desconozco si la agresión en que se fusiona la violencia racista y machista, tuvo seguimiento alguno. A pesar de los debates difíciles y las diferencias entre hombres y mujeres mayas, no es común escuchar que dentro de las luchas políticas un hombre maya pueda llamarnos “inditas ignorantes”. Esto genera dudas sobre la procedencia, la “formación política” y las intenciones del inquisidor Quispe, quien legitimó su violencia a partir del apoyo que recibió de algunas mujeres y hombres indígenas, y de mucha gente ladina y mestiza de todas las tendencias incluyendo de la izquierda, que para fines de lo que decían, evidenciaron que su izquierda es la otra cara de una misma moneda del sistema de dominación colonial.

….. El inquisidor Quispe sabe muy bien que las agresiones contra las mujeres indígenas suelen encontrar un respaldo efectivo donde el racismo-sexismo son el pan de cada día. Así, construyó una falsa imagen de quienes según él “solo se dedican a defender los trajes típicos”, que cualquier persona descontextualizada, podría darle la razón. Junto a sus seguidores y seguidoras se refirieron a las mujeres que los enfrentaron como: “estancadas”, “puristas”, “policías de la identidad”, “inquisidoras desesperadas”, “mayas fashion” etc. Incluso acusó a las mujeres que lo retaron, de esclavizar a las abuelas tejedoras para obtener sus trajes; su retorcida visión no tiene límites. Parece risible pero el inquisidor colocaba insistentemente en los muros de sus detractoras, su panfleto titulado “tejidolatría y falolatría indígena”, según él de gran iluminación para nosotras. Algunas retiraban su escrito y él volvía a pegarlo, enviándoles a la vez mensajes, como el siguiente: “¿miedo?”, “¿miedo?”, “¿miedo?”, lo que se convirtió en un acoso cibernético.  

….. Como era de esperarse, recurrió a la clásica táctica de guerra usada para desacreditar la creación política de las mujeres mayas. “¿Feministas mayas en defensa de FALOLATRÍA? ¿Cómo será eso?” escribió en un mensaje grande en colores rojo y negro. Independientemente de si alguna de las que lo retaron se nombra o no como feminista, situación que desconozco, llamar feministas a todas, significaba esperar como respuesta el rechazo de los hombres indígenas hacia estas mujeres, por la inadecuada comprensión que existe del feminismo. Y por el otro lado, llamarlas defensoras de la falolatría, despertaría contra ellas el rechazo de las feministas que siempre han criticado a las mujeres indígenas por no tener luchas exclusivas como mujeres sino como Pueblos.

….. Así, el inquisidor Quispe buscó crear una sensibilidad desfavorable para las mujeres mayas que valientemente lo confrontaron; su estrategia ha funcionado puesto que varias de ellas han sido atacadas y tachadas como  “brujas”, “perras” “putas”, “locas” por hombres, ladinos e indígenas, que piensan que el “lugar de las indias” está en la cocina o en el baño, pero no en nuestra cocina ni en nuestro baño, sino en los de ellos, como sus sirvientas; también nos han dicho que nuestro lugar está en la cama de los burdeles baratos, como corresponde a las “indias putas”. Está demás recalcar la violencia de estos mensajes.

Los alcances de la violencia del inquisidor Quispe

Las agresiones del señor Quispe endulzan los oídos de mucha gente, que desde siempre han tenido la intención de que los Pueblos Mayas desaparezcamos, bien sea a través del genocidio o a través del etnocidio. Existe también una izquierda y movimientos populares que desde hace mucho no quiere ver indígenas y menos mayas, se empeñan en imponernos una identidad como “pobres”, “campesinos”, “proletarios” o “trabajadores”, porque solo de esa manera pueden construir “la base” de su “revolución”. Dice el inquisidor Quispe que en “nuestros pueblos hay luchas fecundas” con multitudes de gentes que no visten “los trapos coloniales”, seguramente habla de la realidad del país de donde viene, porque eso no ocurre en Guatemala. En este país, en todas las luchas están las mujeres indígenas que con toda dignidad usan vestimenta maya. Infelizmente cantidad de presos y presas políticas son mayas, pero no se avergüenzan de vestir como tales.

….. La violencia pública a través de la estigmatización y el ostracismo contra las mujeres indígenas, las autoridades indígenas y nuestros símbolos son viejas forma de sembrar la desconfianza, romper la solidaridad y el sentido de Comunidad y de Pueblos; operan como mecanismos de guerra de baja intensidad. La Europa inquisitorial sigue habitando nuestras tierras a través de una izquierda simplona y etnocida, como la del inquisidor Quispe, quien con su vieja letanía viene a decirnos como vivir y como pensar.

….. Pero este individuo es insignificante, sino fuera porque se le ve vinculado al Comité de Desarrollo Campesino (CODECA), un movimiento al que de alguna manera hemos respaldo, debido a que ha sido golpeado por el asesinato de sus integrantes en estos últimos meses. Por el respeto que CODECA nos merece, le hemos preguntado públicamente si sus luchas populares pasan por aniquilarnos como Pueblos Indígenas. En respuesta hemos recibido mensajes que se resumen en un “Viva CODECA”. Al igual que en otros movimientos, no dudamos que en éste haya mujeres valiosas construyendo sus ideales con esperanza, pero para quienes estamos comprometidas en la lucha contra el colonialismo, igual que contra el patriarcado y el capitalismo, estos signos no nos presentan buenos augurios. Nunca una lucha puede imponerse aniquilándonos como Pueblos, burlándose de la creación, trabajo y resistencia de las mujeres indígenas, y sobre todo, ejerciendo violencia de la cual estamos hartas.

….. Aunque no puedo hablar por todas las mujeres indígenas, a lo largo de muchos años, hemos ido construyendo desde la tensión y pluralidad, reconociendo que la historia nos ha hecho distintas. Seguiremos defendiendo la vida, construyendo Comunidad y construyendo Pueblo, desde la defensa de todo lo que da sentido a nuestra vida. Seguiremos luchando por la vida, por el agua, por el territorio, contra el genocidio, contra el etnocidio, contra la trata de mujeres, contra el feminicidio, contra la servidumbre, contra el empobrecimiento, contra la folclorización-mercantilización de nuestros cuerpos, y contra toda forma de despojo. Continuaremos reivindicando nuestra forma de hacer política, nuestros saberes antiguos y contemporáneos, el arte, la música y el trabajo concreto de mujeres tales como las tejedoras. Seguiremos construyendo Pueblo porque las mujeres somos Pueblo Maya.

Guatemala, 18 de agosto del 2018.

Foto de portada: Carla molina

[1] http://tujaal.org/pronunciamiento-ante-espectaculo-racista-en-filgua-2018/
[2] Es sobre estos principios que nace y se sostiene el Movimiento Nacional de Tejedoras, que se distancia de cualquier organización cuyo objetivo sea el lucro con “la cultura” y los saberes indígenas.
[3] Esto que a mi juicio fue un campo de batalla, se libró en las redes sociales a partir del pronunciamiento contra FILGUA, el 13 de julio 2018 hasta más o menos fines de ese mes; pero aún sigue teniendo consecuencias.
[4] No hablaré sobre las varas de autoridad respetando el silencio que las autoridades han mantenido.
[5] Sobre esto puede consultarse: Otzoy, Irma (1992) Identidad y trajes mayas. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4011029.pdf. Cumes, Aura (2016) Saberes colectivos de mujeres mayas frente a la lógica mercantilista del tejido maya, Movimiento Nacional de Tejedoras, Guatemala.
[6] Entre otros, Arriola de Geng, Olga (1991) Los tejedores en Guatemala y la Influencia Española en el Traje Indígena. CIRMA, Guatemala.
[7] Trabajos como el siguiente describen con claridad. Velásquez, Irma Alicia (2005) “Traje, folclorización y racismo en la Guatemala posconflcito” en Racismo en Guatemala. De lo políticamente correcto a la lucha antirracista, Meicke Heckt y Gustavo Palma, editores. Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales en Guatemala, Guatemala.
[8] Sobre ello puede consultarse: Cumes, Aura (2014) La “india” como “sirvienta”. Servidumbre doméstica, colonialismo y patriarcado en Guatemala. Disponible en: http://repositorio.ciesas.edu.mx/handle/123456789/283

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Nuestras raíces y nuestra dignidad nos mantienen vivos

Dra. Aura Cumes

Nuestras raíces y nuestra dignidad nos mantienen vivos

Por Aura Cumes

Algunos antropólogos norteamericanos, a mediados del siglo pasado vaticinaron que para inicios del siglo XXI, los mayas habríamos desaparecido debido a un acelerado proceso de ladinización, pero fallaron en sus cálculos y seguimos vivos. Sin embargo, también es importante pensar en todas las aristas de por qué los censos cada vez reflejan que somos menos. Por supuesto, una de las razones para ello es lo que se ha llamado el “etnocidio estadístico” donde existe una intencionalidad de convertirnos en minoría para disminuir nuestra fuerza política. Pero también es importante pensar qué tan difícil es autoidentificarse como indígena, como maya, como  poqomchi’, kaqchikel, achi’, k’iche’, etc., en este momento en que el racismo sigue siendo crudo, pero que a la vez existe un bombardeo por borrarnos y pensarnos bajo los conceptos patrioteros de: “guatemaltecos”, “chapines”, “seres humanos” o “hijos de Dios”.
….. ¿Si hay tanta hostilidad contra quienes se identifican abiertamente como mayas o como indígenas, cómo es que ustedes no han desaparecido, por qué no se han ladinizado, cómo es qué siguen existiendo?, me preguntó una periodista hace varios años. Retomo algunas notas de esta entrevista para compartirlas, a propósito del censo 2018 y la discusión sobre las “identidades”.

¿Por qué el racismo cotidiano no ha terminado con la identidad indígena o maya?

Pienso que ha habido, al menos, tres formas de responder a esa hostilidad: la negación a partir de la negación, el ocultamiento a partir de la negación y la afirmación a partir de la negación.
….. En el primer caso, frente a la humillación, maltrato y despojo colonial sistemático, hay personas que pueden llegar a auto-despreciarse, a avergonzarse de sí mismas, y por lo tanto a querer despojarse de aquello que se usa como argumento para su inferiorización. En suma se niegan a sí mismos, buscan pasar desapercibidos o en otros casos procuran parecerse a quienes les dominan; su conducta coincide con la identidad inferiorizada que les impone el dominante. Ha sucedido con mucha gente que como mecanismo de sobrevivencia, empieza por ocultar lo que externamente lo define como indígena, deja de hablar el idioma maya y lo rechaza, cambia de apellido o lo pronuncia de otra manera, cambia de vestimenta, se emparenta con una persona a la que considera “superior”, etc. Pero junto a ello, odia sus raíces, desprecia a la gente que le recuerda su pasado y desearía que los indígenas o mayas no existieran más. A mi criterio, aquí se da un proceso de ladinización o des-indigenización.
….. En el segundo caso, hay un proceso de ocultamiento, recuerdo mi experiencia en la escuela y las jóvenes que buscaban al máximo parecerse a las ladinas, incluso sufrían cuando había que llegar sin uniforme porque era cuando “se notaba” quien era “india” y quién no. Esto no suele ser poca cosa a esa edad, recuerdo que un día cuando había que llegar sin uniforme varias chicas ladinas me retiraron su amistad por “ser de corte” y por lo tanto por ser “sucia y apestosa” según ellas. Si ser indígena o maya abiertamente, es ser objeto de una cruda agresión, hay muchas personas que preferirán ocultarse, pero esto no significa automáticamente ladinización, más aún si se tienen redes familiares fuertemente mayas.
….. En el tercer caso: la afirmación a partir de la negación, surge cuando frente a una inferiorización sistemática se obtiene el resultado contrario: un orgullo y una reafirmación de lo que se es. Muchas veces hemos escuchado la respuesta “soy indio y qué”, cuando alguien quiere humillar a una persona indígena, llamándolo de esa manera. Esta opción es contraria al ocultamiento para protegerse del racismo. Aquí se va por la cotidianidad con todo, enfrentando la crueldad del racismo, sabiéndose abiertamente indígena, natural o maya. Esta es la experiencia de mucha gente, pero especialmente de las mujeres, que portan la indumentaria maya en todos los espacios de la vida, y sobre quienes, quiérase o no, se afianza en gran medida el Pueblo Maya contemporáneo.

¿Así como hay gente que se ladiniza, pueden en algún momento volver a sus raíces?

Podría ser, aunque de momento esto es difícil porque la ladinización lleva consigo la arrogancia de pensarse “evolucionado”, frente a lo indígena que se ve “estancado”, “atrasado”. Lo que es más evidente, es que las personas que no renuncian a ser indígena, sino que lo ocultan, su siguiente paso no sea la ladinización, sino la opción de vivir públicamente como indígenas o como mayas, y luchar como tales. Hay ejemplos claros de mujeres que habían dejado de usar la indumentaria maya y la retoman, esto no es poca cosa, porque viven con el cuerpo la experiencia de encarnar el ser indígena o maya. Recordemos que el racismo pasa por el cuerpo, no solo por la cabeza.
….. Pero, por el otro lado, cualquier persona, y en este caso los mayas podemos vivir estratégicamente en varias “culturas” sin que estas amenacen el ser maya. De hecho, muchos mayas, somos al menos “bi-culturales” en este país. Hablamos idiomas mayas, más español y otros idiomas extranjeros porque es perfectamente posible. Nos manejamos en la “cultura” “occidental” y en la maya, pero nos afirmamos como mayas, y buscamos que nuestra vida se nutra con la visión de mundo y de la cultura que queremos dignificar luego de los intentos de aniquilación. Es decir, el ser indígena o maya no se define exclusivamente por los elementos materiales, sino además por lo que significa social y política serlo.
….. Los mayas como colectivos, hemos sido dominados con fines de despojo y por lo tanto, la reivindicación del ser maya, debiera tener presente la historia y la memoria colectiva, aquí nuestra identidad ya no es solamente social sino además política. Caminar como colectivo, está siendo cuesta arriba, porque por ejemplo, el multiculturalismo liberal, promueve soluciones individuales a lo que fue sometido como colectivo, situación que puede representar una derrota para nuestros Pueblos.

¿Hay gente indígena urbana que se siente discriminada por otros indígenas, porque se le piensa ladinizada?

Es paradójico cuando olvidamos la compleja historia que nos atraviesa y pensamos que el no hablar el idioma, o no usar el traje maya, es exclusivamente una elección individual. Pero también esto es comprensible porque hay gente indígena que en medio del auto-desprecio se mofa de no hablar un idioma maya, procuran “limpiar” su acento indígena, pero sí se enorgullecen de hablar inglés u otro idioma extranjero. Cuando las identidades están frágiles estos ataques del mismo grupo suelen causar incomodidad, pero cuando están fuertes no suelen trascender. Con todo, las identidades, aún las del mismo colectivo, no son uniformes, la historia ha trazado lo que somos. Hay que tener cuidado que las identidades, no se piensen cerradas y esclavizadoras, sino liberadoras y creadoras. Y en el caso de quienes, como los mayas, hemos sobrevivido a los intentos de aniquilación, nuestras identidades deben construirse en un diálogo entre nuestro pasado, presente y futuro.

¿Hasta cuándo podremos descansar del racismo? ¿Cómo superarlo?

El primer paso para superar el racismo es reconocer que existe y nos involucra. Pero es común que en Guatemala no se quiera ni hablar de ese problema porque el racismo estructural representa los despojos de muchos para sostener los privilegios de pocos. Ve usted cómo, cuando se habla de este problema inmediatamente se censura, se culpa a los indígenas del racismo, no hay serenidad para hablarlo, esto nos conduce al problema de aplazar su solución. El silencio no soluciona el problema, solo lo ahonda.
….. También suele suceder que la gente confunde el racismo con cualquier cosa o lo ve solamente como una forma de discriminación. El racismo no es cualquier cosa, es la base de la estructuración colonial de lo que hoy es Guatemala. En esta lógica, el desafío a la estructura colonial consiste en derrotar el hecho de que los indígenas seamos vistos y tratados como la servidumbre de este país. La supremacía extranjera, criolla y ladina de este país no quiere aceptarnos como sujetos políticos colectivos y quiere seguir pensándonos como servidumbre. Ahora con el censo 2018, se siguen preguntando ¿y qué hacemos con los indígenas?, las mismas viejas preguntas que se hicieron los colonizadores, españoles, criollos y ladinos a lo largo de nuestra historia: ¿qué hacer con el indio?, ¿qué hacemos con el problema indígena? Nosotros sabemos que queremos hacer con nuestro destino, en medio de nuestras complejidades, la primera solución sería que dejen de matarnos cuando pensamos por nosotros mismos.
….. ¿Cómo mantenernos vivos como Pueblos? Desafiando al sistema colonial, reafirmando nuestra dignidad de ser mayas, no olvidando nuestra historia, teniendo viva nuestra memoria, retornando a nuestras raíces, defendiéndonos como Pueblo y no solo como individuos, solo de esa manera seguiremos vivos como Pueblos.

Guatemala, 18 de julio del 2018.

Foto de portada: Carla Molina

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Pronunciamiento ante espectáculo RACISTA en FILGUA 2018

PRONUNCIAMIENTO
ANTE EL VIL ESPECTÁCULO FOLCLÓRICO EN LA INAUGURACIÓN DE FILGUA

Las organizaciones abajo firmantes, manifestamos nuestra indignación y repudio ante el vil espectáculo folclórico con que se abrió la Feria del Libro (FILGUA) el día de ayer (12-julio-2018). Los Pueblos Indígenas en este país hemos venido realizando un intenso e incansable trabajo en contra del racismo en todas sus formas y manifestaciones. Sin embargo, una vez más observamos con desconcierto cómo existen sectores que ponen oídos sordos a estas luchas, y de forma descarada siguen degradando la imagen de las mujeres y hombres indígenas, para fines de espectáculos, atractivos para sus negocios.

Una vez más, les recordamos que disfrazar a mujeres y hombres “no indígenas” de “inditas” e “inditos”, como suelen decir los ladinos racistas de este país, es degradar a quienes formamos parte de estos Pueblos y de quienes luchamos por una existencia digna. Pero, notamos que es aún más perverso, usar discursos multiculturales para encubrir sus formas de racismo, tales como argumentar que “FILGUA se ha convertido también en una fiesta de la cultura y la diversidad. Mediante la lectura no solo crecemos intelectualmente, sino nos acercamos entre nosotros”, como lo dijo el presidente de la Asociación Gremial de Editores, mientras pisoteaban nuestra dignidad de la manera que se hizo.

Frente a esto, invitamos a todas las personas académicas, activistas sociales, feministas, integrantes de Pueblos Indígenas, que presentarán sus libros en FILGUA a pronunciarse públicamente frente a actos como estos, y no quedarse callados, principalmente a todas aquellas personas que escriben “sobre los Pueblos Indígenas” o sobre la realidad colonial de este país. Es muy común encontrar académicos y escritores con grandiosos libros pero incapaces de confrontar el racismo de forma directa en la cotidianidad. Estamos viviendo un momento de gran saqueo y despojo contra los Pueblos Indígenas, esto tan solo es una pequeña muestra, por lo tanto hacemos un llamado a dignidad, a la coherencia y a la firmeza para frenar la producción del racismo en nuestro país, en todas sus formas.

  • Movimiento Nacional de Tejedoras
  • Comunicad de Estudios Mayas
  • TUJAAL.ORG
  • AFEDES
  • Bufete para Pueblos Indígenas
  • Ruchajixik ri qana’ojbäl
  • WAQIB’ KEJ
  • Sector de Mujeres
  • SEFCA
  • CALDH
  • Fundación Guillermo Toriello
  • Mujeres Positivas en Acción
  • Casa Colibrí
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Ejército colonial genocida

Dra. Aura Cumes

Ejercito Colonial Genocida (PDF)
Convertir “al indio” en un buen soldado:

El ejército colonial en la vida de los “indios”, campesinos, indígenas y mayas

Por Aura Cumes

El surgimiento de los “ladinos” desde el siglo XVI, fue crucial para las milicias coloniales; una de sus funciones fue controlar la rebelión de los Pueblos de Indios, exprimidos por el pago de tributos en especie, en dinero y en servicios personales. Los criollos y peninsulares evitaban involucrar “indios” en las milicias, porque temían que éstos pudieran usar las armas para rebelarse contra ellos. Las guerras pos “independencia” entre liberales y conservadores involucraron a gran cantidad de hombres ladinos, campesinos e indígenas, muchas veces en batallones improvisados. Es con la “Reforma Liberal” a finales del siglo XIX, cuando se intenta crear un ejército profesional, apto para defender los intereses de la dictadura liberal. El “indio” no era el sujeto ideal para tal ejército. Los liberales estaban convencidos de que éste era “inferior”, “torpe” y no digno de confianza; ansiaban un ejército “ladino” y “profesional”. Sin embargo, los privilegios que la Reforma Liberal trajo a la población ladina, provocó que éstos evadieran el servicio militar; quienes quedaban disponibles eran los ladinos pobres y los indígenas, siendo los últimos mayoritarios y objeto de trabajo forzado. La fracasada estrategia de crear un ejército “ladino”, conllevó a pensar en cómo convertir “al indio” en un “buen soldado”.

….. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, surgió un debate alrededor de la “naturaleza del indio” como potencial soldado. Como mozo, como cargador, se dice, el “indio” ya presta buen servicio. Un individuo llamado Guillermo Kuhsiek A. escribió en 1915 en la Revista Militar[1] “Acostumbrado como mozo al pesado trabajo de la tierra, como zapador[2] es de gran utilidad por su resistencia, aunque su espíritu pasivo no hace de él más que una máquina de trabajo que necesita ser guiada, hasta en los menores detalles para la ejecución de una obra”[3]. “El indio guatemalteco, descendiente de los aguerridos quichés y cakchikeles, cuyo fiero valor se estrelló contra las corazas y cañones del invasor español, es hoy un paciente y humilde labriego. Murió el espíritu altivo del indómito Tecún Umán… La gran masa de los indios sigue siendo el trabajador paciente y sumiso. No ha resucitado en él el espíritu de sus arrogantes antepasados.”[4] El mismo Kuhsiek propone que el ejército puede aprovechar al “indio” en dos formas: primero como un soldado, integrante del ejército; y segundo, como un componente auxiliar, como un zapador o como un cargador.

….. “…éste llega a ser un buen soldado si se le instruye con la intensidad necesaria, pues aunque el ladino le supera mucho en inteligencia, el indio posee algunas cualidades militares en grado más alto que él. Podemos decir que el ladino es superior en las cualidades activas, por decir así, como iniciativa, facilidad de comprender y criterio, pero inferior en las cualidades pasivas como subordinación, fidelidad y respeto. El indio se ha acostumbrado a obedecer y reconocer la superioridad del ladino, ya trae innato el sentimiento de la subordinación y obediencia… El indio obedece ciegamente a su Jefe, entra a la lucha, pelea y muere sin preguntar el motivo o el objeto de la campaña… El indio no conoce el patriotismo en la extensión como el ladino lo entiende;  él pelea por su Jefe y no por su Patria. La materialidad de la vida del indio, la falta de actividad intelectual en ellos y el pequeño radio de acción dentro del que se mueve, hace de él un localista, pero no un patriota. Es la obediencia la que empuja al soldado indio a enfrentar la muerte, no el entusiasmo nacido de la convicción y del patriotismo. Pero no por eso carece de valor…[5]

….. Los que se arrogaron la autoridad de hablar sobre “el indio”, se fueron convenciendo de que más que la escuela, el ejército era el mejor lugar para “civilizarlo” y hacerlo útil a la patria. Si él aprendía a disfrutar del aseo diario, de comer en una mesa, de dormir en una cama, nunca más volvería a buscar lo contrario, pensaban. Si aprendía a leer y escribir y comprendía los “nobles” ideales del progreso, él sería un buen multiplicador de la “civilización”. En una cartilla para el adoctrinamiento de los soldados en 1959, se encuentra que la preocupación central del ejército radica en “civilizar” los campesinos. Aquí no se usa ya la expresión “indio”, sino campesino como sinónimo. En una de sus páginas dice: “Higiene”, se ilustra con el dibujo de un hombre campesino y debajo se lee “Este campesino cultural y físicamente atrasado recibe en el ejército la preparación necesaria para ser un ciudadano útil”. Luego este campesino aparece con la indumentaria ladina: camisa, pantalón, zapatos, corbata, el pelo bien recortado, y dice “He aquí un campesino hecho un soldado, limpio y físicamente sano”.[6]   

….. En las décadas de 1970 y principios de 1980, había un cambio total en la estrategia del ejército. “Los indios”, serían reclutados contra su voluntad para convertirse en soldados de los más bajos rangos. Camiones del ejército llegaban a los pueblos a raptar a los jóvenes indígenas (los ladinos y los estudiantes, generalmente eran perdonados). De esta manera, gran cantidad de hombres indígenas fueron involucrados forzadamente en una de las facetas más tenebrosas del ejército de Guatemala. También se buscó controlar a todas las familias indígenas creando las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) en donde todos los hombres entre 18 y 60 años tenían la obligación de conformarlas. Los soldados ladinos, generalmente ocupaban puestos de decisión y eran los encargados del entrenamiento mental y físico. No es éste el espacio para hablar del entrenamiento de los soldados, pero éste fue dirigido a forjar una mentalidad de odio, de desprecio y de crueldad, no solo contra la guerrilla, sino contra sí mismos, en tanto “indios”. Esto no siempre se logró, de allí que hubo víctimas del genocidio que eran jóvenes que habían prestado servicio militar y de muchas maneras se rebelaron contra el mismo ejército.  

….. Para cometer genocidio, el ejército, no sólo quiso involucrar de manera sucia a la misma población Maya, sino usurpó de forma aberrante y condenable su simbología sagrada, para usarla en su contra. Los destacamentos militares y los comandos eran bautizados con nombres mayas. Mientras el nacionalismo guatemalteco –tanto de derecha como de izquierda, con sus diferencias– durante siglos intentó construir un país orientado a la ladinización, como mecanismo de “civilización” de “los indios”, el ejército, profanó la simbología Maya, para construir la institucionalidad castrense anticomunista. Nombres de personajes mayas como Kaibil Balam se usó para nombrar a una fuerza acusada de graves atrocidades. Asimismo, el ejército degradó al máximo el profundo significado de Tzuultaq’a’ símbolo de la espiritualidad Qeqchi’, al bautizar una base militar como: “el Hogar del soldado Tzuultaq’a’, y también al asemejársele, como lo dijo el coronel Homer García, “Nos comparamos a los espíritus de la montaña porque al igual que ellos, dominamos la tierra”.[7] Fue una estrategia extremadamente cruel utilizar a Tzuultaq’a’, guardián y protector de los Q’eqchi’ que huían a la montaña para salvar sus vidas, y convertirlo en su verdugo, al encarnarlo en los soldados que perpetraron las masacres.

….. El ejército colonial ha sido una maquinaria de destrucción permanente de la vida de los “indios”, “campesinos”, “indígenas” y “mayas”. Lejos de celebrar “el día del ejército”, los Pueblos Indígenas y Mayas debemos sentarlo en el banquillo de la historia, pedirle cuentas y desecharlo para siempre de nuestra vida. Sin embargo, las viejas cúpulas del ejército se resisten a desaparecer, siguen teniendo un gran poder, no solo a través del gobierno actual, sino mediante otros mecanismos. Los veteranos del ejército siguen llegando a distintos pueblos indígenas a conformar asociaciones cuyo objetivo se encamina a degradar la lucha por la historia y la memoria de quienes murieron durante el genocidio de la década de 1980. Por desgracia existen quienes, doblegan su dignidad para defenderlos, no les importa que “los indios fueron, después de todo, un objeto del ejército y no el sujeto”.[8] La historia ha demostrado que el ejército guatemalteco es absolutamente capaz para atentar contra la vida de los Pueblos Indígenas, al extremo de provocar su exterminio.

….. El día 20 y 21 de junio, asistimos a la inhumación de cerca de doscientas osamentas encontradas en lo que fue el destacamento militar de San Juan Comalapa, Chimaltenango. Los espíritus de quienes fueron asesinados de las formas más atroces jamás imaginadas, parecieran decir: nos mataron, pero nunca les servimos, nunca los aceptamos como nuestros, nunca los aceptamos en nuestras vidas, nunca doblegaron nuestra voluntad, nunca doblegaron nuestra dignidad. Es la dignidad de nuestros muertos lo que nos obliga a no olvidar y a exigir que los responsables de tanta destrucción no sean alimentados por la impunidad.

Guatemala, 2 de julio del 2018

Foto de portada: Carla Molina


[1] Una publicación regular del Ejército de Guatemala en la primera parte del siglo XX, ver Adams, 1995.
[2] Soldados encargados de los trabajos operativos, tales como abrir caminos, construir puentes etc. En el contexto guatemalteco se usa como sinónimo de “cargador”, es decir, como mozo o sirviente en el ejército.
[3] Adams, Richard, 1995, Etnicidad en el Ejercito de la Guatemala Liberal (1870-1915), FLACSO, Guatemala.
[4] Ibíd., p. 22.
[5] Kuhsiek, en Adams, pp. 23-24.
[6] Relaciones Públicas de El Ejército de Guatemala, Ministerio de la Defensa, 1959.
[7] Nelson, Diana M. 2006, Man Ch’itil. Un dedo en la llaga. Cuerpos Políticos y Políticas del Cuerpo en Guatemala del Quinto Centenario. p. 171.
[8] Kuhsiek, en Adams, pp. 23-24.

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La miseria humana

Dra. Aura Cumes

La miseria humana: 

“Odiarás a tu prójimo como a ti mismo”

Por Aura Cumes

Hemos caído en la más honda miseria humana, como herencia de las caducas élites económicas, militares y políticas que nos han gobernado, que tienen en sus manos el gobierno, la política, las universidades, los medios de comunicación, la iglesia católica y ahora las iglesias evangélicas. 


¿Cómo es que los seres humanos podemos llegar a ser tan miserables, ruines y crueles? Por eso concuerdo con quien dijo irónicamente que los monos son demasiado buenos como para que los humanos podamos descender de ellos. Ah, pero parece que estoy escuchando vociferar a una multitud ofendida diciendo que ellos no descienden del horrible mono sino que están hechos a imagen y semejanza de Dios. ¡Vaya presunción! Y hablo ahora de religión porque una gran parte de guatemaltecos, empezando por el “presidente”, viven invocando a su dios aún en sus actos más ruines. La semana pasada una vez más, muchos de estos guatemaltecos abnegados cristianos (católicos, evangélicos, etc.) volvieron a sacar sus demonios en las redes sociales, periódicos y universidades, pisoteando la dignidad y la memoria de las víctimas del Conflicto Armado Interno, en ocasión de la sentencia por el caso Molina Theiseen. No es precisamente amor al prójimo, lo que sale de estos individuos que llenan las iglesias los domingos y que además dicen que hacen patria; todo lo contrario, es más que evidente que sus corazones están atrapados en el más profundo odio mientras sus cerebros están idiotizados; solo saben maquinar crueldad y miseria. Ellos revelan las conductas que les llevaron a cometer las atrocidades que ahora defienden con gran impunidad.

….. Si Guatemala, uno de los países más religiosos del mundo, es a la vez, uno de los más violentos ¿para qué está sirviendo la religión? Está claro que, en las iglesias, salvo excepciones, no enseñan a pensar, aunque debieran, por qué se asesinó a tanta gente civil durante el Conflicto Armado Interno, por qué se cometieron desapariciones y masacres especialmente contra comunidades indígenas; pero se supone que enseñan principios de “amor”, “paz”, “compasión” y “misericordia”, elementos básicos que pueden llevar a sorprendernos, a indignarnos y a llevar el dolor de los semejantes, cosa que no veo común entre las y los guatemaltecos. Lejos de ello, lo más común es observar una arrogancia “moral” para oponerse, sin pensar, a cosas como el aborto legal, mientras escupen sobre las víctimas niñas, niños, ancianas, ancianos, mujeres y hombres, asesinados con saña. La religión entonces, con excepciones, no parece estar cumpliendo el principio básico de hacer el bien al prójimo, sino está siendo útil para justificar el mal, para albergar la hipocresía humana, y últimamente se ha convertido en el refugio de los que huyen de las atrocidades que cometieron durante el Conflicto Armado Interno.

….. Me pregunto también que hacen las iglesias con el problema del racismo, base del genocidio en este país. ¿Estará ausente su discusión igual que en las universidades, en las escuelas, en los medios de comunicación? Es que la profundidad de esta miseria humana de la que hablo, tiene que ver con el racismo. En comentarios al condenable asesinato de la joven Maya-Mam, Claudia Patricia Gómez Gonzáles, por parte de la patrulla fronteriza, se leen comentarios como este:

….. “No era para matarla…pero seamos realistas muchos indios aquí en guate son huevones, borrachos y no quieren trabajar y luego piensan que en estados unidos los va a querer y no más llegando van a tener la gran vida, que luchen aquí que no sean huevones y que no quieran todo regalado”

….. La anterior nota, es firmada por María Isabel García Pedroza, una muchacha de piel oscura y en su fotografía la acompaña otra mujer de piel más oscura todavía, que si se hubiera tratado de ella, de igual manera el guardia fronterizo la hubiera asesinado; no, pero aquí ella es ladina, se ve al espejo y se observa blanca o quien sabe si gringa; desde su pobrísimo imaginario, es “muuuuy diferente” y superior a los “indios”, no solo física sino moralmente, por eso se atreve a despreciarnos y “aconsejarnos”. Es lo que Fanon llaman “pieles negras en máscaras blancas”. Tristemente esa muchacha García Pedroza es la viva imagen de la miseria humana y de lo ruin personificado; es incapaz de pensar en lo que dice, pero sí tiene poder para destruir la grandeza humana de quien desprecia, porque con sus palabras ha matado otra vez a la joven migrante que buscaba una mejor vida para ella y su familia. Cuando la leí recordé los motivos de muchos “ladinos” para avalar la muerte de “los indios” durante el llamado “Conflicto Armado Interno”.

….. Las y los guatemaltecos no podemos decir que vivimos en “sociedad” porque no nos defendemos en forma común, al contrario, algunos han matado a sus propios semejantes y se han comido sus vidas. Por eso, el mandamiento al revés les queda bien “odiarás a tu prójimo como a ti mismo”, porque no solo odian a sus semejantes, sino que se odian a sí mismos, como lo hace la muchacha racista. Cuando muchos guatemaltecos piden sangre, violencia, muerte, crean las condiciones para que la violencia misma les alcance, aunque estén rodeados de guardaespaldas.

….. Hemos caído en la más honda miseria humana, como herencia de las caducas élites económicas, militares y políticas que nos han gobernado, que tienen en sus manos el gobierno, la política, las universidades, los medios de comunicación, la iglesia católica y ahora las iglesias evangélicas. Ellos han inventado un dios y nos han metido miedo y culpa para no rebelarnos ante él. El dios del “presidente” Morales, el dios del genocida Ríos Montt que nunca descansara en paz, el dios de todos los asesinos durante el Conflicto Armado Interno y el dios de los patronos de estos como el tal Álvaro Arzú, es el mismo que trajeron los invasores en 1524, en nombre del cual inventaron los más crueles métodos de violencia contra los Pueblos Indígenas, que se replicaron durante el Conflicto Armado Interno y siguen aplicándose hasta la actualidad.

….. En lo que a mí respecta no quiero un dios ni dioses que avalen a genocidas, corruptos ni asesinos, no quiero a dioses que estén en contra de la vida. Son tan certeras las palabras de quien dijo: “creer en un dios cruel, hace crueles a los seres humanos”.

Foto de portada: Carla Molina

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Notas Sobre Racismo Académico

Dra. Aura Cumes

“No se puede descolonizar el conocimiento sin destruir sus jerarquías raciales”

Por Aura Cumes

“Ser sirviente no es solo una situación laboral sino una condición racial/étnica y social, por eso “la sirvienta” y “el sirviente” pertenecen a un sector subordinado de la sociedad en tanto colectivo (como los pueblos indígenas o como pobres) y los patrones pertenecen al sector que gobierna (criollos, blancos, extranjeros, ladinos y mestizos). Esto mueve a pensar en cuáles son los mecanismos por los que los sirvientes son también los gobernados. Es allí donde la racionalidad patronal debe cuestionarse a la luz de cómo el sistema colonial organizó no solo el Estado, sino la sociedad y la vida misma.” 

“Existen esfuerzos por descolonizar el conocimiento desde los indígenas, pero nos encontramos con que el medio nacional en que se mueven nuestras ideas, terminan relegándolas más rápido que dialogando con ellas… Además nuestro intento de pensar con autonomía o independencia se ve afectado por la costumbre de querer vernos tutelados. Por eso, no se puede descolonizar el conocimiento sin destruir al mismo tiempo las jerarquías raciales y las relaciones de poder que lo soportan.”

“El ejercicio de lo político en sentido amplio no siempre está favorecido por la educación oficial, al contrario, la escolarización tiene la particularidad de promover el potencial económico de los cuerpos disminuyendo su fuerza política. Ha ido aumentando lentamente la cobertura educativa aunque los métodos, la calidad y el sentido de ésta, sigue siendo agresiva y disciplinaria para las mujeres indígenas. Pero es lo que hay, y aprovecharlo es muy importante también porque estas herramientas nos sirven, si así lo queremos, para cuestionar y desafiar al mismo sistema conociéndolo desde adentro.”

“Existen personajes mayas que fueron cautivados por los discursos indigenistas retomados por el multiculturalismo más superfluo para quienes el reconocimiento de la cultura es la solución de todos los problemas de los pueblos mayas. Para ellos no resulta problemático que “lo maya” convertido en emblema se adapte a cualquier discurso, incluso el orientado al despojo y a la represión.” 


 1. ¿Podrías comentarnos cuáles han sido hasta ahora los aprendizajes de tu paso por la academia, qué te gustaría resaltar?

Es difícil para mí pensar solo en términos de “aprendizajes”. El campo académico para quienes estamos en posiciones de subalternidad o inferiorización, aunque no lo queramos, es un lugar de poder y un campo de lucha, precisamente porque hay jerarquías y privilegios coloniales y patriarcales, que también le dan forma y sentido; pero desafortunadamente no se abre mucho a una autocrítica que permita dar cuenta de ello. Por ejemplo, salvando las excepciones, es común que a los indígenas que llegamos a estos espacios aun teniendo formación equivalente, no nos vean como colegas o interlocutores válidos, sino como quienes vamos a aportar insumos, experiencia, materia prima o rellenar la cuota de apariencia de “inclusión” de los indígenas. Muchos insisten en imponernos mentores como si nuestra existencia solo tiene sentido siendo discípulos.Hay centros de investigación o universidades que se mueven con habilidad para captar los nuevos discursos reivindicativos indígenas, campesinos y de mujeres, reproduciendo las jerarquías que afirman cuestionar. Sus dirigentes se hacen intocables a la crítica y cuando esto sucede se deshacen impunemente de los molestos indígenas no sin antes expropiar sus conocimientos. Sé de casos concretos algunos que han sido denunciados valientemente por investigadoras indígenas mujeres en la Universidad Rafael Landívar, otro caso mío acaecido en el 2013 al interior de la Asociación para el Avance de las Ciencias Sociales (AVANCSO), y una lucha más librada en el Instituto de Estudios Interétnicos, comúnmente bajo la indiferencia de los colegas ladinos “con discursos solidarios” y mayas acomodados en esos espacios, con excepciones.

….. Debo decir, que hay colegas ladinos, mestizos y extranjeros que muestran su desacuerdo en que los conflictos y expulsión de los mayas de los centros de investigación se relacione con racismo pues ellos o ellas sin ser indígenas los han enfrentado también. Esto es cierto en parte, pero no hay que perder de vista, que las lógicas de las relaciones de poder, tocan el lado más vulnerable de los afectados. Es frecuente que a los indígenas, especialmente a las mujeres, se les grite, se les ningunee, se les dé órdenes, se les hable con imperativos, se les trate con indiferencia cuando no se les necesita, pero con una hipócrita deferencia cuando son necesarios. Por esta crítica un colega dijo en una oportunidad, “lo mejor entonces es no contratar indígenas, menos mujeres indígenas para evitarnos problemas”, y de hecho,hay quienes claramente optan por esta vía, me parece que es la más común. Estos académicos, orgullosos de su comportamiento “democrático” optan por ser neutrales, cuando se ha comprobado que los criterios de neutralidad, en sociedades que han generado desigualdades a partir de las diferencias –bien sean étnicas/raciales, de sexo/género y de cualquier otro tipo– generan efectos contrarios a los esperados: más que producir resultados igualadores perpetúan las desigualdades ya existentes.de sexo/género y de cualquier otro tipo– generan efectos contrarios a los esperados: más que producir resultados igualadores perpetúan las desigualdades ya existentes.de sexo/género y de cualquier otro tipo– generan efectos contrarios a los esperados: más que producir resultados igualadores perpetúan las desigualdades ya existentes.

….. Hay que recordar además que el racismo institucional no siempre es evidente, se da por reproducción de las condiciones, teniendo efectos tanto individuales como colectivos. Por eso, al retirarse la cooperación, que es la que sostiene en gran medida a los centros de investigación, ocurre que los espacios laborales se reducen, pero paradójicamente quienes van siendo expulsados son los indígenas principalmente las mujeres. A mi parecer el racismo en estos lugares se ha sofisticado, tiene formas perversas de operar y ocultarse.  Volviendo entonces a la pregunta ¿Qué he aprendido en la academia? He aprendido que el conocimiento, los métodos y las técnicas no son neutrales ni están fuera de las relaciones de poder. Por eso, nuestra experiencia como sujetos históricos indígenas, nos permite dar cuenta de las relaciones de poder y de dominación,desde otros lugares y perspectivas. Nuestra visión es fundamental para crear interpelando a la vez las formaciones ideológicas y epistemológicas dominantes, pero también a las jerarquías coloniales y patriarcales que subyacen a las condiciones de generación de conocimiento. He insistido en algo que me parece perfectamente posible si se quisiera: que nuestras voces alcancen un estatus dialógico; ni más ni menos.

2. Cuéntanos un poco acerca del trabajo de investigación que te encuentras llevando a cabo en este momento.

Lo último ha sido mi tesis doctoral en que me propuse problematizar la “naturaleza” del “trabajo doméstico” a la luz de las condiciones históricas, las estructuras sociales y de poder de las que forma parte. Exploré cual es el sistema de relaciones sociales en que las mujeres indígenas, en particular, son convertidas en “sirvientas”. En otras palabras busqué entender a qué tipo de organización social y a qué economía política responde esta forma de dividir socialmente el trabajo, que se basa en un método jerárquico y necesita de mecanismos de despojo para funcionar. La investigación me ha llevado a pensar que el “trabajo doméstico” contemporáneo en Guatemala, más que un empleo o categoría ocupacional, responde a una institución de servidumbre producida y normada en relaciones coloniales-patriarcales de poder. Esto significa que el encuentro,la interacción y la dependencia entre “patronas” y “sirvientas”, están inscrita en una “cultura de servidumbre” que normaliza las relaciones de dominación con que se configuran tanto la esfera pública como la privada. Así, la casa (el hogar o la familia) no es un espacio privado ajeno sino un ente conformado y conformador de la sociedad pues funciona de acuerdo a las lógicas organizativas, los imaginarios, los mandatos y las formas típicas de autoridad. Si la casa es un espacio de dominación privada es también un lugar donde esta dominación puede desestabilizarse, es por eso que el ideal “civilizatorio” deseado para las “sirvientas”, está enfocado a la fabricación de una buena trabajadora, o más bien, una “buena sirvienta”, pues esta disciplina busca mantener la estabilidad de la servidumbre frente a los mecanismos que la desafían.

….. El papel que las “sirvientas” cumplen en las casas, es el imaginario social deseado para los indígenas, las mujeres y los pobres en la sociedad guatemalteca. Pensar a la trabajadora como “sirvienta” y al trabajo doméstico como servidumbre, es una racionalidad compartida por la sociedad en su conjunto. Es decir, cualquier empleador puede disfrutar y por ello defender esta institución de servidumbre porque está configurada en su beneficio. Ser sirviente no es solo una situación laboral sino una condición racial/étnica y social, por eso “la sirvienta” y “el sirviente” pertenecen a un sector subordinado de la sociedad en tanto colectivo (como los pueblos indígenas o como pobres) y los patrones pertenecen al sector que gobierna (criollos, blancos, extranjeros, ladinos y mestizos).Esto mueve a pensar en cuáles son los mecanismos por los que los sirvientes son también los gobernados. Es allí donde la racionalidad patronal debe cuestionarse a la luz de cómo el sistema colonial organizó no solo el Estado, sino la sociedad y la vida misma.

3. Alrededor de los Acuerdos de Paz existió en Guatemala un importante movimiento maya. ¿Cuál es tu lectura de los espacios ganados y los aspectos más frágiles del mismo, a varias décadas de su emergencia?

Esta efervescencia de organizaciones y personalidades mayas dedicados a las reivindicaciones político-culturales ha pasado. Ahora vivimos otro tiempo en que hay una acción política intensa en las localidades que enfrentan procesos de despojo por la intrusión de proyectos extractivos. Muchos de estos movimientos locales tienen un fuerte arraigo histórico, reflejan una trayectoria de lucha política, es decir que no se articulan hasta ahora, por eso la realidad actual que amenaza la vida de sus habitantes genera caminos de convergencia en torno a la defensa común de la vida y del territorio. Pero me parece que hay luchas locales que retoman parte del legado de las organizaciones o el movimiento maya. El orgullo de ser mayas, tener un idioma, cultura, cosmovisión, espiritualidad y su definición como pueblo aporta a las ideas locales de autonomía que se están estructurando alrededor de la defensa del territorio. No estoy hablando con esto, de algo que fluye de arriba hacia abajo, para nada, al contrario, éstos movimientos locales se auto-convocan y aprovechan ideas producidas por el pasado movimiento maya. Esto no tendría por qué ser raro pues las organizaciones y el movimiento maya se alimentaron en su momento de lógicas comunitarias, políticas y culturales que forman parte de la vida social de los indígenas. Por otro lado, este encuentro no significa que los actores mayanistas estén vinculados a las luchas locales, algunos si lo están, pero a muchos otros se les ven distantes, otros incluso forman parte o se convirtieron en aliados de los gobiernos de turno que se relacionan con los pueblos indígenas a través de la represión. Existen personajes mayas que fueron cautivados por los discursos indigenistas retomados por el multiculturalismo más superfluo para quienes el reconocimiento de la cultura es la solución de todos los problemas de los pueblos mayas. Para ellos no resulta problemático que “lo maya” convertido en emblema se adapte a cualquier discurso, incluso el orientado al despojo y a la represión.

4. En las últimas décadas se ha hablado de una mayor participación de las mujeres indígenas en la vida social del país y de un mayor acceso de las mujeres a la educación. ¿Cuál sería tu valoración sobre esto?

Yo me atrevo a decir que “la participación de las mujeres indígenas” como se dice en la pregunta, ha sido una constante en la historia de este país. Aunque no abundan los registros del pasado, los pocos que hay, nos hablan de mujeres que siempre han cuestionado las formas de poder, pero que también por ello han sido reprimidas y forzadas a aceptar un “rol doméstico” o de reproducción privada, no tanto de su familia, sino de las familias no indígenas de este país. Los cuerpos y los poderes productivos y reproductivos de las mujeres indígenas y pobres han sido expropiados y colocados al servicio de la economía política colonial de Guatemala. Me parece que lo que ha habido en los últimos tiempos es una visibilidad y un reconocimiento incipiente de su participación.La promoción de su participación y quehacer político se da un contexto relativamente favorable para romper con esta condición de servidumbre impuesta por el mismo sistema que ahora piensa que nos da oportunidades. No nos dejemos engañar con esto. Recordemos que en las luchas actuales por la defensa del territorio las mujeres están a la vanguardia, defendiendo la vida, los territorios y los bienes naturales, creando comunidad y sociedad, es decir haciendo una política distinta e innovadora, pero han sido impunemente reprimidas, perseguidas, capturadas, porque el poder colonial y patriarcal las quiere ver sumisas.Recordemos que en las luchas actuales por la defensa del territorio las mujeres están a la vanguardia, defendiendo la vida, los territorios y los bienes naturales, creando comunidad y sociedad, es decir haciendo una política distinta e innovadora, pero han sido impunemente reprimidas, perseguidas, capturadas, porque el poder colonial y patriarcal las quiere ver sumisas.Recordemos que en las luchas actuales por la defensa del territorio las mujeres están a la vanguardia, defendiendo la vida, los territorios y los bienes naturales, creando comunidad y sociedad, es decir haciendo una política distinta e innovadora, pero han sido impunemente reprimidas, perseguidas, capturadas, porque el poder colonial y patriarcal las quiere ver sumisas.

….. El ejercicio de lo político en sentido amplio, no siempre está favorecido por la educación oficial, al contrario, la escolarización tiene la particularidad de promover el potencial económico de los cuerpos disminuyendo su fuerza política. Concuerdo en que ha ido aumentando lentamente la cobertura educativa aunque los métodos, la calidad y el sentido de ésta, sigue siendo agresiva y disciplinaria para las mujeres indígenas. Pero es lo que hay, y aprovecharlo es muy importante también porque estas herramientas nos sirven, si así lo queremos, para cuestionar y desafiar al mismo sistema conociéndolo desde adentro.

5. Se ha reflexionado acerca de las especificidades culturales que se nombran a sí mismas en Guatemala, es decir, que van más allá de genealogías propuestas desde espacios de poder, pero también del esencialismo, explorando la existencia de saberes específicos y de micropolíticas que escapan a una supuesta universalidad histórica. A la luz de lo anterior ¿crees que actualmente existen en Guatemala intentos de descolonizar el conocimiento desde las reflexiones y las obras de académicos e intelectuales indígenas?

Me cuesta comprender a que se le llama “especificidades culturales” ¿Qué es lo que le da a algo, la categoría de específico? ¿Su minorización o marginalidad? En este sentido yo diría que los indígenas no somos una especificidad cultural. Utilizando estas mismas categorías podríamos pensar en que hay muchas especificidades que se han impuesto como universales, pero son eso, especificidades que tienen el problema de pensarse a sí mismos como universales. Esta es claramente la raíz de lo colonial, que una especificidad se coloca como universal y domina.

….. Sobre los intentos de descolonizar el conocimiento, me parece que es a los indígenas actores políticos y académicos, a quienes más nos ha interesado hablar de ello últimamente. Quienes no son indígenas con raras excepciones, no lo tienen como prioridad ¿por qué? este es otro gran tema. Los académicos e intelectuales tanto no indígenas como mayas que hablaron de Guatemala como una sociedad colonial hace cuatro o tres décadas no tuvieron una interlocución que permitiera debatir sus ideas. Pero ahora, hay un fenómeno que llama mi atención. De pronto en Guatemala se empieza a hablar de colonialidad, una tendencia que se ha vuelto novedad en toda Latinoamérica, y es propuesto por académicos no indígenas quienes por su posición de poder en la generación de conocimientos han llegado hasta nosotros. Estas producciones son valiosas, necesarias, indudablemente; sabemos que son voces del sur en el norte, pero lo curioso es que se las recibe en muchos lugares de Latinoamérica como voces del norte para nuestro sur, porque no se les da una categoría dialogante, sino se les otorga exclusividad o superioridad en el análisis de lo colonial, subordinando o ignorando las producciones locales. Basados en estos estudios, de pronto se habla de la condición colonial de Latinoamérica frente a EE.UU o Europa, pero se deja de lado el colonialismo interno y su conexión con el colonialismo externo. De pronto surgen intelectuales,académicos o artistas no indígenas de los países del “tercer mundo” que se sienten colonizados frente a sus colegas del norte, pero ¿en qué momento van a revisar y cuestionar su posición de poder como no indígenas al interior de sus países?

….. Por las lógicas del conocimiento colonizado que hemos heredado, es habitual que para entender nuestras realidades miremos primero hacia afuera, o quizás exclusivamente hacia un exterior a quien concedemos autoridad. Esto ha pasado ya con las teorías de izquierda y feministas. La problematización de lo colonial desde los investigadores indígenas en Guatemala, sigue teniendo poco eco, pero seguimos pensando en ello. Esa es una prioridad de nuestro pequeño colectivo como Comunidad de Estudios Mayas. Nuestra insistencia es pensar el colonialismo como una realidad contemporánea, activa, contestada también; quizá esto nos diferencia de investigadores ladinos, mestizos o extranjeros que estudian Guatemala, que ven el colonialismo como una época pasada. De manera que si existen esfuerzos por descolonizar el conocimiento desde los indígenas,pero nos encontramos con que el medio nacional en que se mueven nuestras ideas, terminan relegándolas más rápido que dialogando con ellas, porque nuestro lugar en la investigación es la del sujeto subalternizado. Además nuestro intento de pensar con autonomía o independencia se ve afectado por la costumbre de querer vernos tutelados. Por eso, no se puede descolonizar el conocimiento sin destruir al mismo tiempo las jerarquías raciales y las relaciones de poder que lo soportan.no se puede descolonizar el conocimiento sin destruir al mismo tiempo las jerarquías raciales y las relaciones de poder que lo soportan.no se puede descolonizar el conocimiento sin destruir al mismo tiempo las jerarquías raciales y las relaciones de poder que lo soportan.

6. Dentro de las reflexiones contemporáneas acerca de la etnicidad existen diferentes posiciones, algunas de ellas contrapuestas de manera radical. Algunos prefieren hablar desde un esencialismo que pareciera estar mediado por una posición política de reivindicación de lo Maya ancestral; otros, sin embargo, reflexionan sobre la identidad desde posiciones menos rígidas. ¿Crees que actualmente podría hablarse de nuevas identidades indígenas? Y ¿cómo se sitúan las mujeres dentro del marco anterior?

Efectivamente hay posiciones rígidas, como ustedes dicen, de entender el ser maya, hay otras más fluidas y otras más pluralistas. Muchas mujeres, yo soy una de ellas, hemos criticado las posiciones rígidas porque éstas lo que hacen es negar la historia que nos ha producido como mayas. En aquel tiempo en el estudio “mayanización y vida cotidiana”, opiné y lo sigo sosteniendo, que nos unificaría más una identidad política como mayas, que una identidad cultural en sentido limitado. Opino que las posiciones rígidas no están solo en las mujeres y hombres mayas, he visto a hombres y mujeres ladinos, mestizos y extranjeros que difunden estas ideas rígidas, que podríamos definir como esencialismo, limitando la posibilidad de que las y los mayas podamos construir en pluralidad. Lo que hacen es usar su autoridad,para legitimar una corriente con la que ellas o ellos se sienten a gusto. Esto me parece muy peligroso porque están interviniendo directamente en nuestra libertad para crear desde la heterogeneidad que es donde me parece que se puede construir. Pienso que reconocer que somos heterogéneos y hacer intentos de construir desde allí, nos permitirá también desligarnos de las ideologías conservadoras y monistas de las que también somos herederos.

Nota: Extracto de entrevista realizada el 31 de marzo del 2014, por Anabella Acevedo y Rossina Cazali, denominado “Conversación con Aura Cumes”, publicada en Revista, Bienal de Arte Paiz.

Fotografía: Carla Molina, 2018.

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