Racismo como violencia y como dispositivo de control colonial

 Por Edgar Esquit

En la reciente presentación del libro “Diagnostico sobre formas contemporáneas del racismo en Guatemala” de la autora Aura Cumes[1], realizada el 21 de marzo del presente año en Guatemala, se conversó sobre las distintas maneras en que se estructura el racismo en este país. En el texto comentado, se destaca la definición de racismo que esboza la organización Tz’ununija’[2] declarando que éste es una forma de violencia. Dicha organización plantea que su definición está basada en la experiencia y la lucha política de las mujeres indígenas. En este sentido, la construcción conceptual no surge de un análisis académico sino de historias personales y grupales de mujeres a quienes se les ha colocado en un lugar de subordinación específico pero que, al mismo tiempo, han luchado por construir sus propias identidades en un campo social definido.

……….Se puede observar que las voces de las mujeres de Tz’ununija’ y de muchas otras que no son partes de este movimiento, enfatizan los impactos del racismo sobre la vida y los cuerpos de quienes lo sufren. Dichas mujeres no se centran en asuntos como las formas cambiantes del racismo, la vinculación del racismo con la historia mundial o el lugar de la cultura en la reproducción del racismo contemporáneo, solo para presentar algunos tópicos analizados en otros ámbitos políticos y académicos. En cambio ellas construyen su proyecto epistémico y político de liberación usando sus propios conocimientos y su capacidad para reflexionar sobre el pasado y el presente.

……….Si tomamos la perspectiva de las mujeres de Tz’ununija’ como línea general de una discusión, se podría decir entonces que la historia del racismo, visto por las mayas, es la historia de relaciones basadas en la violencia, que se ejerce para crear la condición de imposibilidad, que luego o al mismo tiempo, tiene un vinculo estrecho con el despojo capitalista y colonial. Desde la perspectiva de muchas mujeres y hombres mayas el racismo busca la inanición y la anulación de los mayas, así como de su espacio vital, para que el colonizador entre en un proceso de sustracción de las energías y los recursos que se han acumulado para reproducir la vida de personas, familias y de las comunidades. Así, la violencia de los discursos, de las palabras, de las acciones físicas y políticas contra los hombres y las mujeres mayas finalmente buscan el robo de la fuerza de trabajo, el territorio, los recursos que están bajo el control de las personas y comunidades mayas.

……….A lo largo de su historia colonial los mayas han discutido, protestado o cuestionado el racismo y casi siempre hablaron de esta condición en términos de sufrimiento, maltrato o aflicción. Las reacciones frente al racismo y el despojo han sido múltiples; en la historia de los pueblos indígenas se pueden visualizar desde las grandes rebeliones hasta las protestas locales y cotidianas, tanto en la época colonial como en los tiempos de la república. Estos levantamientos no fueron unívocos sino estuvieron vinculados a intereses múltiples que fueron económicos, políticos, el resguardo de territorios pero también fueron luchas por la dignidad de las personas. Muchos de los levantamientos indígenas intentaron terminar con el maltrato, el irrespeto, la violencia que diversos grupos dominantes ejercían sobre trabajadores, vecinos o cualquier persona en condición subalterna. La búsqueda de un tratamiento humano para los mayas, fue un factor importante que movilizó las mentes y cuerpos de personas en espacios distintos.

……….El impacto del racismo sobre los mayas ha sido tan penetrante que inclusive en los idiomas mayas se han generado una serie de conceptos que dan forma a la idea de racismo vinculado a la violencia. Se puede mostrar que en idioma kaqchikel se adaptó una noción importante para definir este tipo de relación. Poqonal (sufrimiento) es una palabra que se asocia a la condición colonial que viven los mayas y de esta manera, con la angustia que experimenta el sujeto indígena que continúa bajo el poder colonial. En la segunda parte del siglo XX, poqonal sigue siendo importante como una forma de describir el racismo, no obstante, el concepto discriminación también tuvo un lugar para nombrar las relaciones de violencia y segregación que grupos ladinos habían establecido sobre las mujeres y los hombres mayas en cabeceras municipales y en ciudades. A finales del siglo XX sin embargo, muchos mayas han tomado el concepto racismo como una noción importante para nombrar la violencia histórica y actual que se define desde el poder estatal y en la vida cotidiana de los mayas en las comunidades y en el país en general.

……….Visto de esta manera, lo que se podría entender como racismo estructural, sería la forma en que se organiza el gobierno sobre un territorio que es entendido como penetrable y sobre una población diferenciada y definida como inferior. La forma en que se hace el gobierno sobre éstos, está vinculada a la organización de un sistema legal, educativo, a la formación de una burocracia, a los sistemas de trabajo y a una economía política que busca apropiarse de la fuerza y los bienes de unos seres considerados menores. Se habla entonces sobre los mecanismos que el gobierno implementa para extraer la vida de los sirvientes que moran en este espacio determinado. Si esto es así, entonces el gobierno en Guatemala está estrechamente vinculado con la violencia, es decir, el gobierno es un aparato para moldear con la fuerza las vidas de los mayas y de los indígenas en general.

……….El gobierno en un país como Guatemala, se establece como un sistema de control basado en el racismo. Esto significa que los gobernados son controlados y disciplinados mediante diversos procedimientos mediados por el terror, la intimidación o la muerte porque se ejerce control sobre seres considerados limitados en términos biológicos, espirituales, religiosos, culturales, etc. La tutela sobre comunidades indígenas se establece sobre la misma lógica; en el siglo XIX se expropiaron las tierras de las comunidades o se restringió la participación de los indígenas en las municipalidades bajo el argumento de que éstos no sabían cultivar racionalmente la tierra y al mismo tiempo desconocían los procedimientos correctos para dirigir el gobierno local. En su proceso el racismo, con su violencia, destruye la vida humana y en este sentido también a la persona y a la comunidad como cuerpo político indígena. Tanto la persona como la comunidad son destruidas en su lucha por la autodeterminación pues el Estado, como se ha mencionado, busca extraer las energías que se reproducen en ellas. Usando el racismo, el gobierno busca colocar en su lógica de dominación la fuerza política de personas así como el poder de la comunidad. Para lograr sus fines, el Estado no solamente construye aparatos racistas sino también difunde una visión del mundo plagada de jerarquías y entretejida con nociones, símbolos, actitudes y conceptos que se asocian con un imaginario de blancura y otro de repugnancia.

……….De esta manera, el racismo sigue siendo un poder disciplinar. Desde las visiones racistas los indígenas o los mayas, en tanto inferiores necesitan ser disciplinados para que sigan en su lugar subordinado.  Lo que en Guatemala, se conoce como respeto, acatamiento, deferencia, cortesía, en muchos sentidos son productos de un proceso complejo de disciplinamiento racista que se re-produce en diferentes espacios de la vida cotidiana, institucional o en el trabajo. Inclusive la ciudadanización del indígena está construida a partir de nociones racistas que definen un individuo que acata la ley, que respeta a la autoridad, que no traiciona a la nación y al Estado. El indígena como ciudadano debe ser un ser disciplinado porque de lo contrario, su acción política será fácilmente definida como crimen. La indisciplina de los indígenas es sancionada con violencia y con castigos individuales y colectivos que buscan dar una enseñanza o un escarmiento. Así, tanto ser mozo como ciudadano son formas de disciplinamiento que golpean pero que también moldean de manera individual y colectiva tanto la subjetividad como la vida política de personas y comunidades mayas.

……….Finalmente, si el racismo es una herramienta o un dispositivo de gobierno, entonces es posible pensar que su fin último no es destruir a los gobernados sino controlarlos. Su propósito, es colocar a los gobernados dentro de una lógica de obediencia. El gobierno de Guatemala al usar el racismo llega al genocidio, en este caso, dicha acción se torna en un dispositivo que pretende mostrar la capacidad de fuerza del Estado o del gobierno. El genocidio busca dar un escarmiento colectivo para que todos los sirvientes, subordinados e insubordinados, re-conozcan el poder de los patrones es decir, los finqueros, los militares o el dictador de turno. Así, el genocidio, en determinados momentos y lugares, se vuelve una fuerza colosal o descomunal para destruir la vida indígena, pero al mismo tiempo para construir la dominación sobre los inferiores, sobre los seres colonizados. De esta manera, a lo largo del tiempo, se obtiene o se logra una estabilidad para extraer nuevamente la fuerza o la energía de las personas y de las comunidades mayas.

[1] Cumes, Aura. (2019). Diagnóstico sobre formas contemporáneas del racismo en Guatemala y breve esbozo sobre el racismo en Centroamérica y México. Guatemala, Guatemala. Movimiento de Mujeres Indígenas Tz’ununija’.
[2] Movimiento de Mujeres Indígenas Tz’ununija’ es una organización de mujeres indígenas de Guatemala que surgió en el año 2002 y que hace cinco años logró un trabajo más orgánico. Fue constituido por mujeres que participaron de diferentes maneras en los procesos de discusión de los Acuerdos de Paz en Guatemala, en la década de los noventa, del siglo XX. Tz’ununija’ alude a un personaje del Popol Wuj, pero también al colibrí como un pájaro que esparce semillas, las que germinarán en algún momento y lugar.

 

Comparte en sus redes:

Ejército colonial genocida

Dra. Aura Cumes

Ejercito Colonial Genocida (PDF)
Convertir “al indio” en un buen soldado:

El ejército colonial en la vida de los “indios”, campesinos, indígenas y mayas

Por Aura Cumes

El surgimiento de los “ladinos” desde el siglo XVI, fue crucial para las milicias coloniales; una de sus funciones fue controlar la rebelión de los Pueblos de Indios, exprimidos por el pago de tributos en especie, en dinero y en servicios personales. Los criollos y peninsulares evitaban involucrar “indios” en las milicias, porque temían que éstos pudieran usar las armas para rebelarse contra ellos. Las guerras pos “independencia” entre liberales y conservadores involucraron a gran cantidad de hombres ladinos, campesinos e indígenas, muchas veces en batallones improvisados. Es con la “Reforma Liberal” a finales del siglo XIX, cuando se intenta crear un ejército profesional, apto para defender los intereses de la dictadura liberal. El “indio” no era el sujeto ideal para tal ejército. Los liberales estaban convencidos de que éste era “inferior”, “torpe” y no digno de confianza; ansiaban un ejército “ladino” y “profesional”. Sin embargo, los privilegios que la Reforma Liberal trajo a la población ladina, provocó que éstos evadieran el servicio militar; quienes quedaban disponibles eran los ladinos pobres y los indígenas, siendo los últimos mayoritarios y objeto de trabajo forzado. La fracasada estrategia de crear un ejército “ladino”, conllevó a pensar en cómo convertir “al indio” en un “buen soldado”.

….. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, surgió un debate alrededor de la “naturaleza del indio” como potencial soldado. Como mozo, como cargador, se dice, el “indio” ya presta buen servicio. Un individuo llamado Guillermo Kuhsiek A. escribió en 1915 en la Revista Militar[1] “Acostumbrado como mozo al pesado trabajo de la tierra, como zapador[2] es de gran utilidad por su resistencia, aunque su espíritu pasivo no hace de él más que una máquina de trabajo que necesita ser guiada, hasta en los menores detalles para la ejecución de una obra”[3]. “El indio guatemalteco, descendiente de los aguerridos quichés y cakchikeles, cuyo fiero valor se estrelló contra las corazas y cañones del invasor español, es hoy un paciente y humilde labriego. Murió el espíritu altivo del indómito Tecún Umán… La gran masa de los indios sigue siendo el trabajador paciente y sumiso. No ha resucitado en él el espíritu de sus arrogantes antepasados.”[4] El mismo Kuhsiek propone que el ejército puede aprovechar al “indio” en dos formas: primero como un soldado, integrante del ejército; y segundo, como un componente auxiliar, como un zapador o como un cargador.

….. “…éste llega a ser un buen soldado si se le instruye con la intensidad necesaria, pues aunque el ladino le supera mucho en inteligencia, el indio posee algunas cualidades militares en grado más alto que él. Podemos decir que el ladino es superior en las cualidades activas, por decir así, como iniciativa, facilidad de comprender y criterio, pero inferior en las cualidades pasivas como subordinación, fidelidad y respeto. El indio se ha acostumbrado a obedecer y reconocer la superioridad del ladino, ya trae innato el sentimiento de la subordinación y obediencia… El indio obedece ciegamente a su Jefe, entra a la lucha, pelea y muere sin preguntar el motivo o el objeto de la campaña… El indio no conoce el patriotismo en la extensión como el ladino lo entiende;  él pelea por su Jefe y no por su Patria. La materialidad de la vida del indio, la falta de actividad intelectual en ellos y el pequeño radio de acción dentro del que se mueve, hace de él un localista, pero no un patriota. Es la obediencia la que empuja al soldado indio a enfrentar la muerte, no el entusiasmo nacido de la convicción y del patriotismo. Pero no por eso carece de valor…[5]

….. Los que se arrogaron la autoridad de hablar sobre “el indio”, se fueron convenciendo de que más que la escuela, el ejército era el mejor lugar para “civilizarlo” y hacerlo útil a la patria. Si él aprendía a disfrutar del aseo diario, de comer en una mesa, de dormir en una cama, nunca más volvería a buscar lo contrario, pensaban. Si aprendía a leer y escribir y comprendía los “nobles” ideales del progreso, él sería un buen multiplicador de la “civilización”. En una cartilla para el adoctrinamiento de los soldados en 1959, se encuentra que la preocupación central del ejército radica en “civilizar” los campesinos. Aquí no se usa ya la expresión “indio”, sino campesino como sinónimo. En una de sus páginas dice: “Higiene”, se ilustra con el dibujo de un hombre campesino y debajo se lee “Este campesino cultural y físicamente atrasado recibe en el ejército la preparación necesaria para ser un ciudadano útil”. Luego este campesino aparece con la indumentaria ladina: camisa, pantalón, zapatos, corbata, el pelo bien recortado, y dice “He aquí un campesino hecho un soldado, limpio y físicamente sano”.[6]   

….. En las décadas de 1970 y principios de 1980, había un cambio total en la estrategia del ejército. “Los indios”, serían reclutados contra su voluntad para convertirse en soldados de los más bajos rangos. Camiones del ejército llegaban a los pueblos a raptar a los jóvenes indígenas (los ladinos y los estudiantes, generalmente eran perdonados). De esta manera, gran cantidad de hombres indígenas fueron involucrados forzadamente en una de las facetas más tenebrosas del ejército de Guatemala. También se buscó controlar a todas las familias indígenas creando las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) en donde todos los hombres entre 18 y 60 años tenían la obligación de conformarlas. Los soldados ladinos, generalmente ocupaban puestos de decisión y eran los encargados del entrenamiento mental y físico. No es éste el espacio para hablar del entrenamiento de los soldados, pero éste fue dirigido a forjar una mentalidad de odio, de desprecio y de crueldad, no solo contra la guerrilla, sino contra sí mismos, en tanto “indios”. Esto no siempre se logró, de allí que hubo víctimas del genocidio que eran jóvenes que habían prestado servicio militar y de muchas maneras se rebelaron contra el mismo ejército.  

….. Para cometer genocidio, el ejército, no sólo quiso involucrar de manera sucia a la misma población Maya, sino usurpó de forma aberrante y condenable su simbología sagrada, para usarla en su contra. Los destacamentos militares y los comandos eran bautizados con nombres mayas. Mientras el nacionalismo guatemalteco –tanto de derecha como de izquierda, con sus diferencias– durante siglos intentó construir un país orientado a la ladinización, como mecanismo de “civilización” de “los indios”, el ejército, profanó la simbología Maya, para construir la institucionalidad castrense anticomunista. Nombres de personajes mayas como Kaibil Balam se usó para nombrar a una fuerza acusada de graves atrocidades. Asimismo, el ejército degradó al máximo el profundo significado de Tzuultaq’a’ símbolo de la espiritualidad Qeqchi’, al bautizar una base militar como: “el Hogar del soldado Tzuultaq’a’, y también al asemejársele, como lo dijo el coronel Homer García, “Nos comparamos a los espíritus de la montaña porque al igual que ellos, dominamos la tierra”.[7] Fue una estrategia extremadamente cruel utilizar a Tzuultaq’a’, guardián y protector de los Q’eqchi’ que huían a la montaña para salvar sus vidas, y convertirlo en su verdugo, al encarnarlo en los soldados que perpetraron las masacres.

….. El ejército colonial ha sido una maquinaria de destrucción permanente de la vida de los “indios”, “campesinos”, “indígenas” y “mayas”. Lejos de celebrar “el día del ejército”, los Pueblos Indígenas y Mayas debemos sentarlo en el banquillo de la historia, pedirle cuentas y desecharlo para siempre de nuestra vida. Sin embargo, las viejas cúpulas del ejército se resisten a desaparecer, siguen teniendo un gran poder, no solo a través del gobierno actual, sino mediante otros mecanismos. Los veteranos del ejército siguen llegando a distintos pueblos indígenas a conformar asociaciones cuyo objetivo se encamina a degradar la lucha por la historia y la memoria de quienes murieron durante el genocidio de la década de 1980. Por desgracia existen quienes, doblegan su dignidad para defenderlos, no les importa que “los indios fueron, después de todo, un objeto del ejército y no el sujeto”.[8] La historia ha demostrado que el ejército guatemalteco es absolutamente capaz para atentar contra la vida de los Pueblos Indígenas, al extremo de provocar su exterminio.

….. El día 20 y 21 de junio, asistimos a la inhumación de cerca de doscientas osamentas encontradas en lo que fue el destacamento militar de San Juan Comalapa, Chimaltenango. Los espíritus de quienes fueron asesinados de las formas más atroces jamás imaginadas, parecieran decir: nos mataron, pero nunca les servimos, nunca los aceptamos como nuestros, nunca los aceptamos en nuestras vidas, nunca doblegaron nuestra voluntad, nunca doblegaron nuestra dignidad. Es la dignidad de nuestros muertos lo que nos obliga a no olvidar y a exigir que los responsables de tanta destrucción no sean alimentados por la impunidad.

Guatemala, 2 de julio del 2018

Foto de portada: Carla Molina


[1] Una publicación regular del Ejército de Guatemala en la primera parte del siglo XX, ver Adams, 1995.
[2] Soldados encargados de los trabajos operativos, tales como abrir caminos, construir puentes etc. En el contexto guatemalteco se usa como sinónimo de “cargador”, es decir, como mozo o sirviente en el ejército.
[3] Adams, Richard, 1995, Etnicidad en el Ejercito de la Guatemala Liberal (1870-1915), FLACSO, Guatemala.
[4] Ibíd., p. 22.
[5] Kuhsiek, en Adams, pp. 23-24.
[6] Relaciones Públicas de El Ejército de Guatemala, Ministerio de la Defensa, 1959.
[7] Nelson, Diana M. 2006, Man Ch’itil. Un dedo en la llaga. Cuerpos Políticos y Políticas del Cuerpo en Guatemala del Quinto Centenario. p. 171.
[8] Kuhsiek, en Adams, pp. 23-24.

Comparte en sus redes:

La miseria humana

Dra. Aura Cumes

La miseria humana: 

“Odiarás a tu prójimo como a ti mismo”

Por Aura Cumes

Hemos caído en la más honda miseria humana, como herencia de las caducas élites económicas, militares y políticas que nos han gobernado, que tienen en sus manos el gobierno, la política, las universidades, los medios de comunicación, la iglesia católica y ahora las iglesias evangélicas. 


¿Cómo es que los seres humanos podemos llegar a ser tan miserables, ruines y crueles? Por eso concuerdo con quien dijo irónicamente que los monos son demasiado buenos como para que los humanos podamos descender de ellos. Ah, pero parece que estoy escuchando vociferar a una multitud ofendida diciendo que ellos no descienden del horrible mono sino que están hechos a imagen y semejanza de Dios. ¡Vaya presunción! Y hablo ahora de religión porque una gran parte de guatemaltecos, empezando por el “presidente”, viven invocando a su dios aún en sus actos más ruines. La semana pasada una vez más, muchos de estos guatemaltecos abnegados cristianos (católicos, evangélicos, etc.) volvieron a sacar sus demonios en las redes sociales, periódicos y universidades, pisoteando la dignidad y la memoria de las víctimas del Conflicto Armado Interno, en ocasión de la sentencia por el caso Molina Theiseen. No es precisamente amor al prójimo, lo que sale de estos individuos que llenan las iglesias los domingos y que además dicen que hacen patria; todo lo contrario, es más que evidente que sus corazones están atrapados en el más profundo odio mientras sus cerebros están idiotizados; solo saben maquinar crueldad y miseria. Ellos revelan las conductas que les llevaron a cometer las atrocidades que ahora defienden con gran impunidad.

….. Si Guatemala, uno de los países más religiosos del mundo, es a la vez, uno de los más violentos ¿para qué está sirviendo la religión? Está claro que, en las iglesias, salvo excepciones, no enseñan a pensar, aunque debieran, por qué se asesinó a tanta gente civil durante el Conflicto Armado Interno, por qué se cometieron desapariciones y masacres especialmente contra comunidades indígenas; pero se supone que enseñan principios de “amor”, “paz”, “compasión” y “misericordia”, elementos básicos que pueden llevar a sorprendernos, a indignarnos y a llevar el dolor de los semejantes, cosa que no veo común entre las y los guatemaltecos. Lejos de ello, lo más común es observar una arrogancia “moral” para oponerse, sin pensar, a cosas como el aborto legal, mientras escupen sobre las víctimas niñas, niños, ancianas, ancianos, mujeres y hombres, asesinados con saña. La religión entonces, con excepciones, no parece estar cumpliendo el principio básico de hacer el bien al prójimo, sino está siendo útil para justificar el mal, para albergar la hipocresía humana, y últimamente se ha convertido en el refugio de los que huyen de las atrocidades que cometieron durante el Conflicto Armado Interno.

….. Me pregunto también que hacen las iglesias con el problema del racismo, base del genocidio en este país. ¿Estará ausente su discusión igual que en las universidades, en las escuelas, en los medios de comunicación? Es que la profundidad de esta miseria humana de la que hablo, tiene que ver con el racismo. En comentarios al condenable asesinato de la joven Maya-Mam, Claudia Patricia Gómez Gonzáles, por parte de la patrulla fronteriza, se leen comentarios como este:

….. “No era para matarla…pero seamos realistas muchos indios aquí en guate son huevones, borrachos y no quieren trabajar y luego piensan que en estados unidos los va a querer y no más llegando van a tener la gran vida, que luchen aquí que no sean huevones y que no quieran todo regalado”

….. La anterior nota, es firmada por María Isabel García Pedroza, una muchacha de piel oscura y en su fotografía la acompaña otra mujer de piel más oscura todavía, que si se hubiera tratado de ella, de igual manera el guardia fronterizo la hubiera asesinado; no, pero aquí ella es ladina, se ve al espejo y se observa blanca o quien sabe si gringa; desde su pobrísimo imaginario, es “muuuuy diferente” y superior a los “indios”, no solo física sino moralmente, por eso se atreve a despreciarnos y “aconsejarnos”. Es lo que Fanon llaman “pieles negras en máscaras blancas”. Tristemente esa muchacha García Pedroza es la viva imagen de la miseria humana y de lo ruin personificado; es incapaz de pensar en lo que dice, pero sí tiene poder para destruir la grandeza humana de quien desprecia, porque con sus palabras ha matado otra vez a la joven migrante que buscaba una mejor vida para ella y su familia. Cuando la leí recordé los motivos de muchos “ladinos” para avalar la muerte de “los indios” durante el llamado “Conflicto Armado Interno”.

….. Las y los guatemaltecos no podemos decir que vivimos en “sociedad” porque no nos defendemos en forma común, al contrario, algunos han matado a sus propios semejantes y se han comido sus vidas. Por eso, el mandamiento al revés les queda bien “odiarás a tu prójimo como a ti mismo”, porque no solo odian a sus semejantes, sino que se odian a sí mismos, como lo hace la muchacha racista. Cuando muchos guatemaltecos piden sangre, violencia, muerte, crean las condiciones para que la violencia misma les alcance, aunque estén rodeados de guardaespaldas.

….. Hemos caído en la más honda miseria humana, como herencia de las caducas élites económicas, militares y políticas que nos han gobernado, que tienen en sus manos el gobierno, la política, las universidades, los medios de comunicación, la iglesia católica y ahora las iglesias evangélicas. Ellos han inventado un dios y nos han metido miedo y culpa para no rebelarnos ante él. El dios del “presidente” Morales, el dios del genocida Ríos Montt que nunca descansara en paz, el dios de todos los asesinos durante el Conflicto Armado Interno y el dios de los patronos de estos como el tal Álvaro Arzú, es el mismo que trajeron los invasores en 1524, en nombre del cual inventaron los más crueles métodos de violencia contra los Pueblos Indígenas, que se replicaron durante el Conflicto Armado Interno y siguen aplicándose hasta la actualidad.

….. En lo que a mí respecta no quiero un dios ni dioses que avalen a genocidas, corruptos ni asesinos, no quiero a dioses que estén en contra de la vida. Son tan certeras las palabras de quien dijo: “creer en un dios cruel, hace crueles a los seres humanos”.

Foto de portada: Carla Molina

Comparte en sus redes: